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¿Quiénes eran los lestrigones?

Los lestrigones no viven aislados como Polifemo. Tienen ciudad, caminos, fuente, rey y una respuesta colectiva. Precisamente por eso su ataque es más devastador: en pocos momentos destruyen casi toda la flota de Odiseo. Homero describe con gran precisión el puerto y la vida de Telepilo, pero no proporciona una coordenada segura para situarla. Las localizaciones posteriores pertenecen a otra historia.

El puerto perfecto que se convierte en trampa

Sección titulada «El puerto perfecto que se convierte en trampa»

Eolo acaba de expulsar a Odiseo y sus hombres. Sin viento favorable, reman durante seis días y seis noches; al séptimo llegan a la elevada ciudad de Lamo, Telepilo lestrigonia (Odisea 10.76–82). La duración ordena el relato, pero no proporciona rumbo, distancia utilizable ni una posición en el mapa.

Lo primero que encuentran es un puerto extraordinariamente protegido. Acantilados continuos lo rodean por ambos lados; dos promontorios se enfrentan en la boca y dejan una entrada estrecha. Dentro no se levanta ola alguna, ni grande ni pequeña: reina una calma completa. Las otras naves entran y quedan amarradas unas junto a otras (δέδεντο πλησίαι, Odisea 10.92–93).

Todo parece favorable al descanso: abrigo, aguas calmas y espacio interior para concentrar la flota. Pero esas mismas circunstancias producen la catástrofe. La entrada estrecha, los riscos altos y las naves agrupadas convierten el puerto en una encerrona cuando los habitantes atacan desde arriba. El refugio perfecto se revela como un lugar del que resulta difícil escapar.

Odiseo no entra. Deja su nave fuera, en el extremo del promontorio, atada a una roca; después sube a observar y ve humo, sin distinguir aún labores de hombres ni de ganado (Odisea 10.95–100). El poema no explica por qué toma esa decisión. Retrospectivamente, puede decirse que le salvó la vida, pues conserva una salida; podría tratarse de una cautela instintiva.

Odiseo envía a dos compañeros y un heraldo para averiguar qué clase de habitantes viven en aquella tierra. Los tres siguen un camino llano por el que los carros bajan leña desde las montañas a la ciudad. Encuentran a una joven que ha bajado a sacar agua de la fuente Artacia, de donde los habitantes llevan agua a la ciudad (Odisea 10.100–110).

La joven es hija de Antífates. Homero no marca en esta primera aparición ninguna anomalía física ni una conducta hostil: al preguntarle quién reina allí y sobre qué pueblo, ella les señala la alta casa de su padre. Por el texto, da la impresión de que no pronuncia palabra. Camino, fuente, casa real y ciudad componen una llegada reconocible. El patrón puede recordar, solo por su estructura, otros encuentros épicos entre un recién llegado, una joven junto al agua y una casa de acogida; el desenlace será aquí el opuesto al de Feacia.

Dentro de la casa, los enviados encuentran a la esposa de Antífates, tan grande «como la cima de un monte». La comparación marca una desmesura física, no una genealogía de gigantes. Ella manda llamar desde el ágora a Antífates, a quien los exploradores toman como gobernante según la indicación de la hija. Cuando se presenta, toma de inmediato a uno de los hombres y lo prepara como comida; los otros dos consiguen correr de vuelta a las naves (Odisea 10.111–118). Los signos de una bienvenida se invierten violentamente.

Los lestrigones no son, por tanto, una horda sin relaciones sociales. El episodio muestra ciudad, rey, ágora, casa, caminos, fuente, pastores, bueyes y ovejas. Organización social y monstruosidad no son opuestas en la Odisea. La amenaza se descubre gradualmente: las primeras señales de Telépilo son familiares, no monstruosas.

