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El pasado de bronce

Cuando hablamos de Edad de Bronce y Edad del Hierro no hablamos todavía de edades míticas ni de los héroes de los poemas. Son categorías arqueológicas que ordenan períodos en los que ciertos metales tuvieron un lugar destacado en herramientas, armas e intercambios. No son fronteras exactas: bronce e hierro convivieron durante mucho tiempo y las regiones no cambiaron al mismo ritmo.

La épica homérica toma forma en una Grecia de la Edad del Hierro, pero canta un mundo heroico cuyo posible trasfondo histórico pertenece al final de la Edad del Bronce. Entre ambos median cuatro o cinco siglos de transformación y transmisión.

Período Fechas aproximadas
Edad de Bronce egea c. 3000–1050 a. C.
Mundo micénico desde c. 1600 a. C.
Fase palacial micénica plenamente documentada c. 1400/1350–1200 a. C.
Colapso de los palacios hacia 1200 a. C.
Primera Edad del Hierro c. 1100–800 a. C.
Reactivación durante el período geométrico especialmente siglos IX–VIII a. C.
Cristalización principal de la Ilíada y la Odisea finales del siglo VIII o, según otras propuestas, comienzos del VII a. C.

El bronce ocupaba en ese sistema un lugar central. Para producirlo hacían falta cobre y estaño, y ninguna de las dos materias primas estaba disponible por igual en todo el Egeo. El cobre llegaba en grandes cantidades, especialmente desde Chipre, uno de los principales centros productores del Mediterráneo oriental. El estaño planteaba un problema todavía mayor: era mucho más escaso y podía recorrer distancias enormes antes de llegar a los talleres donde se mezclaba con el cobre.

El pecio de Uluburun permite imaginar la escala de aquella red. El barco, hundido hacia 1320 a. C. frente a la costa meridional de Anatolia, transportaba aproximadamente diez toneladas de cobre y una tonelada de estaño, además de otros productos. Buena parte de su cobre se asocia con Chipre; el origen exacto de buena parte del estaño continúa discutiéndose. Su carga hace visible que el bronce dependía de redes de aprovisionamiento muy extensas, que conectaban el Egeo con Chipre, Anatolia y el Mediterráneo oriental.

Vasijas y piezas de cobre y estaño en una exposición sobre Uluburun en Bochum.
Cobre y estaño en la exposición de Uluburun. Escena con réplicas y piezas originales de la exposición de Bochum; el rótulo identifica barras de cobre y estaño. Fotografía de Martin Bahmann, junio de 2006. Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 (también disponible bajo CC BY-SA 2.5, 2.0, 1.0 y GFDL 1.2 o posterior). La imagen documenta una exposición moderna y no el contexto arqueológico original del pecio.
Lingote de cobre en forma de piel de buey, hallado en Enkomi, Chipre.
Lingote de cobre en forma de piel de buey. Chipre, periodo chipriota tardío III, c. 1200–1050 a. C.; hallado en Enkomi, en un depósito de fundición. British Museum, Londres, inv. 1897,0401.1535. Longitud 70,5 cm; peso 36,92 kg. Ficha del objeto; activo fotográfico 34782001. © The Trustees of the British Museum, CC BY-NC-SA 4.0.
Estatuilla de bronce de una divinidad de Enkomi sobre un lingote.
Divinidad de bronce sobre un lingote, Enkomi, siglo XII a. C. Estatuilla procedente de Enkomi, Chipre, conservada en el Museo de Chipre de Nicosia. Fotografía: Gerhard Haubold. Wikimedia Commons, licencia GNU Free Documentation License 1.2 o posterior.

Las tablillas de Pilos muestran la otra cara del proceso: una vez llegado el metal, la administración palacial podía contabilizarlo y distribuirlo entre numerosos artesanos.

Las tablillas de Lineal B permiten observar el mundo micénico desde dentro de su administración. En ellas aparece ka-ko, forma relacionada con el posterior χαλκός (khalkós), «cobre» o «bronce» según el contexto, y ka-ke-we, trabajadores del metal o broncistas. En Pilos, la serie Jn registra cantidades de metal distribuidas entre artesanos de distintas localidades. Los documentos muestran así que el palacio contabilizaba y repartía el metal; no conocemos, en cambio, una palabra segura en Lineal B equivalente al posterior σίδηρος (sídēros), «hierro».

