La guerra de Troya: el relato y sus fuentes
La historia de la guerra de Troya que se cuenta a continuación no procede de una única obra antigua. Ha sido construida a partir de Homero y de muchos otros autores y tradiciones que, a lo largo de los siglos, contaron de maneras distintas los acontecimientos que precedieron y acompañaron a la caída de Troya.
Las fuentes antiguas no siempre coinciden entre sí. Un mismo episodio puede presentar versiones diferentes, y algunos personajes cambian de destino según quién cuente su historia. Esta diversidad forma parte del propio mito: durante siglos, las historias de Troya circularon oralmente, fueron recreadas por poetas y dramaturgos y acabaron conservándose en obras de épocas muy distintas.
El relato que sigue selecciona, combina y, cuando resulta necesario, enlaza esas tradiciones para construir una narración continua. No pretende reunir todas las variantes ni decidir cuál de ellas es la verdadera, sino respetar el espíritu del mito y aprovechar la riqueza de sus diferentes versiones para contar una historia coherente y amena.
En algunos pasajes proponemos también interpretaciones propias cuando las fuentes son incompletas, contradictorias o dejan espacio para ellas. Se presentan siempre como posibilidades —«es posible que», «cabe pensar», «no sería extraño»— y no como testimonios antiguos.
Su propósito es servir de entrada al mundo de la Odisea: presentar a sus personajes, explicar de dónde regresan Odiseo y los demás aqueos y permitir que, cuando comience su viaje, el lector conozca ya una parte de la historia que todos ellos llevan consigo.
Cada episodio va acompañado de sus principales fuentes antiguas y modernas y, cuando resulta útil, de comentarios sobre las variantes de la tradición y sobre la procedencia de algunos detalles del relato.
La guerra de Troya
La boda y la manzana de la discordia
Sección titulada «La boda y la manzana de la discordia»La boda y la manzana de la discordia
Las Ciprias, uno de los poemas perdidos del ciclo troyano, contaban el juicio de Paris y los nueve primeros años de la guerra. Por ahí empieza nuestro relato de la guerra de Troya.
Nadie, ni siquiera los dioses del Olimpo, habría previsto que la boda de Peleo, rey de los mirmidones, y Tetis, la nereida de pies argénteos deseada por Zeus y Poseidón, acabaría desencadenando la guerra de Troya por culpa de una manzana. Y, sin embargo, los hechos se desarrollaron luego de tal modo que parecía que nada hubiera podido suceder de otra manera.
Resulta comprensible que Eris, la diosa de la discordia, no fuese invitada al banquete nupcial cuando lo que se celebraba era precisamente una boda. Los demás dioses y diosas, en cambio, sí asistieron.
Despechada, Eris dejó caer en mitad del banquete una manzana de oro con la inscripción «para la más bella». La manzana fue a parar a los pies de tres diosas: la venerable Hera, de sandalias de oro, hermana y esposa de Zeus, reina del Olimpo; Atenea, la de ojos glaucos, hija de Zeus, virgen y diosa de la guerra y la sabiduría; y Afrodita, la de dulce sonrisa, diosa de la belleza, el deseo y el amor.
El todopoderoso Zeus no quiso entregar la manzana a ninguna de las tres. Es posible que quisiera evitar futuros reproches y disputas en el Olimpo, pero también da la sensación de que tuvo otros motivos que prefirió callar. Así que envió a su mensajero Hermes, el de las sandalias aladas, al monte Ida, cerca de Troya, con las tres diosas. Allí Paris, de hermoso rostro y rizada cabellera, apacentaba los rebaños de su padre Príamo, rey de Troya. Aquel simple mortal, que había llamado la atención por su belleza, su fuerza y su buen juicio, recibió de Zeus la orden de decidir cuál de las tres merecía el galardón.
Las tres diosas se presentaron ante el joven Paris. Antes de pronunciarse, él se disculpó por su inexperiencia en asuntos divinos y confesó su temor de equivocarse en el juicio. Pidió entonces a las tres rivales que se desnudaran para poder decidir mejor.
Empezó examinando a Hera y se admiró de su belleza majestuosa, sus grandes ojos, sus blancos brazos y su figura perfecta, mientras ella le prometía el dominio sobre toda Asia y grandes riquezas si la elegía. Luego fue el turno de Atenea, que le ofreció la victoria en la guerra y una sabiduría extraordinaria si la escogía como la más bella. Finalmente, Afrodita se acercó a Paris y supo llevarlo a su terreno: con una bonita sonrisa y mostrándole sus pechos, le ofreció el amor de Helena, la mujer más hermosa de Grecia y esposa de Menelao, rey de Esparta.