La diferencia con los cíclopes ayuda a ver el problema. Los cíclopes viven dispersos; no tienen ágora ni instituciones comunes, y cada familia queda encerrada en su propia autoridad. Los lestrigones poseen ciudad, rey, ágora y una capacidad de actuar en conjunto. Polifemo destruye la hospitalidad desde una casa aislada; los lestrigones convierten una sociedad organizada entera en amenaza. El poema reutiliza el motivo del anfitrión antropófago, pero lo sitúa dentro de una estructura social radicalmente distinta: no son cíclopes colectivos.

Antífates no persigue solo a los exploradores. Da un grito por la ciudad y acuden lestrigones innumerables. Homero los llama οὐκ ἄνδρεσσιν ἐοικότες, ἀλλὰ Γίγασιν: «no semejantes a hombres, sino a Gigantes» (Odisea 10.120). La comparación expresa tamaño y desmesura frente a los hombres de Odiseo; no obliga a integrarlos en una genealogía mitológica sistemática de los Gigantes.

La violencia es colectiva. Desde las rocas lanzan piedras enormes, quiebran las naves y matan a los hombres dentro del puerto profundo. El poema añade una imagen precisa y terrible: ἰχθῦς δ’ ὣς πείροντες, «ensartándolos como peces», se los llevan para un banquete atroz (Odisea 10.121–125). No hace falta imaginar arpones, anzuelos ni un utensilio concreto: la comparación con la pesca basta.

Mientras las otras naves son destruidas, Odiseo corta la amarra de la suya y ordena a sus hombres remar. Salen al mar antes de quedar atrapados entre las piedras. El texto es claro: escapa la nave de Odiseo y con ella sus hombres; las demás naves perecen juntas allí mismo (Odisea 10.125–132).

Odiseo había salido de Troya con doce naves (Odisea 9.159). Hasta Telepilo no había perdido ninguna nave completa. Las once distintas de la suya entran en el puerto; por eso la cifra de once naves destruidas no necesita aparecer aislada en un verso: es la aritmética narrativa de las doce iniciales menos la que permanece fuera.

En Telepilo termina el viaje de una flota y comienza el viaje de una sola nave. No es una pérdida puramente numérica. Desde entonces Circe, la Nekyia, las Sirenas, Escila y Caribdis y Trinacia se vivirán desde la precariedad de un único barco y un grupo mucho menor. Polifemo había devorado compañeros; los lestrigones transforman esa amenaza en la destrucción material de la expedición.

Esa es la importancia estructural del episodio. Antes de Telepilo, Odiseo dirige una flotilla; después, conserva una sola posibilidad de regreso. El ataque no explica toda la vulnerabilidad posterior, pero cambia de forma definitiva su escala.

Antes de describir el puerto, el poema presenta una observación extraña sobre Telepilo:

Τηλέπυλον Λαιστρυγονίην, ὅθι ποιμένα ποιμὴν
ἠπύει εἰσελάων, ὁ δέ τ’ ἐξελαύνων ὑπακούει.
ἔνθα κ’ ἄϋπνος ἀνὴρ δοιοὺς ἐξήρατο μισθούς,
τὸν μὲν βουκολέων, τὸν δ’ ἄργυφα μῆλα νομεύων·
ἐγγὺς γὰρ νυκτὸς τε καὶ ἤματός εἰσι κέλευθοι.
(Odisea 10.82–86)

En el contexto de la frase anterior, una traducción completa del fragmento sería: «[Llegamos a] Telépilo, en tierra lestrigonia, donde un pastor, al entrar con su rebaño, llama a otro que sale, y este responde; allí un hombre que no durmiera podría ganar dos jornales, uno cuidando vacas y otro pastoreando blancas ovejas, pues los caminos de la noche y del día están muy cerca».

En la Antigüedad, Crates de Malos leyó la proximidad de Día y Noche en relación con regiones septentrionales y noches estivales luminosas. Es una interpretación antigua, conservada por el escolio a Odisea 10.86. La identificación con latitudes extremas no es necesaria: Heubeck y Hoekstra leen el pasaje, con cautela, dentro de una geografía mítica de luz y oscuridad. Ni esa lectura ni el verso permiten afirmar Noruega, Escandinavia, el sol de medianoche o un Ártico conocido por Homero.

