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¿De dónde viene nuestra Odisea?

Hemos reordenado el hilo narrativo de la Odisea para presentar los acontecimientos principales en el orden en que suceden.

El poema comienza en mitad de la historia, no al principio. En la invocación a la Musa con la que se abre el primer libro, el poeta dice:

De todo esto, diosa, hija de Zeus, cuéntanos ahora la historia, y empieza por donde quieras.

Y el propio Odiseo, cuando se dispone a contar sus aventuras a los feacios en el noveno libro, parece vacilar ante el orden en que debe relatar sus experiencias:

Deseas conocer la historia de mis desventuras, y su relato reavivará en mí muchos tristes recuerdos. ¿Qué voy a contarte primero, qué después y qué al final? Larga es la lista de los males que me han infligido los dioses del cielo.

Voy a decirte ahora, antes que nada, mi nombre, para que también vosotros sepáis quién soy y para que, en adelante, si sobrevivo a este tiempo de dolor, quedemos unidos por la hospitalidad, aunque mi casa esté muy lejos de la vuestra.

La Odisea está dividida tradicionalmente en veinticuatro libros, tantos como letras tiene el alfabeto griego. En lugar de numerarlos, los he designado con una letra, desde la primera hasta la última.

Parte Letra Libro actual Libro tradicional
A · El extravío α Alfa 9
β Beta 10
γ Gamma 11
δ Delta 12
B · El regreso ε Épsilon 1
ζ Zeta 2
η Eta 3
θ Theta 4
ι Iota 5
κ Kappa 6
λ Lambda 7
μ Mu 8
C · Ítaca ν Nu 13
ξ Xi 14
ο Ómicron 15
π Pi 16
ρ Rho 17
σ Sigma 18
τ Tau 19
υ Ípsilon 20
φ Phi 21
χ Chi 22
ψ Psi 23
ω Omega 24

El destino parece tejer minuciosamente la vida de los personajes de la Odisea. En una historia así, resulta difícil decidir en qué punto debe comenzar el relato y qué camino debe seguir. Podríamos empezar en mitad de los hechos, o incluso por el final.

Hemos preferido comenzar con el principio del regreso, tras el desenlace de la guerra de Troya, cuando los héroes aqueos intentan volver a casa y uno de ellos, Odiseo, se pierde durante años en el mar antes de encontrarse finalmente a sí mismo.

No podemos saberlo con certeza.

Según la concepción tradicional, hacia finales del siglo VIII o comienzos del VII a. C., Homero supuestamente reunió y dio forma a materiales procedentes de una larga tradición oral. Estamos hablando, por tanto, de hace unos 2.700 años.

Si fue así, no solo habría escogido qué historias contar: también habría decidido cómo contarlas.

Habría sido una decisión suya comenzar en Ítaca, presentar primero a Telémaco y a Penélope, mostrar después a Odiseo retenido por Calipso y hacer que las aventuras que nosotros hemos colocado al principio —el Cíclope, Circe, el descenso al Hades, las Sirenas, Escila y Caribdis— aparecieran mucho más tarde, contadas retrospectivamente por el propio Odiseo ante los feacios.

El orden, por tanto, formaría parte de la creación del poema.

Otra cosa es la división en veinticuatro libros. Esa organización es posterior. El poema no parece haber sido concebido originalmente como veinticuatro capítulos correspondientes a las letras del alfabeto griego.

Conviene distinguir ambas cosas:

una cosa es el orden en que se cuenta la historia y otra dónde alguien decidió posteriormente dividirla en libros.

No conservamos ningún manuscrito escrito por Homero ni una copia de su tiempo que pueda identificarse como «la Odisea original». El poema procede de una tradición oral anterior a las formas escritas que conocemos y, al fijarse por escrito, entró en una transmisión material cuyas primeras etapas se han perdido. No existe, por tanto, un ejemplar único al que podamos regresar para resolver todas las dudas.

Fragmentos, copias y testimonios de épocas diferentes. Los papiros conservados, los trabajos filológicos de Alejandría, los manuscritos bizantinos y, más tarde, las ediciones impresas y críticas forman una cadena incompleta: permite reconstruir buena parte del texto, pero no devuelve sus primeras fijaciones escritas.