Tres tablillas de Pilos sobre la administración del metal

Tablillas: PY Jn 310, PY Jn 829 y PY Jn 410 + 413. En estas siglas, PY identifica Pilos, Jn la serie documental y el número distingue cada tablilla dentro de la serie.

Origen
Palacio de Néstor, Pilos, Mesenia. Siglo XIII a. C.
Qué son
Registros administrativos escritos en Lineal B por los escribas del palacio. Pertenecen a la serie Jn, relacionada principalmente con el control y distribución del metal.
Qué dicen
Entre otras cosas, registran cantidades de metal entregadas o asignadas a trabajadores y localidades.
Formas destacadas
ka-ke-we — trabajadores del metal o broncistas.
ka-ko — cobre o bronce, según el contexto.
Por qué importan
Muestran que la administración palacial controlaba y distribuía el metal entre numerosos artesanos.

Límite. No permiten saber por sí solas qué objeto concreto se fabricó con cada cantidad de metal.

Datos filológicos: DĀMOS, CC BY-NC-SA 4.0; selección y presentación editorial propias.

Hacia 1200 a. C. muchos centros palaciales fueron destruidos, abandonados o perdieron sus funciones. Con ellos desaparecieron la administración que conocemos por las tablillas y la escritura Lineal B. Las redes de intercambio no se interrumpieron por completo, pero se redujeron y cambiaron de escala de manera desigual según las regiones.

El hierro no causó ese colapso: empezó a extenderse después, poco a poco. Pero la desaparición de los palacios alteró las condiciones que hacían llegar y distribuir cobre y estaño a gran escala. En ese mundo nuevo, el hierro pudo adquirir una importancia creciente.

La expresión «Edad Oscura» se usó para los siglos posteriores al colapso palacial. Hoy suele preferirse Primera Edad del Hierro. El nombre no significa ausencia de cultura; alude a la pérdida de documentación administrativa y al contraste con aquel mundo. El período tampoco fue uniforme.

El hierro se extendió progresivamente en armas y herramientas.

Objetos de hierro de un enterramiento del Geométrico temprano en el Museo del Ágora Antigua de Atenas.
Objetos de hierro de un enterramiento del Geométrico temprano, hacia 900 a. C. Entre ellos, cuchillo, hacha, cincel, puntas de lanza, fíbula y bocados de caballo. Museo del Ágora Antigua de Atenas. Fotografía: Jerónimo Roure Pérez (Dorieo), Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

A diferencia del estaño necesario para fabricar bronce, los minerales de hierro estaban mucho más repartidos: existían depósitos explotables en Eubea, Macedonia, Tracia y otras regiones del Egeo. Eso permitía abastecimientos más locales o regionales y reducía la dependencia de las largas redes comerciales que requería la producción de bronce. No conocemos, sin embargo, una única fuente dominante ni podemos identificar con seguridad la mina de procedencia de la mayoría de los objetos más antiguos.

La oposición simple es engañosa. La Edad de Bronce no fue una época en la que todo fuese de bronce, ni la Edad del Hierro una época sin bronce. En ciertos contextos, el hierro servía cada vez más para el trabajo y el filo; el bronce conservaba valor ornamental y visible.

No existe una fecha que podamos llamar sin más «la fecha histórica de la guerra de Troya». Ni siquiera sabemos si detrás de la tradición homérica hubo una sola guerra semejante a la narrada por la Ilíada. Sin embargo, existen varias razones para situar su posible trasfondo histórico hacia el final de la Edad de Bronce.

Los propios griegos situaban tradicionalmente la guerra de Troya hacia el final del siglo XIII o los comienzos del XII a. C., aunque sus fechas eran reconstrucciones posteriores y no testimonios contemporáneos. La arqueología de Troya documenta destrucciones al final de la Edad del Bronce, pero ninguna demuestra por sí sola la guerra narrada por Homero.

