¿Quién era Polifemo?
El Polifemo de Homero difiere en aspectos importantes de la figura que construyeron las tradiciones posteriores. En la Odisea es un pastor antropófago, hijo de Poseidón, cuya monstruosidad se revela tanto en su violencia como en su rechazo de las obligaciones de la hospitalidad. Los cíclopes de Hesíodo pertenecen a otra tradición mitológica. La asociación con Sicilia y el Etna, y la historia del pastor enamorado de Galatea, son desarrollos posteriores.
El Polifemo de la Odisea
Sección titulada «El Polifemo de la Odisea»Odiseo llega con doce compañeros a la cueva de Polifemo después de describir el país de los cíclopes (Odisea 9). Polifemo vive apartado de los demás, cuida sus rebaños, ordeña los animales y elabora quesos. Homero lo compara con una cima boscosa, imagen que sugiere tanto su tamaño extraordinario como su aislamiento. Su fuerza es igualmente formidable: la enorme piedra con la que cierra la entrada supera con mucho la capacidad de los hombres corrientes para moverla. El poema lo presenta además como el más poderoso de los cíclopes (Odisea 1.68–75).
Es hijo de Poseidón y de Toosa, hija de Forcis. Esta filiación es algo más que un dato genealógico: el cegamiento de Polifemo se convertirá en una causa decisiva de la cólera de Poseidón contra Odiseo. Pero, antes de invocar a su padre, Polifemo revela su monstruosidad en el trato que dispensa a los extranjeros: los encierra en la cueva y devora a varios de ellos, invirtiendo por completo los deberes de la hospitalidad.
La Odisea se refiere repetidamente al «ojo» de Polifemo en singular durante el cegamiento: la estaca penetra en él y el cíclope se la arranca ensangrentada (Odisea 9.382–400). Sin embargo, el verso que describe la quemadura emplea formas plurales para los párpados (bléphara) y las cejas (ophrýas). El detalle llama la atención. El episodio sugiere con fuerza un cíclope de un solo ojo, pero Homero no afirma expresamente que Polifemo tuviera un único ojo en medio de la frente. Tampoco los plurales demuestran que tuviera dos: pueden referirse a las partes que rodean el ojo herido. Hesíodo, en cambio, describe explícitamente el ojo único y central de sus cíclopes, pertenecientes a otra tradición mitológica.
Una imagen excepcionalmente antigua añade otra dimensión a la cuestión. En un fragmento de crátera protoargiva fechado hacia 670–650 a. C., Polifemo aparece de perfil, con el ojo visible en la posición habitual de un rostro visto de lado, y no inequívocamente en medio de la frente. Esto no permite establecer si el pintor lo imaginaba con uno o dos ojos: incluso un ser de ojo único podía representarse conforme a las convenciones del dibujo de perfil.
La vasija se fecha en un periodo notablemente cercano a la formación de los poemas homéricos. No podemos determinar si el pintor conocía la Odisea, otra versión del episodio o una tradición narrativa compartida por ambos testimonios. Sí podemos afirmar que el cegamiento de Polifemo ya se representaba en imágenes en una época tan temprana.
Cueva, rebaños y una comunidad sin hospitalidad
Sección titulada «Cueva, rebaños y una comunidad sin hospitalidad»Los cíclopes homéricos carecen de asambleas donde deliberar conjuntamente y de normas compartidas que rijan la comunidad. Cada jefe de familia ejerce autoridad sobre su esposa y sus hijos sin ocuparse de los asuntos de los demás (Odisea 9.105–115). Tampoco tienen naves ni carpinteros capaces de construirlas (Odisea 9.125–130). Viven apartados unos de otros y no aprovechan colectivamente las posibilidades de su entorno.
Vivir juntos exige una thémis
Sección titulada «Vivir juntos exige una thémis»Los cíclopes no aparecen como seres ajenos a la civilización simplemente porque su forma de vida sea relativamente sencilla o porque Polifemo sea violento. Odiseo subraya que carecen de asambleas deliberativas y de thémistes: cada uno gobierna su propia casa, sin instituciones comunes ni preocupación por los asuntos de los demás (Odisea 9.105–115).