Fragmento de papiro de la Odisea conservado por el Institut de Papyrologie de la Sorbonne.
Fragmento de un antiguo rollo de la Odisea, con pasajes de los libros IX y X. Siglo III a. C., hallado en Medinet Ghoram (Egipto). Institut de Papyrologie de la Sorbonne, inv. Sorb. 2245. Es el testimonio conservado más antiguo conocido del texto de la Odisea. Fotografía de Zunkir, CC BY-SA 4.0.

Los testimonios no coinciden siempre: los papiros registran variantes y los manuscritos completos o casi completos conservados proceden sobre todo del mundo bizantino. La historia completa de esa transmisión se desarrolla en ¿Cómo llegó Homero hasta nosotros?.

¿Cómo sabemos entonces qué decía la Odisea?

Sección titulada «¿Cómo sabemos entonces qué decía la Odisea?»

Comparando.

Una edición crítica moderna no consiste en encontrar «el manuscrito correcto» y copiarlo.

El editor reúne los testimonios disponibles: manuscritos medievales, fragmentos de papiro, comentarios antiguos, escolios, citas de Homero en otros autores y noticias sobre variantes que hoy ya no podemos consultar directamente.

Después compara.

Si veinte testimonios ofrecen una palabra y tres contienen otra, eso constituye una información. Si un verso aparece en determinados manuscritos pero falta en otros, también. Si un comentarista antiguo afirma que Aristarco rechazaba una determinada lectura, esa noticia puede resultar importante.

Y finalmente el editor tiene que decidir qué imprime.

Las diferencias quedan recogidas en el aparato crítico, esa pequeña selva de abreviaturas que suele aparecer debajo del texto griego.

La edición de Allen que hemos utilizado para este proyecto es precisamente el resultado de ese trabajo.

Por eso Allen tampoco es «el original».

Es una reconstrucción crítica del texto a partir de los testimonios que han sobrevivido.

Nuestra trazabilidad podría seguir incluso una frase concreta:

nuestra versión castellana → texto impreso por Allen → variantes registradas por Allen → manuscritos, papiros o testimonios que conservan esas variantes.

Podemos seguir el camino hacia atrás.

Hasta cierto punto.

Después llega un momento en el que los documentos desaparecen y solo quedan hipótesis.

¿Por qué existen entonces tantas historias diferentes?

Sección titulada «¿Por qué existen entonces tantas historias diferentes?»

Porque el mundo de la Odisea nunca estuvo completamente cerrado.

Ya antes de Homero existían relatos distintos sobre Troya y sus héroes. Y después de Homero continuaron apareciendo variantes.

Los tragediógrafos podían desarrollar un episodio apenas mencionado. Los mitógrafos comparaban genealogías y trataban de conciliar relatos contradictorios. Los poetas cambiaban acontecimientos, inventaban continuaciones o elegían entre tradiciones diferentes.

¿Qué ocurrió con Helena? ¿Qué fue de Odiseo después de regresar? ¿Cómo murió? ¿Quiénes fueron los hijos de Circe? ¿Qué aspecto tenían realmente las Sirenas?

No siempre existe una única respuesta.

La mitología griega no funciona como una novela cuyo autor dejó una versión definitiva y autorizada de cada personaje.

Es una tradición de historias.

Y precisamente por eso siguió creciendo.

Supongamos una versión de la Odisea que empiece así:

Odiseo navega los mares durante años buscando el camino de vuelta a su país y su reina. Llega por fin sin darse cuenta cuando se creía perdido. Pero el tiempo ha pasado, ha envejecido y su aspecto ya no es el que era.

Decide entonces no revelar su identidad y ver las cosas con precaución desde fuera. Su familia lo trata como a un forastero, sus amigos tampoco lo ven, y sus enemigos se ríen de él como de un mendigo: solo su viejo perro de caza lo reconoce un momento antes de morir.