Los archivos hititas de los siglos XIV y XIII a. C. mencionan Wilusa, territorio que la investigación relaciona de modo probable con Ilión/Troya, y Ahhiyawa, ampliamente vinculado con el mundo micénico. El tratado de Muwatalli II con Alaksandu de Wilusa confirma la existencia de esa entidad en la diplomacia hitita; la carta de Tawagalawa alude a una controversia anterior sobre Wilusa ya resuelta, cuya naturaleza y escala desconocemos. Estos documentos muestran relaciones y conflictos en Anatolia occidental, sin identificar por ello una guerra de Troya histórica.

Tablilla VAT 6692, conocida como Carta de Tawagalawa, con escritura cuneiforme hitita.
Carta de Tawagalawa (VAT 6692), siglo XIII a. C. Carta de un Gran Rey hitita —probablemente Ḫattušili III o Muwatalli II— al rey de Ahhiyawa. En ella se recuerda una antigua controversia entre Hatti y Ahhiyawa relacionada con Wilusa. Staatliche Museen zu Berlin, Vorderasiatisches Museum / Olaf M. Teßmer. CC BY-SA 4.0.

Nada de esto demuestra la guerra de la Ilíada, pero sitúa elementos relacionados con la tradición troyana dentro del horizonte final de la Edad del Bronce.

Si la tradición de la guerra de Troya conserva algún trasfondo histórico, este pertenece al horizonte final del mundo palacial micénico, hacia finales del siglo XIII o comienzos del XII a. C. Entre ese pasado posible y la formación de la Ilíada y la Odisea median cuatro o cinco siglos.

Durante ese tiempo no solo cambiaron las historias que los griegos contaban sobre Troya. Cambió también el mundo material en el que se contaban: se transformaron las redes de intercambio, el bronce dejó de ocupar el mismo lugar en la economía y el hierro adquirió una presencia creciente en armas, herramientas y objetos de uso cotidiano.

Homero no transmite un recuerdo intacto de la Edad del Bronce, ni tampoco un simple retrato de su propio presente. La épica conserva y transforma un pasado heroico desde una sociedad que ya vive en otro mundo material. Homero contempla el pasado con los ojos del presente.

Las tablillas de Lineal B de época micénica mencionan a Poseidón, Zeus y Hera. Pero son documentos administrativos, no relatos ni epopeyas. Entre la caída de los palacios y los poemas homéricos, las historias debieron transmitirse sobre todo de forma oral. Esa transmisión podía conservar nombres, escenas y fórmulas antiguas, pero también reorganizarlos y darles un significado nuevo.

Entre finales del siglo IX y el siglo VIII a. C., los griegos adaptaron un alfabeto de origen semítico, estrechamente relacionado con el fenicio, e incorporaron signos para representar las vocales. Durante el siglo VIII aparecen ya inscripciones alfabéticas griegas, algunas cotidianas y otras poéticas.

La Ilíada, la Odisea y los poemas de Hesíodo tomaron forma entre finales del siglo VIII y comienzos del VII a. C., según las distintas propuestas de datación. Oralidad y escritura empezaron entonces a interactuar, aunque no sabemos exactamente cuándo ni de qué modo quedaron fijados por escrito los poemas homéricos.

La épica hace visible la distancia entre el tiempo de los héroes y el presente al medir su fuerza frente a la de los hombres «de ahora».

Vaso de los Guerreros de Micenas, con una formación de guerreros armados.
Vaso de los Guerreros, Micenas, c. 1200–1100 a. C. Crátera micénica decorada con una formación de guerreros armados con cascos, escudos y lanzas. Hallada en la acrópolis de Micenas. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Fotografía: Steven Zucker, Smarthistory, CC BY-NC-SA 2.0.

En la Ilíada, Libro 5, versos 302–304, Diomedes levanta una piedra que dos hombres «de ahora» no podrían cargar y la blande él solo con facilidad. El poema no se limita a decir que Diomedes es fuerte: mide su fuerza frente a la de los mortales actuales.

