¿Qué ocurrió en Ísmaro?
Ísmaro es la primera escala de Odiseo después de Troya. Allí sus hombres saquean la ciudad de los cícones, desobedecen la orden de retirarse y sufren las primeras grandes bajas del regreso. Pero el mismo episodio deja otro legado: el vino que Marón entrega a Odiseo será decisivo frente a Polifemo.
La guerra no ha terminado del todo
Sección titulada «La guerra no ha terminado del todo»Troya ha caído, pero la guerra no se detiene instantáneamente. La primera acción del nóstos no es el encuentro con un monstruo ni una tempestad sin causa humana: es una acción militar. Los cícones ya aparecen en el catálogo troyano de la Ilíada: Eufemo dirige su contingente entre los aliados de Troya (Ilíada 2.846–847). Esa mención no convierte el saqueo de Ísmaro en una operación histórica reconstruible, pero permite una lectura narrativa clara: Odiseo no llega a un pueblo completamente ajeno al conflicto que acaba de abandonar.
Los hombres saben conquistar, tomar botín y celebrar una victoria. Todavía tienen que aprender otra disciplina: abandonar a tiempo el lugar de la victoria para poder regresar. Ísmaro abre la tensión entre guerra y nóstos que recorrerá el viaje.
El saqueo de Ísmaro
Sección titulada «El saqueo de Ísmaro»Un viento lleva la flota desde Troya hasta los cícones, a Ísmaro. Homero la presenta como ciudad de ese pueblo. Odiseo la toma, mata a los hombres y, de la ciudad, captura mujeres y muchas riquezas (Odisea 9.39–42). No son “provisiones” obtenidas en una escala: es un saqueo militar.
Después se distribuye el botín para que ninguno de los hombres quede privado de una parte igual. El detalle muestra organización y una responsabilidad de mando; no absuelve a Odiseo de la violencia que ha dirigido. La expedición actúa todavía bajo una lógica guerrera de conquista, reparto y recompensa.
Odiseo ordena retirarse
Sección titulada «Odiseo ordena retirarse»Una vez repartido el botín, Odiseo da una orden inequívoca: hay que huir de inmediato. Reconoce que quedarse expone a la flota a una respuesta que sus hombres no comparten o no quieren atender. Su ventaja narrativa no consiste en estar libre de culpa, sino en comprender el riesgo antes que la tripulación.
Los compañeros no obedecen. Permanecen en la costa, beben mucho vino y sacrifican ovejas y bueyes. El poema no explica su conducta con una psicología única. Hay disfrute del triunfo, exceso de confianza, indisciplina y demora; hablar solo de codicia simplificaría una escena en la que los guerreros no consiguen abandonar los hábitos de la victoria.
Banquete, demora y contraataque
Sección titulada «Banquete, demora y contraataque»Los cícones buscan a otros cícones, vecinos del interior, más numerosos y más valientes. Homero dice que saben luchar desde carros y, cuando hace falta, a pie. No atacan gratuitamente a los recién llegados: responden al saqueo de su ciudad y a la muerte de sus hombres.
El combate se libra junto a las naves. Durante la mañana los aqueos resisten y rechazan a sus enemigos pese a la superioridad numérica. Cuando llega la hora de desuncir los bueyes, es decir, cuando termina la jornada de trabajo, los cícones se imponen.
Homero da entonces un dato preciso: mueren seis compañeros de cada nave. La Odisea había dicho que Odiseo salió de Troya con doce naves; de ahí resulta el cálculo de setenta y dos muertos. «Seis por nave» es el dato homérico; setenta y dos es una inferencia aritmética moderna y debe presentarse como tal.
Antes de partir, Odiseo no deja que sus naves sigan adelante hasta haber llamado tres veces a cada compañero muerto en el campo. El gesto reconoce las bajas y cierra la costa de Ísmaro con duelo, no con la simple continuidad de una aventura.
La secuencia obliga a matizar el contraste entre Odiseo y sus hombres. El jefe ve antes la necesidad de partir, pero el propio éxito del saqueo es obra de la expedición que él conduce. La derrota no cae desde fuera sobre unos navegantes inocentes: nace de una acción inicial que les ha dado botín, comida y un motivo para creer que pueden quedarse sin consecuencias.