M. I. Finley advierte que thémis no equivale simplemente a «ley». Según el contexto, puede designar una costumbre legítima, un procedimiento correcto, un orden reconocido o la voluntad de un dios. Su fuerza reside en establecer lo que una comunidad considera la manera apropiada de actuar.
La thémis no es un código escrito de leyes. Se aproxima más a la autoridad de «esto se hace así» y «esto no se hace». En el mundo de la Odisea, la civilización no consiste únicamente en tener casas o cultivar la tierra: también implica convivir bajo costumbres y procedimientos compartidos.
Esto no significa que los cíclopes carezcan de habilidades prácticas. Polifemo cría ganado, ordeña sus animales, elabora queso y maneja sus rebaños con competencia. El contraste que plantea el poema no es simplemente «civilización» frente a una ausencia total de cultura. Afecta al aislamiento en lugar de la cooperación, a la ausencia de navegación e intercambio y a la falta de instituciones compartidas entre los hogares. En el caso particular de Polifemo, incluye además el rechazo deliberado de los deberes de la xenía.
No estamos ante una descripción antropológica de un pueblo histórico ni necesitamos llamar a los cíclopes «primitivos», «prehistóricos» o «salvajes».
La isla vecina acentúa el contraste. Odiseo describe un puerto, agua dulce, cabras, suelo fértil y tierras donde podrían crecer viñas y cereales. Sin embargo, los cíclopes no la aprovechan: no poseen naves ni carpinteros capaces de construirlas (Odisea 9.116–141). Los recursos existen, pero falta la organización colectiva que permitiría convertirlos en asentamiento, cultivo e intercambio.
Algunos estudios modernos comparan este pasaje con la experiencia griega de navegar hasta costas fértiles y fundar asentamientos lejos del lugar de origen. Desde esa perspectiva, la isla vecina plantea una pregunta concreta: además de un buen puerto y tierras productivas, ¿qué se necesita para asentarse allí y aprovecharlas? La comparación ayuda a explicar la atención que presta el relato a los recursos que los cíclopes dejan sin explotar. No significa, sin embargo, que el episodio esconda una alegoría colonial de sentido único ni que los cíclopes representen a una población histórica.
La prueba decisiva es la xenía. Odiseo espera protección, alimento y un don de huésped; invoca a Zeus como protector de huéspedes y suplicantes (Odisea 9.252–271). Polifemo invierte esas expectativas. Encierra a los extranjeros en su cueva, desprecia la autoridad de Zeus y devora a varios de ellos. Más tarde, en una parodia grotesca de la hospitalidad, promete comerse a «Nadie» el último como regalo de huésped (Odisea 9.369–370). No es ateo en un sentido simple —después invocará a Poseidón—, pero rechaza la autoridad de Zeus que Odiseo invoca y las obligaciones de la xenía.
«Nadie»: astucia, nombre y fama
Sección titulada ««Nadie»: astucia, nombre y fama»Tras entrar en la cueva y descubrir los quesos y los rebaños, los compañeros aconsejan a Odiseo que se lleven cuanto puedan y regresen inmediatamente a la nave. Él decide, en cambio, esperar al dueño, con la esperanza de recibir un don de huésped (Odisea 9.224–230). Esa expectativa es comprensible dentro de su mundo aristocrático, pero la decisión es también imprudente: expone a sus compañeros y a sí mismo a un peligro que podrían haber evitado. Nada de esto atenúa la responsabilidad de Polifemo por devorar a los extranjeros.
Cuando el cíclope le pregunta cómo se llama, Odiseo responde Οὖτις (Oûtis, «Nadie»). Después del cegamiento, los demás cíclopes entienden sus gritos como si dijera que nadie lo está atacando y se marchan (Odisea 9.403–414).
El ardid depende de la mêtis de Odiseo, su inteligencia astuta. En el griego hay además un juego de palabras: μή τις (mḗ tis, «nadie»), expresión que emplean los otros cíclopes, suena casi igual que μῆτις (mêtis, «astucia»). La relación es fonética, no etimológica, pero Homero la aprovecha. El propio Odiseo se alegra de que el nombre falso y su mêtis los hayan engañado (Odisea 9.413–414).
