¿Quién era Circe?
Circe no es simplemente la «bruja» que convierte en cerdos a los compañeros de Odiseo. En la Odisea es una diosa de Eea que domina los phármaka, las transformaciones y un saber decisivo sobre los límites del viaje. Primero amenaza a la tripulación; después la recibe, la restaura y la alberga; por último, se convierte en la guía que hace posible consultar a Tiresias y atravesar los peligros que siguen. Su arco es, por tanto, transformadora, anfitriona y consejera.
La diosa de Eea
Sección titulada «La diosa de Eea»Homero llama a Circe «diosa de habla humana» y de hermosas trenzas. Es hija de Helios y de Perse y hermana de Eetes (Odisea 10.135–139). Esa filiación solar importa: sitúa su casa y sus poderes en un horizonte divino, no en la biografía de una mujer experta en conjuros. El poema no ofrece una genealogía más extensa que debamos completar con mitografías posteriores.
Por eso «maga», «hechicera» o «bruja» pueden orientar de manera rápida, pero no son equivalentes exactos de la presentación homérica. La palabra moderna «bruja» sugiere categorías y asociaciones mucho posteriores. Es más preciso hablar de una diosa que conoce y emplea phármaka, produce transformaciones y conoce procedimientos rituales. La tradición acentuará después el perfil de la hechicera; Homero le da una función más amplia.
Tras escapar de los lestrigones con una sola nave, Odiseo llega a Eea. Sube a un lugar elevado para observar la isla, pero no logra ubicarse: solo ve humo. Envía entonces a Euríloco con una parte de los supervivientes. La expedición encuentra la casa de Circe en un claro del bosque (Odisea 10.135–203). El relato pasa de la incertidumbre del paisaje a una casa reconocible, pero esa apariencia de hospitalidad se revela ambigua.
Una casa de animales, canto y phármaka
Sección titulada «Una casa de animales, canto y phármaka»Ante la casa hay lobos y leones que se acercan dócilmente y agitan la cola como perros ante su dueño. Homero dice que Circe los ha sometido mediante phármaka dañinos; no dice que fueran hombres transformados. Su identidad anterior debe quedar abierta: el poema presenta animales encantados, no una historia que permita restituirles una forma humana.
Dentro, los compañeros oyen a Circe cantar mientras trabaja un gran tejido, como los que hacen las diosas. Canto y telar no reducen la escena a una actividad doméstica corriente. En la Odisea, tejer organiza tiempo, casa, espera y autoridad; aquí forma parte de una casa divina capaz de atraer, alimentar y alterar a quienes cruzan su umbral.
Circe invita a los hombres a entrar. Solo Euríloco sospecha una trampa: no cruza la puerta, observa y vuelve para avisar a Odiseo. No es necesario llamarlo cobarde. Su cautela permite que alguien conozca lo ocurrido y desencadena la intervención de Odiseo.
La diosa prepara para los demás una mezcla de queso, harina de cebada, miel y vino pramnio; después añade los phármaka, con los que altera a sus huéspedes.
De hombres a cerdos
Sección titulada «De hombres a cerdos»Después de beber, los compañeros adquieren cabeza, voz, cerdas y cuerpo de cerdo. Sin embargo, el poema subraya que su mente permanece como antes: νοῦς δ’ ἔμπεδος ἦεν ὡς τὸ πάρος περ, «la mente seguía firme como antes» (Odisea 10.239–240). La metamorfosis es real dentro del relato, pero no borra la conciencia humana.
Ese detalle impide convertir la escena en una alegoría única de la lujuria, de la degradación moral o de una supuesta “animalidad masculina”. Tales lecturas pueden ser interpretaciones modernas; Homero no explica por qué Circe transforma a los hombres ni formula en ese momento una lección moral sobre ellos. Esa falta de explicación vuelve la escena más inquietante. Los encierra, los alimenta con bellotas y frutos propios de los cerdos, y deja a Euríloco la tarea de llevar la noticia.
