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¿Dónde consulta Odiseo a los muertos?

Homero no proporciona una coordenada moderna. Odiseo navega hasta la corriente de Océano y el país de los cimerios, desembarca y realiza allí el rito indicado por Circe. La consulta a los muertos ocurre en un confín del mundo, pero el poema no identifica ese lugar con Crimea, Cumas ni ningún otro punto recuperable en un mapa actual.

Circe manda partir de Eea: el soplo de Bóreas, que sopla del norte hacia el sur, llevará la nave por la corriente de Océano. Indica después su ribera y el bosque de Perséfone, señalado por álamos negros y sauces estériles. Allí se debe amarrar la nave y preparar el rito para Tiresias (Odisea 10.507–515).

La narración retoma el viaje al comienzo del libro 11. La nave llega a los límites de Océano, al pueblo y la ciudad de los cimerios; Odiseo y sus compañeros desembarcan y llevan los animales sacrificiales. Llegan a la confluencia de Piriflegetonte, Cocito y Aqueronte, donde Odiseo cava una fosa, vierte libaciones y sacrifica. Las almas acuden desde Érebo a la sangre (Odisea 11.13–43).

Odiseo consulta a la sombra de Tiresias en una crátera lucania de figuras rojas.
Odiseo consulta a la sombra de Tiresias. Crátera lucania de figuras rojas, atribuida al Pintor de Dolón, ca. 390 a. C.; BnF, París, De Ridder 422. Fotografía de Marie-Lan Nguyen, CC BY 2.5.

La secuencia es precisa como relato y rito, pero no como itinerario moderno.

En Homero son un pueblo, una ciudad y hombres mortales. Viven junto a Océano, envueltos de niebla y nubes, y se les menciona inmediatamente antes de la consulta de Odiseo a los muertos. Podemos describirlos como un pueblo del umbral: es una interpretación útil de su función narrativa, no una etiqueta literal del poema.

Siguen perteneciendo al mundo de los vivos. Precisamente por eso importa no convertirlos en fantasmas ni confundirlos con las almas que llegan desde Érebo.

Homero afirma que el Sol no contempla a los cimerios ni al ascender al cielo ni al volver desde él a la tierra; «una noche funesta se extiende siempre sobre esos mortales» (Odisea 11.15–19).

La formulación segura es sencilla: el poema sitúa a los cimerios en una oscuridad sin luz solar; no proporciona la causa física ni una latitud. No demuestra noche polar, Ártico, clima real ni una localización septentrional concreta.

Océano no es simplemente el océano Atlántico con otro nombre. En la cosmografía épica es una gran corriente vinculada a los límites de la tierra, al Sol, a los dioses y al acceso al ámbito de los muertos. Marca un borde del mundo y cumple una función narrativa y mítica; no ofrece una costa que podamos trasladar automáticamente a un atlas moderno.

Para el marco general de confines, espacio y cartografía antigua, véase ¿Hasta dónde llegaba el mundo de Homero?.

No en el sentido físico que suele sugerir la imagen moderna. Odiseo desembarca, cava una fosa, hace libaciones, sacrifica, mantiene a las almas alejadas con la espada y deja beber la sangre a Tiresias. Son las almas las que llegan desde Érebo.

El episodio abre un contacto ritual con los muertos, pero Homero no narra una bajada de Odiseo por una cueva al subsuelo. Llamarlo automáticamente «descenso al Hades» borra las acciones que el poema sí describe.

La nekyia nombra aquí el episodio de evocación y consulta de los muertos.

Los dos términos pueden convivir si se conserva el matiz: la Nekyia de Odiseo, estudiada a menudo dentro del motivo más amplio de la katábasis, no narra un descenso físico del héroe bajo tierra. No son términos enemigos; nombran el episodio desde perspectivas distintas.

Hades y Perséfone comparten el destinatario del rito; Hades puede nombrar al dios y, según el contexto, el ámbito de los muertos. Érebo es la región oscura desde la que acuden las almas. No son sinónimos exactos ni forman todavía un sistema espacial cerrado.

El poema ofrece componentes de una geografía de los muertos, pero no el «mapa del infierno griego» completo que solemos imaginar por tradiciones posteriores.

Circe menciona la confluencia de Piriflegetonte y Cocito, que desembocan en el Aqueronte; el Cocito procede de la Estigia (Odisea 10.513–515; 11.20–22). Son referencias concretas, pero no autorizan a proyectar sobre Homero toda la topografía infernal posterior.

Nombre Qué dice Homero Qué no debemos proyectar todavía
Aqueronte Es la confluencia a la que llegan Piriflegetonte y Cocito. Un plano completo y fijo del inframundo.
Piriflegetonte Es un río de fuego que concurre en ese lugar. Un paisaje de castigos organizado como en relatos posteriores.
Cocito Desemboca en Aqueronte y procede de Estigia. Que todos los ríos formen ya una geografía sistemática.
Estigia Aparece como origen del Cocito. Que sea sin más idéntica a todo el ámbito de los muertos.

No podemos demostrarlo. Los cimerios homéricos viven junto a Océano, en una geografía extrema y oscura sin coordenada recuperable. Los cimerios históricos —los Gimirri de las fuentes orientales y los cimerios de los autores griegos— pertenecen a otro problema: sus movimientos se sitúan en el norte del Ponto y hacia Asia durante los siglos VIII–VII a. C.