Se mira entonces en el espejo y se ve a sí mismo como un extraño en un mundo que ya no parece el suyo.

Se dirige hacia su casa hasta divisarla a lo lejos y, mientras se aproxima, se cruza con una hermosa mujer que va en busca de agua. Odiseo se acerca, le pide una limosna y le pregunta por el señor de la casa.

Ella le da una moneda y le dice que su esposo está dentro.

Él se aparta para dejarla pasar y le hace una reverencia. Mirando cómo se aleja, todo empieza a parecerle un sueño y piensa que tal vez sí se perdió de alguna manera durante el viaje de regreso y que nunca llegó a Ítaca.

Siente entonces el frío del fondo del mar, que lo mece suavemente con la corriente entre las algas y los peces, donde se quedará ya para siempre.

Y en su mano aprieta la moneda.

La historia se aparta evidentemente de Homero.

Odiseo no recupera su casa. No reconoce definitivamente Ítaca. No vuelve junto a Penélope. Comprende que el regreso que creía haber realizado nunca ocurrió.

Y, sin embargo, reconocemos inmediatamente el mundo de la Odisea.

Están el viaje, el regreso, el envejecimiento, el disfraz, el mendigo, Argos, el reconocimiento y la identidad. Pero esos elementos sirven ahora para explorar otra posibilidad: no podemos regresar verdaderamente al lugar que abandonamos porque el tiempo también ha pasado allí y nosotros tampoco somos ya quienes partieron.

El regreso deja de ser solamente un problema geográfico.

Se convierte en un problema del tiempo.

Esa historia no está en Homero.

Pero conserva una conexión con el mito y desarrolla algunos de los motivos esenciales de la Odisea.

También pertenece a su mundo.

Una historia que nunca ha dejado de contarse

Sección titulada «Una historia que nunca ha dejado de contarse»

Eso lleva ocurriendo desde la Antigüedad.

Los tragediógrafos griegos tomaron personajes y episodios de la materia troyana y los transformaron. Virgilio y Ovidio encontraron nuevas historias dentro del mismo universo.

Dante imaginó otro destino para Ulises.

Tennyson convirtió su inquietud en la de un hombre incapaz de permanecer definitivamente en casa. Cavafis volvió sobre el viaje y convirtió Ítaca en otra cosa.

Samuel Butler llegó a preguntarse si la Odisea había sido escrita por una mujer y trató de reconstruir su geografía.

Robert Graves recogió parte de esas posibilidades y las convirtió nuevamente en ficción.

Joyce llevó el viaje de Odiseo a un solo día en Dublín.

Después llegaron nuevas Penélopes, nuevas Circes y nuevos Odiseos: Margaret Atwood, Madeline Miller, los hermanos Coen y muchos otros.

La lista no puede cerrarse.

Cada época encuentra una nueva posibilidad dentro del mundo de Odiseo.

También nosotros.

Nuestra versión reorganiza el tiempo del relato, transforma el hexámetro en prosa, escoge entre distintas soluciones de traducción y trata de conservar fórmulas, repeticiones y ecos del poema original sin pretender reproducirlo mecánicamente.

Forma parte de la misma cadena.

Conviene entonces distinguir dos historias.

Una es la historia del texto de la Odisea.

Podemos seguirla a través de papiros, variantes, filólogos alejandrinos, manuscritos bizantinos, ediciones impresas y ediciones críticas modernas. Es una historia material, llena de pérdidas y de vacíos, pero parcialmente reconstruible.

La otra es la historia de la Odisea como mito.

Esa no termina con ningún manuscrito.

Cada vez que alguien vuelve a contar la historia de Odiseo, escoge, interpreta, elimina, amplía o transforma algo. Unas versiones permanecen muy cerca del poema. Otras se alejan hasta parecer historias completamente nuevas.

Pero el viejo viajero sigue apareciendo.

Quizá porque el problema que plantea continúa siendo el mismo: marcharse, perderse, cambiar y preguntarse si todavía es posible volver.

La Odisea ha sobrevivido porque durante siglos se copió su texto. Pero también porque nunca dejó de ser contada de nuevo.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026