El procedimiento reaparece en momentos decisivos del combate. Áyax arroja desde el muro una piedra que un hombre de ahora no sostendría fácilmente ni con ambas manos (Ilíada, Libro 12, versos 378–383). Héctor maneja la piedra de las puertas que dos de los mejores hombres actuales no levantarían con facilidad; el poema añade que Zeus aligera su peso (Ilíada, Libro 12, versos 445–450). Eneas toma otra que dos mortales actuales no podrían cargar y la blande solo contra Aquiles (Ilíada, Libro 20, versos 285–287).

Esa superioridad se manifiesta en ambos bandos: Diomedes y Áyax son aqueos; Héctor y Eneas, troyanos. No se trata necesariamente de hombres de mayor estatura: lo que el poema compara expresamente es su fuerza, su capacidad para realizar acciones que los «mortales de ahora» ya no pueden igualar.

Estas comparaciones no permiten fechar los versos ni identificar con precisión a esos hombres del presente. Pero su efecto es inequívoco: la guerra de Troya pertenece a una escala física distinta de la del tiempo desde el que se cuenta. El poema presenta a los guerreros de antaño como físicamente superiores.

En la Odisea, Libro 8, versos 221–225, el propio Odiseo afirma que supera como arquero a los mortales que viven ahora, pero se niega a compararse con héroes anteriores como Heracles y Eurito. El pasaje no enfrenta a Odiseo con los contemporáneos del poeta, sino que introduce una distancia dentro del propio tiempo heroico: incluso los hombres de Troya pueden reconocer una grandeza anterior a la suya.

Néstor utiliza esa misma distancia de manera interesada en la Ilíada. Cuando pide a Aquiles y Agamenón que acepten su consejo, recuerda a Pirítoo, Dríante, Ceneo, Exadio, Polifemo lapita y Teseo: los hombres más fuertes que había conocido, vencedores de los centauros (Ilíada, Libro 1, versos 247–272). No evoca una edad perdida por nostalgia. Les recuerda que aquellos héroes escuchaban su palabra; Aquiles y Agamenón deberían hacerlo también.

La épica no dibuja así una línea simple entre un pasado perfecto y un presente degradado. Construye varias profundidades de tiempo: los héroes de Troya son superiores a los hombres «de ahora», pero algunos de ellos reconocen a su vez figuras todavía más antiguas.

La historia de Ereutalión y Areítoo añade un matiz material. Areítoo había sido un guerrero célebre por combatir con una maza de hierro. Tras su muerte, sus armas pasaron a Ereutalión, que las llevaba cuando desafió a los hombres de Pilos. Néstor recuerda cómo, siendo aún joven, aceptó el combate y lo mató (Ilíada, Libro 7, versos 124–160). El hierro también puede pertenecer, por tanto, a una memoria heroica antigua: no es una señal automática de modernidad ni de decadencia.

La distancia heroica no se expresa solo mediante la fuerza. El mundo de los héroes está también cargado de riqueza visible. Homero no suele dejar el valor en una palabra abstracta: lo concreta en metales, ganado, trípodes, calderos, tejidos, armas, caballos y personas reducidas a esclavitud.

Cuando Agamenón intenta reconciliarse con Aquiles, le ofrece espléndidos presentes para compensarlo: oro, trípodes, calderos, caballos, mujeres, ciudades e incluso una hija en matrimonio (Ilíada, Libro 9, versos 120–158). Los juegos funerarios de Patroclo vuelven a desplegar una riqueza semejante mediante premios de gran valor (Ilíada, Libro 23). Y en la Odisea, los palacios de Menelao y Alcínoo resplandecen con oro, plata, bronce, marfil, tejidos y abundancia de servicio y banquete (Odisea, Libro 4, versos 71–75; Libro 7, versos 81–132).

Estos pasajes no demuestran que la Grecia de la Edad del Hierro fuese pobre ni que los palacios homéricos reproduzcan la magnificencia de los palacios micénicos. El de Alcínoo, por ejemplo, participa claramente de lo maravilloso. Lo que sí muestran es que la épica no escatima en lujo y riqueza cuando rememora ese pasado mítico.

