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Tersites

Tersites importa menos por lo que hace que por lo que permite hacer al poema. En la Ilíada, introduce dentro del ejército aqueo una voz discordante, agresiva y perturbadora que cuestiona a los jefes; pero el narrador la desacredita mediante una caracterización corporal y verbal excepcionalmente hostil. No es simplemente un bufón, un cobarde, un «primer demócrata» ni un portavoz inequívoco del pueblo.

La descripción de Ilíada 2.211–220 es extraordinaria porque Homero rara vez acumula un retrato corporal tan desfavorable. Lo llama el hombre más feo que llegó a Troya: el griego combina φολκός —de piernas torcidas o arqueadas— con χωλὸς δ᾽ ἕτερον πόδα, literalmente «cojo de un pie»; usa κυρτώ para los hombros encorvados y cerrados sobre el pecho, φοξός para la cabeza puntiaguda y ψεδνή para la escasez del cabello. Las traducciones pueden matizar cada palabra, pero no cambian el carácter acumulativo del retrato.

Antes de que Tersites exponga sus quejas, el narrador ya ha preparado al oyente para desconfiar de él mediante uno de los retratos físicos más desfavorables de toda la épica. La deformidad física no equivale aquí a una teoría homérica según la cual toda diferencia corporal sea una falta moral. Sí funciona narrativamente como contraste radical con el ideal corporal y heroico de los protagonistas: cuerpo, prestigio y modo de hablar se presentan unidos para señalar a Tersites como figura marginal.

El narrador afirma que habla sin medida y que desea decir cosas desordenadas con tal de provocar la risa contra los reyes. Aquiles y Odiseo ya habían sido sus blancos. Pero Tersites no habla en un vacío: sus acusaciones contra Agamenón retoman problemas que el propio poema ya ha mostrado, como la codicia, el reparto del botín, las mujeres y la tensión con Aquiles.

Por eso su discurso no es simplemente absurdo. Tersites dice cosas incómodamente reconocibles para el propio poema: deja entrar la protesta dentro del ejército y, al mismo tiempo, la narración la presenta mediante una voz a la que niega autoridad. Importan tanto el contenido como quién habla, desde qué rango, de qué manera y ante qué público. Carece de la genealogía, el prestigio y la presentación heroica que el poema concede a los grandes combatientes; no sabemos, sin embargo, que sea un campesino, un plebeyo o el portavoz social de una categoría moderna.

Tersites reprocha al rey que acumule bronce, mujeres y botín mientras los aqueos sufren y esperan. Recuerda la disputa por Briseida y exhorta a abandonar la expedición. La crítica toca una contradicción real: Aquiles ya había denunciado la apropiación de honor y premios por parte de Agamenón.

La diferencia es decisiva. Aquiles puede atacar verbalmente a Agamenón porque pertenece al mismo universo de prestigio heroico y sostiene una reclamación de honor dentro del código épico. Tersites formula agravios parecidos sin poseer el rango que el poema reconoce como autoridad legítima; por eso la narración encuadra su voz como insolencia y desorden, no como una deliberación legítima del ejército.

Vista completa de una hidria ática de figuras rojas con Tersites insultando a Agamenón.
Vista general. La hidria completa conserva la escena en una de sus caras.
Detalle de Tersites, a la derecha, frente a Agamenón con lanza y escudo; una tercera figura armada, posiblemente Néstor, mira hacia ellos.
Detalle de la escena. Tersites, a la derecha, se apoya en su bastón frente a Agamenón; una tercera figura armada vuelve la cabeza hacia ambos.

Tersites insulta a Agamenón. Tersites, viejo, calvo y de rasgos exagerados, se enfrenta al rey apoyado en un bastón. Agamenón se aleja armado con lanza y escudo; a la izquierda aparece otro guerrero, posiblemente Néstor según la ficha del museo, que vuelve la cabeza hacia la disputa. Hidria ática de figuras rojas, hacia 450–440 a. C., hallada en Eretria. British Museum, Londres, n.º de inventario 1891,0629.3.
Fotografías: © The Trustees of the British Museum. Ficha de la pieza · vista general · detalle. CC BY-NC-SA 4.0.