Circe, Odiseo y el compañero transformado. Dos vistas complementarias de un skyphos beocio de figuras negras, Grupo de los Zarcillos, ca. 450–420 a. C.; British Museum, Londres, inv. 1893,0303.1. La inscripción KIRKA identifica a Circe. La vasija reúne casa, telar, copa y metamorfosis: es una recepción visual clásica del episodio, no una ilustración neutral del texto. Imágenes: The Trustees of the British Museum, CC BY-NC-SA 4.0. Ficha del museo.
Hermes y el môly
Sección titulada «Hermes y el môly»Odiseo sale hacia la casa armado, pero Hermes lo encuentra antes bajo la apariencia de un joven al que empieza a salirle barba. Le revela el peligro, explica cómo debe responder y le entrega el môly.
Circe ofrece a Odiseo una mezcla con phármaka, del mismo tipo que había dado antes a sus compañeros, y se la sirve en una copa. Como el môly impide su efecto, lo golpea después con su varita y le ordena ir con los cerdos; pero también ese intento fracasa. Él desenvaina la espada y avanza como si fuera a matarla. Entonces Circe reconoce quién es y cambia de actitud. La escena no establece que Odiseo la venza por fuerza bruta: su resistencia depende de la advertencia y del don de Hermes.
Odiseo y Circe. Tres vistas de una oinochoe ática de figuras rojas atribuida al Pintor de las oinochoes de Bruselas, hacia 450 a. C.; Museo del Louvre, París, inv. Cp 813 (G 439). La pieza conserva la escena en estado incompleto: Odiseo avanza armado hacia Circe, que porta varita y copa. Es una imagen clásica posterior al poema, pero identifica explícitamente a ambos personajes. © 2026 GrandPalaisRmn (musée du Louvre) / Gabriel de Carvalho. Ficha del Louvre.
Amenaza, juramento y alianza
Sección titulada «Amenaza, juramento y alianza»Circe se abraza a las rodillas de Odiseo y le propone el lecho. La secuencia importa. Antes de aceptar, Odiseo exige que jure por los dioses que no tramará contra él otro daño irreparable ni lo dejará sin fuerza viril después de acostarse con ella. Circe presta el juramento y solo entonces comparten el lecho (Odisea 10.333–347).
No es una seducción inmediata ni un pasaje que el poema nombre con vocabulario contemporáneo de consentimiento. Hay una amenaza inicial real, una inversión de poder, una garantía exigida por Odiseo y una relación posterior. Para el análisis comparativo de esa relación con Calipso, Penélope y Nausícaa, véase El sexo en la Odisea. Aquí basta reconocer que el lecho no explica por entero el episodio: el juramento transforma una amenaza en una alianza limitada.
Circe aplica entonces otros phármaka a los compañeros. Recuperan su forma humana y aparecen más jóvenes, más bellos y más corpulentos que antes (Odisea 10.390–396). Después los baña, los viste, ofrece comida y recibe al resto de la tripulación. Puede hablarse prudentemente de hospitalidad una vez consumada la reconciliación, sin olvidar que esa hospitalidad sigue a una coerción inicial.
Un año en Eea
Sección titulada «Un año en Eea»Odiseo y sus hombres permanecen aproximadamente un año. No es Homero quien explica esa demora como una embriaguez erótica ni como un olvido absoluto de Ítaca. La estancia combina comida, descanso, recuperación, seguridad y la relación con Circe. Son los compañeros quienes, al cumplirse el año, le recuerdan que deben pensar en el regreso (Odisea 10.467–486).
El episodio puede compararse brevemente con los lotófagos y con Eolo: en los tres casos el nóstos se interrumpe o se demora, pero por mecanismos distintos. En Eea no desaparece el deseo de volver; queda temporalmente suspendido por una comodidad que llega después de una catástrofe.
La partida deja una muerte pendiente. Elpénor, que dormía en el tejado, cae al despertar apresuradamente y se rompe el cuello. Ni Odiseo ni sus hombres lo advierten y siguen preparando la partida.