Las traducciones trasladan de modos distintos la extrañeza del pasaje:

  • Segalá: «el pastor, al recoger su rebaño, llama á otro que sale en seguida con el suyo».
  • Pabón: «el ganadero que recoge sus reses saluda al que sale y el otro le contesta».
  • García Gual: «el pastor que vuelve llama al que sale, y éste responde».
  • José Luis Calvo: «el pastor que entra llama a voces al que sale y éste le contesta».
  • Nuestra versión del manuscrito: «Allí, el pastor que regresaba con el rebaño llamaba a otro que salía con el suyo, y este respondía».

En inglés:

  • Samuel Butler: «the shepherd who is driving in his sheep and goats […] salutes him who is driving out his flock».
  • A. T. Murray: «herdsman calls to herdsman as he drives in his flock, and the other answers as he drives his forth».
  • Emily Wilson: «A herdsman there, returning to his home, / can greet another herdsman going out».

Las tres coinciden en el movimiento contrario de los dos pastores; Butler y Murray expresan además de manera literal el saludo y la respuesta.

El griego contrapone, en efecto, al pastor que entra con el ganado y al que sale; uno llama y el otro responde. La imagen no describe necesariamente una noche sin fin, sino una extraña proximidad entre las faenas nocturnas y diurnas, que permite imaginar dos jornales seguidos. Traducir a Homero: 2700 años entre dos lenguas desarrolla por qué las diferencias entre traducciones importan incluso cuando comparten el mismo sentido general.

Telepilo: topografía precisa, geografía abierta

Sección titulada «Telepilo: topografía precisa, geografía abierta»

El nombre Τηλέπυλος (Tēlépylos) debe conservarse como nombre propio. Homero la presenta como «la escarpada ciudad de Lamo», pero no explica quién o qué es Lamo: no sabemos si el nombre designa a un fundador, un rey o un lugar. No conviene traducir Telepilo como «Puerta Lejana» ni usar su etimología como coordenada. La fórmula más segura es «Telepilo, ciudad lestrigonia asociada a Lamo».

Telepilo es topográficamente precisa y geográficamente incierta. Homero permite reconstruir entrada, puerto, promontorios, fondeo, camino, fuente, casa, ágora y retorno al mar. No permite situar el conjunto con seguridad en una bahía moderna. ¿Hasta dónde llegaba el mundo de Homero? explica por qué una secuencia espacial firme no equivale a una ruta cartografiable.

Tucídides conserva una tradición según la cual cíclopes y lestrigones habitaron antiguamente alguna parte de Sicilia, pero declara que no puede precisar su raza, procedencia ni destino (Guerra del Peloponeso 6.2). La asociación siciliana ya existía; no por ello Homero localiza Telepilo en Sicilia. Estrabón transmite además una asociación antigua más concreta con el entorno de Leontinos (Geografía 1.2.9). Ambas pertenecen a la historia posterior de la lectura del poema.

Formias ofrece una recepción distinta, ya romana. Cicerón llama a la ciudad «Lestrigonia de las puertas lejanas» (Ad Atticum 2.13), y Horacio vincula a Lamo con las murallas de Formias (Odas 3.17). Estos testimonios muestran que Formias podía presentarse como territorio lestrigón y relacionarse con Lamo; no demuestran una equivalencia entre Telepilo y la costa italiana.

La propuesta de Cefalù de Samuel Butler, The Authoress of the Odyssey pertenece a una reconstrucción geográfica moderna. El propio Butler reconocía que el puerto real no correspondía a todos los detalles homéricos. Cerdeña, Bonifacio y otros puertos han recibido hipótesis por semejanza topográfica: un puerto parecido al descrito por Homero no se convierte en Telepilo. Para la historia de las asociaciones occidentales, véase ¿Por qué se situaron tantas aventuras de Odiseo en Sicilia?.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026