De todas las identidades que Odiseo adopta y los disfraces de los que se sirve, «Nadie» es quizá el más perfecto. En otros episodios oculta su identidad mediante relatos inventados o cambios de apariencia. Aquí hace algo todavía más ingenioso: convierte la ausencia de nombre en un nombre. El humor de Homero reside en la sencillez del ardid: el disfraz más eficaz no consiste en convertirse en otra persona, sino en convertirse en nadie.
El nombre de su adversario, Πολύφημος (Polýphēmos), combina polý- («mucho», «muchos») con una familia de palabras asociadas a la voz, lo que se dice y la fama. Puede entenderse aproximadamente como «aquel de quien mucho se habla» o «el muy famoso». No es necesario suponer que Homero pretendiera un juego etimológico preciso dentro del episodio. Sin embargo, el nombre invita a establecer un contraste sugerente: Polifemo lleva un nombre relacionado con la fama, mientras Odiseo esconde provisionalmente el suyo bajo el de Nadie.
La huida bajo los carneros constituye un triunfo de la inteligencia y la cooperación sobre la fuerza bruta. Pero las palabras de Polifemo a su carnero principal introducen un inesperado rasgo de humanidad: dolor, afecto y apego a sus animales (Odisea 9.447–460). No convierten al antropófago en inocente; impiden reducirlo a un ser monstruoso desprovisto de voz y de vulnerabilidad.
Una vez que ha escapado, Odiseo revela su verdadero nombre, el de su padre y su patria: Odiseo, hijo de Laertes, de Ítaca (Odisea 9.473–505). Recupera así su identidad y la gloria de su hazaña, pero también proporciona a Polifemo los datos necesarios para invocar contra él a Poseidón. Su extraordinaria inteligencia convive con un orgullo excesivo: el hombre que ha ideado el disfraz perfecto no soporta continuar siendo «Nadie» cuando ya está a salvo. Su deseo de reconocimiento lo lleva a deshacer el engaño que lo había salvado.
El precio de revelar un nombre
Sección titulada «El precio de revelar un nombre»Cuando Polifemo conoce la identidad del hombre que lo ha cegado, recuerda una profecía de Télemo, quien había anunciado que perdería la vista a manos de Odiseo. Pero Polifemo esperaba un adversario mucho más grande e imponente, no al hombre cuya astucia lo ha derrotado. Entonces ruega a su padre, Poseidón, que Odiseo jamás regrese a casa o, si su regreso está destinado, que llegue tarde, después de perder a todos sus compañeros, a bordo de una nave ajena y encuentre desgracias en su hogar (Odisea 9.507–535).
La plegaria anticipa con notable precisión el regreso de Odiseo, aunque no explica por sí sola todas las desgracias del viaje. El poema ya había presentado la cólera de Poseidón como consecuencia del cegamiento del más poderoso de los cíclopes (Odisea 1.68–75).
La revelación del nombre tiene, por tanto, un precio narrativo. Ocultar su identidad bajo el nombre de Nadie ha salvado a Odiseo; ahora, su orgullo lo impulsa a reclamar su verdadero nombre y la gloria de su hazaña. Al hacerlo, proporciona a Polifemo los medios para dirigir contra él su súplica a Poseidón. Lo que parecía una victoria completa se convierte en el comienzo de una desgracia duradera.
Los cíclopes de Hesíodo pertenecen a otra tradición
Sección titulada «Los cíclopes de Hesíodo pertenecen a otra tradición»Los cíclopes de la Teogonía de Hesíodo no son simplemente los vecinos de Polifemo con biografías distintas. Brontes, Estéropes y Arges son hijos de Gea y Urano, seres primordiales que proporcionan a Zeus el trueno y fabrican su rayo (Teogonía 139–146 y 501–506). Hesíodo afirma explícitamente que cada uno posee un único ojo en medio de la frente.
También aquí conviene evitar la proyección de elaboraciones posteriores sobre los textos más antiguos. Homero presenta a Polifemo como pastor; Hesíodo asocia sus cíclopes con el rayo de Zeus y les atribuye una extraordinaria destreza artesanal. Su posterior representación como herreros que trabajan junto a Hefesto, en ocasiones en paisajes volcánicos asociados con el Etna, pertenece a desarrollos posteriores del mito.