La fuerza extraordinaria de los héroes va acompañada de un mundo de objetos extraordinarios. La épica imagina el pasado no solo como un tiempo de hombres más fuertes, sino como un tiempo en el que la riqueza se exhibe, se intercambia y se arriesga a una escala excepcional.

En la Odisea, Libro 1, versos 182–184, Atenea, bajo la apariencia de Mentes, dice que navega hacia Temesa en busca de cobre y que lleva hierro brillante para intercambiarlo. El pasaje refleja un mundo en el que el hierro puede ser un bien útil, transportable y valioso.

El hierro aparece también dentro de la memoria heroica. Areítoo combate con una maza de hierro, y Aquiles ofrece una gran masa de hierro como premio en los juegos funerarios de Patroclo (Ilíada, Libro 23, versos 826–835). Puede ser arma, riqueza, materia prima y premio. El bronce, sin embargo, domina de manera mucho más visible el lenguaje de la guerra heroica: lanzas, espadas, armaduras y resplandores pertenecen una y otra vez a ese metal.

Espada micénica de bronce del Círculo A de Micenas, con empuñadura decorada en oro y lapislázuli.
Espada micénica de bronce, siglo XVI a. C., procedente del Círculo A de Micenas. La empuñadura conserva decoración en oro y lapislázuli. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Fotografía: George E. Koronaios, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

No podemos repartir los poemas en dos mundos sencillos —bronce para el pasado, hierro para el presente—, ni convertir los metales en una escala moral. El hierro no representa automáticamente decadencia, ni el bronce nobleza.

Parte del lenguaje del bronce puede pertenecer a fórmulas transmitidas por la tradición y al decorado con que la épica representa la guerra de los héroes. Ese mismo bronce podía producir, para una audiencia de la Edad del Hierro, un efecto de antigüedad, brillo y prestigio. No todas las apariciones de χαλκός (khalkós, «cobre» o «bronce», según el contexto) tienen por qué cumplir la misma función, pero el vocabulario tradicional podía seguir evocando un tiempo distinto del presente.

La mezcla de hierro, bronce y prácticas de épocas distintas no es un defecto de reconstrucción. Es el resultado de una tradición transmitida durante siglos, que conserva elementos antiguos, transforma otros e incorpora rasgos posteriores. El mundo homérico no pertenece enteramente ni a la Edad del Bronce ni a la Edad del Hierro: es un pasado compuesto, construido con materiales de tiempos distintos.

Cuantificación del bronce y el hierro en la Ilíada y la Odisea

Sección titulada «Cuantificación del bronce y el hierro en la Ilíada y la Odisea»

Un estudio de Natale Musso, publicado en Journal of Classics Teaching por Cambridge University Press, contabilizó las referencias al bronce y al hierro en la Ilíada y la Odisea. El análisis tuvo en cuenta también el texto griego y agrupó como bronce o hierro algunos términos que las traducciones inglesas habían vertido como cobre, latón o acero. Sus resultados muestran una diferencia muy marcada entre ambos poemas.

Ilíada Odisea
Bronce — todas las apariciones 323 81
Hierro — todas las apariciones 22 25
Proporción bronce / hierro 14,7 : 1 3,2 : 1
Bronce, excluidas las menciones ligadas a armas 55 24
Hierro, excluidas las menciones ligadas a armas 18 23

La primera diferencia es espectacular. En la Ilíada el bronce aparece casi quince veces por cada aparición del hierro; en la Odisea, algo más de tres. El hierro, en cambio, presenta una frecuencia muy semejante en ambos poemas: 22 apariciones frente a 25. El propio estudio señala que, una vez excluidas las referencias ligadas al armamento, el hierro no muestra una diferencia estadísticamente significativa entre los dos poemas.

La enorme disparidad del bronce necesita primero una explicación sencilla. La Ilíada narra una guerra, y la guerra de sus héroes se libra fundamentalmente con armas de bronce. Lanzas, filos, cascos, corazas, escudos y grebas multiplican necesariamente las menciones del metal. La Odisea, ambientada en el mismo universo heroico, dedica mucho más espacio a viajes, hogares, banquetes, relaciones humanas y trabajos cotidianos.