El golpe llega al final de una crisis colectiva. Agamenón pone a prueba al ejército proponiéndole volver a casa: espera que los aqueos rechacen la retirada y renueven su decisión de combatir, pero, para su sorpresa, corren hacia las naves deseosos de abandonar la guerra. Atenea encarga a Odiseo que detenga esa fuga y reúna de nuevo a la asamblea. Cuando el ejército ya ha vuelto a congregarse, Tersites ataca a Agamenón: retoma la acusación de codicia y de mal reparto del botín que el propio Aquiles había formulado en el libro I, pero lo hace desde una posición sin rango ni autoridad reconocida.

Odiseo responde con palabras, amenazas y finalmente un golpe de cetro en la espalda y los hombros. Tersites llora, queda marcado por un cardenal y los aqueos ríen. La humillación pública convierte en ridículo al hombre que acaba de cuestionar la autoridad y permite que el ejército se reunifique a costa de él. La escena restablece así el orden después de una crisis colectiva: separa autoridad y subordinación, discurso autorizado y discurso presentado como ilegítimo, héroes centrales y personaje marginal.

Esa función narrativa no obliga al lector moderno a aprobar la violencia. Explica cómo el poema produce jerarquía en la escena: Tersites puede nombrar un problema auténtico, pero su humillación devuelve la asamblea al marco político y heroico que la narración privilegia.

Todos están presentes, pero no todos tienen la misma voz

Sección titulada «Todos están presentes, pero no todos tienen la misma voz»

La asamblea homérica reúne públicamente a la comunidad, pero no distribuye la palabra ni la autoridad de forma igualitaria. M. I. Finley subraya que los aristócratas aconsejan y formulan propuestas, mientras que el dêmos puede aclamar, rechazar o hacer sentir su opinión sin ocupar el mismo lugar político. El rey puede escuchar, consultar y medir esa reacción; no por ello deja de existir una marcada desigualdad de rango.

El episodio de Tersites muestra con especial claridad ese límite. Critica a los reyes y toma la palabra sin el rango que el poema reconoce como autoridad legítima; Odiseo lo golpea con el cetro y la multitud celebra que haya sido silenciado. No se trata de justificar esa violencia, sino de observar la jerarquía que la escena representa: el ágora es pública, aunque no igualitaria, y Tersites no funciona como un portavoz moderno del pueblo.

Esto ayuda también a entender Ítaca. La opinión del pueblo puede pesar y alterar una relación de fuerzas, pero eso no convierte al dêmos en soberano ni a la asamblea en un tribunal o parlamento en sentido moderno. Que todos estén presentes no significa que todos tengan la misma voz.

¿Qué comparte y en qué contrasta con Aquiles, Agamenón y Odiseo?

Sección titulada «¿Qué comparte y en qué contrasta con Aquiles, Agamenón y Odiseo?»

Con Agamenón comparte una crítica sobre el botín, pero no su poder. Con Aquiles comparte un agravio contra el rey, pero no su rango ni su forma de disputar. Con Odiseo contrasta en el uso de la palabra: ambos intervienen ante el ejército, pero uno restablece la cohesión que el otro desestabiliza. Frente al ideal físico y verbal del héroe, Tersites está construido como contraste deliberado, no como una persona sociológicamente transparente.

La Ilíada no narra su muerte. El resumen de Proclo de la Etiópida cuenta que, después de que Aquiles matara a Pentesilea, Tersites lo injurió por el amor atribuido al héroe hacia la amazona. Aquiles mata entonces a Tersites; los aqueos discuten por ello y Aquiles viaja a Lesbos, sacrifica a Apolo, Artemisa y Leto, y Odiseo lo purifica.

La tradición posterior reutiliza así al provocador de Ilíada II y le da un final coherente con su voz desmedida. No debemos, sin embargo, fundir ese final con el poema homérico ni añadir una biografía completa donde las fuentes no la conservan. Para la secuencia de Pentesilea, véase ¿Quién era Pentesilea, la reina de las amazonas?.

Tersites importa porque permite a la Ilíada pronunciar una crítica incómoda desde una voz que el propio poema se apresura a desacreditar. Su cuerpo, su manera de hablar y la risa que provoca su castigo limitan la autoridad de una protesta cuyos motivos no son enteramente falsos. La tradición posterior reconoció la fuerza de esa voz provocadora y le dio un final acorde con ella: morir por no saber contener la lengua.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026