Es más preciso hablar de tradiciones ciclópeas diferentes, que algunos autores posteriores acercaron entre sí, que construir una única «raza» mitológica continua.
Cómo llegó Polifemo a Sicilia
Sección titulada «Cómo llegó Polifemo a Sicilia»¿Vivía Polifemo en Sicilia en tiempos de Homero? Homero no lo dice. El libro 9 de la Odisea no menciona Sicilia, el Etna ni una costa identificable. Tucídides recoge una tradición según la cual los cíclopes y los lestrigones figuraban entre los habitantes más antiguos de Sicilia, pero reconoce que no puede decir quiénes eran, de dónde procedían ni adónde fueron. Deja esa cuestión a los poetas y a lo que se decía de ellos (Guerra del Peloponeso 6.2). Su testimonio demuestra que en su época circulaba ya la asociación de los cíclopes con Sicilia; no demuestra que Homero hubiera situado allí la aventura de Polifemo.
En su drama satírico Cíclope, Eurípides sitúa inequívocamente a Polifemo en Sicilia, junto al Etna, e introduce a Sileno y a los sátiros. El episodio homérico entra así en otro género teatral. El humor que ya estaba presente en Homero adquiere un carácter más abiertamente cómico y burlesco. Se trata de una reinterpretación clásica con un escenario geográfico explícito, no de una prueba de que el poema homérico escondiera aquella localización.
Sicilia y las errancias de Odiseo examina la historia de esas asociaciones geográficas sin tratarlas como un mapa proporcionado por el propio Homero.
Del antropófago al pastor enamorado
Sección titulada «Del antropófago al pastor enamorado»La tradición hizo algo más que atribuir nuevas localizaciones a Polifemo: transformó las historias que podían contarse sobre él. El cíclope o Galatea, de Filóxeno de Citera, probablemente compuesto después de 406 a. C. y antes de 388 a. C., constituye uno de los primeros testimonios importantes de la historia del cíclope enamorado. Sin embargo, la obra solo se conserva en fragmentos y no podemos reconstruir con certeza su tratamiento del mito.
En el Idilio 11 de Teócrito, Polifemo es un joven pastor enamorado de la ninfa marina Galatea. Canta su amor y se convierte en un personaje a la vez cómico y conmovedor. No estamos descubriendo un lado romántico que permanecía oculto en el Polifemo homérico, sino ante otro tratamiento literario del personaje, configurado por la poesía bucólica helenística.
Las Metamorfosis de Ovidio llevan la historia hacia una violencia distinta. Galatea ama al joven Acis, mientras Polifemo la corteja. Cuando el cíclope los descubre juntos, los celos lo enfurecen: arroja una enorme roca sobre Acis y lo aplasta. Galatea transforma después a su amante muerto en un río (Metamorfosis 13.738–897). Acis no pertenece al relato de Homero.
La transformación resulta reveladora. El antropófago de la Odisea se ha convertido en un pastor que canta por amor, pero su capacidad para ejercer una violencia terrible no ha desaparecido. En el Polifemo de Ovidio conviven el cantor enamorado y el gigante homicida.
Polifemo y el relato tradicional
Sección titulada «Polifemo y el relato tradicional»El episodio comparte un esquema reconocible con los cuentos clasificados bajo el tipo ATU 1137, «El ogro cegado»: encierro, nombre falso, cegamiento y huida escondiéndose bajo animales. ATU corresponde al catálogo Aarne–Thompson–Uther, una clasificación moderna de tipos de cuentos tradicionales. La clasificación permite reconocer un modelo narrativo presente en distintas tradiciones; no demuestra que Homero tomara prestado un cuento determinado ni revela una única vía de transmisión del relato.
Qué es homérico y qué vino después
Sección titulada «Qué es homérico y qué vino después»Los cíclopes primordiales de Hesíodo pertenecen a otra tradición mitológica antigua, no a una transformación posterior del Polifemo de Homero. La asociación de Polifemo con Sicilia y el Etna, las fraguas volcánicas y el pastor enamorado de Galatea corresponden a otros desarrollos de una tradición que continuó transformando al personaje a lo largo de los siglos.
Distinguir estas tradiciones no empequeñece a Polifemo. Nos permite comprender mejor cómo una figura de la Odisea pudo convertirse en tantas cosas distintas.