Marón y el vino que llegará hasta Polifemo
Sección titulada «Marón y el vino que llegará hasta Polifemo»Ísmaro deja también un recurso que cambiará el episodio siguiente. Odiseo cuenta más tarde que respetó a Marón, hijo de Evantes y sacerdote de Apolo, así como a su esposa y sus hijos. Lo hizo por respeto al dios; Marón le correspondió con regalos: oro, una crátera de plata y doce ánforas de vino puro (Odisea 9.197–211).
El vino se guarda de tal modo que solo Marón, su mujer y el ama de llaves conocen su lugar. Es intenso, fragante y requiere una medida de vino por veinte de agua. Es un vino extraordinario, no una sustancia mágica ni un phármakon. Precisamente porque sigue siendo vino, pertenece al mundo de los dones, del banquete y de la hospitalidad, aunque su fuerza lo haga excepcional.
Odiseo empleará esa reserva para embriagar a Polifemo. Ísmaro reúne así dos consecuencias opuestas: causa las primeras pérdidas graves de la flota y proporciona el instrumento material de una futura salvación. El objeto que llega desde una ciudad saqueada se convierte, en la cueva del cíclope, en parte de la mêtis de Odiseo.
No hace falta convertir la relación con Marón en una teoría completa de la xenía. El poema permite hablar con mayor prudencia de respeto a un sacerdote de Apolo y de reciprocidad mediante dones. Ese intercambio contrasta con el saqueo general de la ciudad sin borrar la violencia del contexto.
¿Quiénes eran los cícones?
Sección titulada «¿Quiénes eran los cícones?»Los cícones pertenecen al horizonte tracio de los poemas. La Ilíada los sitúa entre los aliados de Troya; la Odisea los presenta como habitantes de Ísmaro y como una fuerza capaz de reunir refuerzos del interior. No son una población fantástica ni un nombre vacío: forman parte de una geografía humana que el poema vincula con Tracia.
Eso no autoriza a convertirlos en una nación moderna ni a describirlos como “bárbaros”. Homero no organiza el episodio mediante esa oposición. Lo que importa es la relación de fuerzas: ciudad saqueada, habitantes que llaman a sus vecinos y ejército que consigue devolver el golpe.
¿Dónde estaba Ísmaro?
Sección titulada «¿Dónde estaba Ísmaro?»Ísmaro pertenece todavía a una geografía más reconocible que Eolia, Eea, las Sirenas o Trinacia: su asociación con la costa tracia de los cícones es sólida. Pero Homero no entrega coordenadas ni identifica el lugar con la Maroneia histórica, una ciudad griega posterior de esa misma zona. Una región reconocible no equivale a un yacimiento arqueológico localizable sin dudas.
Estrabón transmite que Ismaros, llamada después Ismara, era una ciudad de cícones cercana a Maroneia y recuerda allí una memoria local de Marón. La Maroneia conocida por arqueología fue una fundación de habitantes de Quíos, de mediados del siglo VII a. C., posterior al horizonte legendario de la guerra troyana. Esa memoria explica la asociación con Marón y su vino, pero no prueba que la ciudad saqueada por Odiseo fuera exactamente Maroneia ni convierte al sacerdote homérico en fundador histórico.
La escala de certeza debe mantenerse clara:
- Homero: Ísmaro y los cícones.
- Históricamente reconocible: el entorno tracio y ciconio de la costa norte del Egeo.
- Tradición posterior: relaciones concretas entre Ismaros, Maroneia y la memoria local de Marón.
- Abierto: el yacimiento exacto de la ciudad saqueada.
Del mundo reconocible al viaje incierto
Sección titulada «Del mundo reconocible al viaje incierto»Después de Ísmaro, Zeus levanta una tempestad; la flota navega hacia el sur, llega a cabo Malea y empieza a perder la posibilidad de seguir una derrota reconocible. ¿Hasta dónde llegaba el mundo de Homero? explica ese cambio de registro; El periplo de Odiseo sitúa Ísmaro entre Troya y Malea, todavía dentro de una geografía reconocible.
Ísmaro no es solo una etapa breve. Es el primer aviso de que volver no consiste en seguir acumulando victorias. Los hombres ya han dejado Troya, pero aún no han abandonado del todo la guerra; su demora transforma un saqueo aparentemente exitoso en la primera gran pérdida del regreso.