A Paris le atrajo más la promesa de una mujer casada que todo el poder, las riquezas y la sabiduría que las otras diosas pudieran ofrecerle, y otorgó el premio a Afrodita. Aquella decisión abrió la puerta a la catástrofe.
A decir verdad, Afrodita era tan bella como problemática. Su sonrisa embelesaba a hombres y dioses deseosos de ella, con consecuencias no del todo deseables. Hay en la contemplación de la belleza la promesa de una felicidad inefable que puede convertirse, sin que uno lo advierta, en la perdición de un hombre. Eso fue lo que ocurrió. Además, la elección de Paris agravió profundamente a Hera y Atenea, que desde entonces quedaron predispuestas contra Troya.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Ciprias, poema perdido del ciclo troyano, conocido sobre todo por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Es la fuente básica para la boda de Peleo y Tetis, la disputa entre Hera, Atenea y Afrodita, el traslado de las diosas al monte Ida y la elección de Afrodita por Paris, seducido por la promesa de Helena.
Apolodoro, Epítome 3.2. Resume el juicio de Paris y conserva con claridad las promesas de cada diosa: Hera le ofrece soberanía, Atenea victoria en la guerra y Afrodita el matrimonio con Helena.
Homero, Ilíada 24.25–30. No cuenta el episodio, pero alude al juicio de Paris como causa de la hostilidad de Hera y Atenea hacia Troya.
Eurípides, especialmente Las troyanas y Andrómaca. Conserva y reelabora la tradición del juicio de Paris y de las ofertas de las tres diosas.
Isócrates, Elogio de Helena 41. Otra formulación antigua del concurso y de las recompensas ofrecidas a Paris.
Luciano, Juicio de las diosas. Relato tardío pero muy detallado y dramatizado: Hermes conduce a las tres diosas ante Paris, que duda de su capacidad para juzgarlas y examina su belleza. Es una de las fuentes más útiles para los detalles escénicos del concurso.
Higino, Fábulas 92. Versión latina tardía del juicio de Paris y de las recompensas prometidas por Hera, Atenea y Afrodita.
Coluto, Rapto de Helena. Fuente tardía para detalles muy concretos de la presentación de Afrodita ante Paris, incluida la exhibición de sus pechos.
Nota: La manzana de oro no aparece en el resumen conservado de las Ciprias. El resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo habla de la disputa provocada por Eris, pero la manzana con la inscripción «para la más bella» aparece claramente en fuentes posteriores como Luciano e Higino.
Helena y Paris
Sección titulada «Helena y Paris»Helena y Paris
Paris se hizo a la mar bajo la protección de Afrodita y llegó a Esparta. Allí Menelao, el de rubia cabellera e hijo de Atreo, lo agasajó con honores, mientras Paris obsequiaba a Helena con diversos regalos y trataba de ganarse su favor. Menelao no sospechó sus intenciones y poco después tuvo que partir hacia Creta. La noche siguiente, Helena huyó con Paris, y ambos se llevaron gran parte de las riquezas del palacio.
Con viento favorable y mar en calma, alcanzaron Troya en solo tres días.
Antes de iniciar la guerra, Menelao y Odiseo acudieron a Troya para exigir la devolución de las riquezas sustraídas y el regreso de Helena a Esparta. Pero Helena no regresó a Esparta, las riquezas tampoco, y ahí se acabó la discusión.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Ciprias, poema perdido del ciclo troyano, conocido principalmente por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Paris viaja a Esparta bajo la protección de Afrodita; Menelao parte hacia Creta; Afrodita favorece la unión de Paris y Helena; ambos abandonan Esparta llevándose bienes de Menelao. El poema incluía también la embajada enviada a Troya para reclamar a Helena y las riquezas y la negativa de los troyanos.
Heródoto, Historias 2.117. Conserva una noticia particularmente valiosa sobre las Ciprias: Paris y Helena habrían llegado a Troya tres días después de abandonar Esparta, con viento favorable y mar en calma. Esta versión contradice el itinerario por Sidón que conocemos por otras tradiciones.
Apolodoro, Epítome 3.2–4. Paris es huésped de Menelao durante nueve días; Menelao marcha a Creta; Helena abandona a su hija Hermione y parte de noche con Paris llevándose buena parte de las riquezas. Apolodoro sigue después la variante de la tormenta y el desvío por Sidón, Fenicia y Chipre.