Circe, guía de muertos y navegantes
Sección titulada «Circe, guía de muertos y navegantes»Antes de partir, Circe no solo indica un rumbo. Explica que Odiseo debe llegar a la corriente de Océano, cavar una fosa, ofrecer libaciones y sacrificar víctimas para que Tiresias pueda beber la sangre y hablar. No es una bajada física al Hades: es una nekyia en el borde de Océano. El detalle ritual pertenece a la página dedicada a ese episodio; aquí importa que Circe proporciona el conocimiento que Odiseo no posee.
De vuelta tras la consulta a los muertos, Circe vuelve a orientar la nave. Le adelanta a Odiseo cómo afrontar el canto de las Sirenas, por qué Escila y Caribdis no admiten una solución sin pérdidas y qué prohibición pesa sobre el ganado de Helios en Trinacia. Se convierte así en intérprete del camino: no elimina los peligros, pero permite saber qué peligro puede sobrevivirse y cuál no.
Ese papel aclara su lugar en el poema. La diosa que primero transforma a los compañeros hace posible, más tarde, que la nave llegue hasta los riesgos que Odiseo todavía no puede comprender por sí solo. En Homero, Circe explica quién es Escila y aconseja pasar cerca de ella para no perder la nave entera. La tradición posterior, en cambio, hará a Circe responsable de transformar a Escila por su conflicto con Glauco. No debe trasladarse esa historia al libro 12; ¿Qué eran Escila y Caribdis? separa ambos estratos.
¿Dónde estaba Eea?
Sección titulada «¿Dónde estaba Eea?»Eea es una isla del relato, vinculada narrativamente a la filiación solar de Circe, pero Homero no ofrece una coordenada moderna que permita localizarla. El orden de las errancias es firme; la geografía no. No hay base para situarla de manera automática al este o al oeste, ni para convertirla en una escala demostrada de una carta náutica.
La asociación con el cabo Circeo, en la costa italiana, es antigua y muy influyente. Estrabón describe Circeo como un promontorio de aspecto insular por el mar y las marismas, menciona tradiciones locales de Circe, un templo y objetos mostrados como reliquias de Odiseo (Geografía 5.3.6). Eso documenta una recepción geográfica antigua: cabo Circeo es una asociación posterior, no una localización homérica demostrada. El mapa debe leerse con el mismo criterio en El periplo de Odiseo.
De diosa homérica a hechicera posterior
Sección titulada «De diosa homérica a hechicera posterior»La Teogonía atribuye a Circe una unión con Odiseo y una descendencia que incluye a Telégono (Teogonía 1011–1016). Es un testimonio distinto de Homero y, además, los versos han sido discutidos críticamente. Telégono no pertenece a la Odisea: las tradiciones posteriores y la Telegonía prolongan la historia de Odiseo más allá del poema, sin que sea necesario desarrollar aquí su desenlace.
En la recepción latina, Ovidio, Metamorfosis XIV amplía la figura de Circe mediante Glauco, Escila y Pico. Allí sus deseos, sus rechazos y sus transformaciones ocupan el centro. Es una Circe distinta: valiosa para comprender cómo creció la imagen de la hechicera, pero no como testimonio sobre la Circe de Eea.
La «bruja Circe» de muchas versiones posteriores conserva algo real —sus phármaka y su poder de transformación—, pero simplifica una figura homérica más compleja. En la Odisea, Circe es peligro, anfitriona y guía: una divinidad que primero detiene el regreso y después enseña cómo continuarlo. Buena parte del interés del personaje nace de esa reserva: Homero muestra con claridad lo que hace, pero no explica por completo por qué lo hace.
Fuentes y método
Sección titulada «Fuentes y método»Véase también
Sección titulada «Véase también»- ¿Quiénes eran los lestrigones?
- El sexo en la Odisea
- La belleza como camino hacia la perdición, sobre el canto, los phármaka y la diferencia entre atracción y poder mágico.
- ¿Dónde consulta Odiseo a los muertos?
- ¿Qué eran Escila y Caribdis?
- El periplo de Odiseo