La semejanza de los nombres merece estudiarse, pero no resuelve el mapa. Heubeck y Hoekstra registran el problema y se inclinan contra derivar directamente el pueblo mítico de la tribu histórica; tampoco aceptan usar esa semejanza para fechar o cartografiar la Odisea.

Los estudios de Lev A. Elnitsky y de Dovatur, Kallistov y Shishova ayudan a reconstruir los cimerios históricos y la formación del conocimiento sobre el norte del mar Negro. No son una prueba de que la Nekyia ocurriera en Crimea.

El Bósforo Cimerio es el estrecho de Kerch, entre Crimea y la península de Tamán, junto al mar de Azov. Heródoto conserva nombres cimerios para esa región; el topónimo es antiguo y ayuda a entender por qué escritores posteriores relacionaron allí a los cimerios históricos.

Pero que un lugar se llame «Cimerio» no demuestra que sea la Cimeria de Odisea 11. Estrabón ofrece una racionalización antigua: relaciona el pueblo homérico con la geografía septentrional que él conocía. Es una interpretación valiosa para la historia de la lectura, no una coordenada que el poema entregue por sí solo.

En la Italia antigua, algunos autores situaron la consulta de Odiseo a los muertos cerca de Cumas. El lago Aquerusio y el lago Averno ofrecían un paisaje que podía leerse como umbral: aguas profundas, bosques que antes se describían como espesos y oscuros, manantiales y fuentes termales. Según Estrabón, aplicaron allí las palabras de la Nekyia y afirmaron que Odiseo había consultado a los muertos en ese lugar (Geografía 5.4.5). El geógrafo presenta esa operación como una mezcla de fábula e historia.

La tradición dotó al paisaje de correspondencias cada vez más densas. Se creía que junto a Averno había un oráculo de muertos y un lugar consagrado a las divinidades infernales; una fuente cercana se asociaba con la Estigia y las fuentes calientes junto al Aquerusio con Piriflegetonte. No se trataba solo de poner un nombre homérico en un mapa: el relieve, las aguas y las prácticas rituales permitían imaginar en Campania una entrada al mundo de los muertos.

Estrabón transmite además, a través de Éforo, una historia de cimerios que vivían en casas subterráneas, comunicadas por pasadizos, y guiaban a los visitantes hasta un oráculo situado bajo tierra. La tradición decía que no veían el sol y solo salían de noche: así explicaba retrospectivamente la noche perpetua de los cimerios homéricos. Más tarde, la bajada de Eneas junto a Cumas, en el libro 6 de la Eneida, reforzó todavía más la asociación de Averno con el más allá.

El paisaje de Cumas ayudó a imaginar la Nekyia; a la vez, la Nekyia hizo que ese paisaje pudiera leerse como umbral de los muertos. Pero esa relación puede confundirlo todo: un lugar real no demuestra por sí mismo una aventura poética, y un mapa no convierte una interpretación en itinerario de Odiseo.

¿Son dos localizaciones antiguas una solución definitiva?

Sección titulada «¿Son dos localizaciones antiguas una solución definitiva?»

No. Son dos formas antiguas de hacer habitable y cartografiable un espacio que Homero deja abierto. Hay además una dificultad de principio: la consulta ocurre en el umbral del más allá. Un mapa puede señalar una costa, un lago o el lugar del rito; no puede situar como una coordenada terrestre el ámbito desde el que llegan las almas.

Asociación Base de la asociación No demuestra
Bósforo Cimerio / Kerch Topónimo cimerio, cimerios históricos del norte póntico, Heródoto y racionalizaciones posteriores, entre ellas Estrabón. Que Homero situara allí la Nekyia.
Cumas / Averno Paisaje, tradición necromántica, Estrabón 5.4.5 y Éforo transmitido por Estrabón. Que fuera una escala real de Odiseo.

El mapa del viaje de Odiseo presenta ambas como asociaciones de recepción, no como dos etapas ni como dos coordenadas simultáneamente verdaderas.

Homero lo sitúa en el confín de Océano, junto al país de los cimerios. Eso basta para el poema. Podemos saber qué clase de espacio es —un extremo humano y ritual donde los vivos consultan a los muertos— sin saber dónde colocarlo en un mapa moderno.

¿Estaba el Hades ya completamente organizado?

Sección titulada «¿Estaba el Hades ya completamente organizado?»

Homero ya conoce Hades, Perséfone, Érebo, Aqueronte, Cocito, Piriflegetonte, Estigia, las almas de los muertos y el poder ritual de la sangre. Pero no aparece todavía toda la arquitectura infernal que se volverá familiar: recorridos fijos, regiones ordenadas, castigos sistemáticos, jueces o accesos únicos.

Caronte no aparece en la Ilíada ni en la Odisea. El barquero pertenece al desarrollo posterior de la imaginación del más allá, en tradiciones literarias e iconográficas posteriores. Por eso no debemos introducirlo retrospectivamente en la Nekyia de Odiseo.

La cronología precisa de sus primeras apariciones exige un cotejo específico de fuentes fragmentarias y dramáticas; no hace falta resolverla para comprender lo esencial: Homero no pone a Odiseo ante Caronte.

El mundo de los muertos que hoy imaginamos no apareció de una vez. Homero proporciona algunas de sus piezas. Poetas, pintores, dramaturgos, geógrafos y comentaristas posteriores añadieron personajes, organizaron recorridos, concretaron entradas, definieron regiones y desarrollaron castigos.

Esta acumulación no vuelve erróneas las imágenes posteriores: permite ver cómo una escena homérica breve y poderosa siguió generando mundos nuevos.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026