Homero, Ilíada 3.205–224. Antenor recuerda que Odiseo y Menelao estuvieron en Troya como embajadores a causa de Helena, y describe incluso la impresión que ambos le produjeron. Es un testimonio homérico independiente de la embajada anterior a los combates.
Apolodoro, Epítome 3.28–29. Identifica expresamente a Menelao y Odiseo como los enviados que reclaman la devolución de Helena y de los bienes; los troyanos se niegan y llegan a amenazarlos, hasta que Antenor los protege.
Homero, Ilíada 6.289–292. Alude a objetos y mujeres sidonias que Paris llevó a Troya en el mismo viaje en que condujo a Helena, testimonio que apunta hacia la variante de un recorrido por Fenicia y contrasta con el viaje directo de tres días.
Variantes. La ruta de Helena y Paris fue objeto de tradiciones incompatibles: viaje directo a Troya, desvío por Sidón o incluso permanencia de la verdadera Helena en Egipto mientras Paris llevaba a Troya una imagen o fantasma suyo. Nuestro relato sigue aquí la versión del viaje directo atribuida por Heródoto a las Ciprias.
La alianza aquea
Sección titulada «La alianza aquea»La alianza aquea
Agamenón, rey de Micenas, hijo de Atreo y hermano de Menelao, fue designado comandante en jefe del ejército aqueo: una coalición de reyes y pueblos griegos que zarparía rumbo a Troya, dispuesta a hacer la guerra.
Agamenón, Menelao y Palamedes, hijo del rey Nauplio de Eubea y hombre de agudo ingenio, fueron a la pedregosa Ítaca para reclutar a Odiseo, el de muchas astucias, que al principio hizo todo lo posible por zafarse de la expedición: temía una guerra demasiado larga, y no iba desencaminado. Fingió haber perdido la razón para librarse de ella; pero Palamedes descubrió el engaño al poner en peligro la vida de Telémaco, su hijo, y obligó a Odiseo a revelar que fingía. Descubierto, Odiseo no tuvo más remedio que acompañarlos.
También se unió a la expedición Calcante, hijo de Téstor y adivino de los aqueos. Fue él quien aconsejó reclutar a Aquiles, el de los pies ligeros y el mejor de los aqueos —hijo, precisamente, de Peleo y Tetis, cuya boda había dado lugar a la manzana de la discordia—. Entre los guerreros que acudieron a la expedición estaba también el legendario arquero Filoctetes, hijo de Peante.
Diomedes, hijo de Tideo, rey de Argos y guerrero notable, también se sumó a la empresa, así como el viejo Néstor, rey de Pilos y dulce de palabra, que acompañó a Agamenón como consejero. Áyax, hijo de Telamón, de Salamina, dueño de un enorme escudo y baluarte de los aqueos, se incorporó al ejército; y con él marchó también Teucro, su hermanastro, hábil arquero, así como Áyax de Oileo, de Lócride, diestro con la lanza.
Hera, la venerable esposa de Zeus, era muy consciente de lo que le había prometido a Paris si la elegía como la más bella: hacerlo señor de Asia y dueño de inmensas riquezas. Troya dominaba el paso hacia el mar Negro por el Helesponto y las rutas comerciales entre el Egeo y Asia Menor. Las ciudades griegas no podían acceder libremente a esas rutas sin someterse al control estratégico troyano, y entre las motivaciones no confesadas de la guerra estaban también las ambiciones comerciales de unos y otros. Esos intereses no pasaban inadvertidos entre los dioses, que también tenían sus propias preferencias. En cierto modo, vivían del homenaje que les rendían los mortales: sacrificios, libaciones y ofrendas que mantenían una relación de honor y reciprocidad entre hombres y dioses. Hera y Atenea no habían perdonado a Paris su elección, mientras Zeus sentía especial afecto por Troya, por Príamo y por su pueblo, que lo honraban generosamente.
Cuando la flota aquea llegó a las islas cercanas a Troya, saqueó Ténedos. Allí Filoctetes fue mordido por una serpiente en el pie, y la herida se le infectó. El hedor y sus continuos gritos de dolor se hicieron insoportables para el ejército, y Agamenón ordenó que lo abandonaran en la isla de Lemnos.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Ciprias, poema perdido del ciclo troyano, conocido principalmente por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Relataba la reunión de los aqueos, la falsa locura de Odiseo para evitar la expedición, la intervención de Palamedes, la concentración de la flota y los primeros episodios del viaje hacia Troya.