Precisamente por eso resulta útil repetir el cálculo excluyendo las apariciones relacionadas con armas. La distancia disminuye mucho: de 323 menciones de bronce en la Ilíada frente a 81 en la Odisea se pasa a 55 frente a 24. Pero no desaparece. En la clasificación de Musso, el bronce sigue apareciendo con mayor frecuencia en la Ilíada; en cambio, la diferencia del hierro entre ambos poemas es demasiado pequeña para considerarla estadísticamente significativa.

Eso permite precisar lo que veníamos observando. La Ilíada reviste la guerra de Troya de bronce. Gran parte de su extraordinaria densidad broncínea procede del combate, pero no toda. El bronce continúa apareciendo con una frecuencia especialmente elevada incluso después de retirar las referencias al armamento.

El hierro, mientras tanto, está plenamente integrado en los dos poemas. Puede aparecer como riqueza, herramienta, materia útil, premio o metáfora. Ya a comienzos del siglo XX, Andrew Lang había observado una distribución significativa: cuando Homero especifica el metal de espadas y lanzas, estas son de bronce, mientras que el hierro aparece especialmente asociado a herramientas, bienes y otros usos.

El resultado no convierte la Ilíada en una fotografía de la Edad de Bronce ni la Odisea en un poema de la Edad del Hierro. Muestra algo más preciso: el lenguaje tradicional de la guerra heroica está estrechamente asociado al bronce, mientras que el hierro pertenece también, con otras funciones, al mundo material de ambos poemas.

Hesíodo ayuda a medir el límite de esta lectura. En Trabajos y días, versos 109–201, ordena las generaciones de oro, plata, bronce, héroes e hierro. Los combatientes de Tebas y Troya no pertenecen a la raza de bronce: forman la generación de los héroes. Hesíodo presenta expresamente su propia generación de hierro como una edad de trabajo, sufrimiento y deterioro de los vínculos humanos.

Las dos columnas no establecen equivalencias cronológicas. La primera describe períodos históricos; la segunda, una sucesión mítica.

Arqueología e historia Hesíodo, Trabajos y días
La Edad de Bronce egea abarca aproximadamente c. 3000–1050 a. C. Hesíodo imagina una sucesión mítica: oro, plata, bronce, héroes e hierro.
El mundo micénico pertenece a la Edad de Bronce; su fase palacial está documentada sobre todo entre c. 1400/1350 y 1200 a. C. La raza de bronce es una generación guerrera y terrible; Hesíodo dice que todavía no conocía el «hierro negro».
El posible trasfondo histórico de la tradición troyana se situaría, si lo hubo, hacia finales del siglo XIII o comienzos del XII a. C. Los combatientes de Tebas y Troya pertenecen a la generación de los héroes, distinta de la raza de bronce y «más justa y mejor» que ella.
La Primera Edad del Hierro se desarrolla aproximadamente entre 1100 y 800 a. C.; Homero y Hesíodo componen hacia finales del siglo VIII o comienzos del VII. Hesíodo sitúa su propio presente en la raza de hierro.

Ese poema demuestra que, en la Grecia arcaica, era posible utilizar el pasado para juzgar el presente. No demuestra que Homero haga exactamente lo mismo. La Ilíada y la Odisea no construyen una sucesión de edades ni declaran que los hombres contemporáneos sean moralmente inferiores. Sí establecen una distancia entre el tiempo de los héroes y el presente desde el que se cuentan sus hazañas, pero no convierten esa distancia en una teoría explícita de la decadencia.

Volvamos a la piedra de Diomedes. Homero no nos devuelve la Edad del Bronce tal como fue. Nos muestra cómo una sociedad de la Edad del Hierro podía imaginar un mundo situado varios siglos atrás. El pasado de bronce no es una fotografía de la Edad del Bronce. Es la forma en que la épica convirtió un mundo remoto y desaparecido en un mundo más fuerte, más opulento y digno de memoria.

¿Qué sabía Homero del mundo que describe? I: Los objetos y las técnicas

¿Qué sabía Homero del mundo que describe? II: Las casas y la vida cotidiana

¿Qué fue de Troya?

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026