Apolodoro, Epítome 3.7–15. Fuente principal para el reclutamiento de Odiseo: finge haber perdido la razón, Palamedes pone en peligro a Telémaco y Odiseo se ve obligado a descubrir el engaño. También recoge la reunión de los contingentes aqueos y buena parte de la composición de la expedición.
Luciano, El salón 30; Higino, Fábulas 95. Conservan variantes del episodio de la falsa locura de Odiseo. En la tradición más desarrollada, Odiseo ara con animales desparejados y Palamedes coloca al pequeño Telémaco ante el arado para obligarlo a detenerse.
Homero, Ilíada 2, Catálogo de las naves. Gran relación de los contingentes y jefes aqueos que participan en la expedición: Agamenón, Menelao, Néstor, Diomedes, Odiseo, los dos Áyax, Filoctetes y muchos otros. Sirve de base para presentar la alianza aquea como una coalición de reyes y pueblos.
Sófocles, Filoctetes. Fuente fundamental para el abandono de Filoctetes en Lemnos. Su herida en el pie, el hedor y sus gritos de dolor explican que los aqueos decidan dejarlo atrás. La tradición del episodio aparece también en Apolodoro y en el ciclo épico.
Robert Graves, Los mitos griegos. Utilizado aquí para la interpretación histórica del conflicto. Graves sostiene expresamente que, cualquiera que fuese su causa inmediata, la guerra de Troya fue también una guerra comercial: Troya controlaba el acceso al comercio del mar Negro a través del Helesponto, y su caída habría permitido a los griegos abrirse paso por esas rutas. Incluso sugiere que las negociaciones entre Agamenón y Príamo pudieron tener tanto que ver con el acceso griego al Helesponto como con la devolución de Helena.
Nueve años de guerra
Sección titulada «Nueve años de guerra»Nueve años de guerra
La guerra empezó, y cada bando, ayudado por los dioses, causó al otro todo el daño que pudo. Junto a los troyanos combatían sus aliados, entre ellos los dardanios, encabezados por el gran Eneas, hijo de Anquises y uno de los más destacados guerreros del bando troyano. Al frente de los troyanos estaba Héctor, el de tremolante casco e hijo del rey Príamo.
Protesilao, de Tesalia, fue el primer aqueo en desembarcar dispuesto a atacar Troya, pero Héctor lo mató poco después de que pisara tierra. A esa muerte le siguieron centenares de muertes, y durante nueve años la guerra se volvió interminable: los aqueos saqueaban ciudades y territorios de Asia Menor aliados con los troyanos, mientras Troya resistía detrás de sus sólidas murallas.
La guerra hizo aflorar lo mejor y lo peor de los hombres. Según una tradición posterior, Odiseo, que odiaba a Palamedes, le tendió una trampa: lo acusó falsamente de traición, hizo creer que se había vendido por dinero a los troyanos y falsificó las pruebas. Como consecuencia, Palamedes fue lapidado hasta morir.
En parte, fue una venganza de Odiseo por haberlo obligado a ir a una guerra a la que no quería ir, amenazándolo en su momento con matar a su hijo Telémaco. Pero, según decían algunos, Odiseo también sentía envidia del ingenio y el talento de Palamedes, y no soportaba sus burlas.
La muerte injusta de Palamedes acarrearía más adelante consecuencias trágicas para todos los que tuvieron parte en aquel asesinato.
Patroclo, hijo de Menecio, natural de Opunte, en la Lócride, y acogido en la casa de Peleo, era el más querido compañero de Aquiles. Ambos causaron, junto a Áyax, hijo de Telamón, Diomedes y Odiseo, muchas muertes en el bando troyano.
En una de aquellas incursiones, durante el saqueo de Tebas Hipoplacia, cayó prisionera Criseida, la de hermosas mejillas, hija de Crises, sacerdote de Apolo, y Agamenón la recibió como parte del botín.
Nos encontramos ya en el décimo año de la guerra, cuando empieza propiamente el relato de la Ilíada.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Ciprias, poema perdido del ciclo troyano, conocido sobre todo por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Después del desembarco, los aqueos atacaban Troya y saqueaban el territorio y las ciudades vecinas. Aquiles devastaba poblaciones aliadas de los troyanos, capturaba botín y recibía a Briseida, mientras Agamenón recibía a Criseida. El poema incluía también la muerte de Palamedes y el catálogo de los aliados troyanos.
Apolodoro, Epítome 3.30–34. Protesilao es el primer aqueo que desembarca y muere a manos de Héctor; Aquiles emprende después campañas por la Tróade, saquea numerosas ciudades y, transcurridos nueve años, aparecen enumerados los aliados de Troya. Entre ellos figuran los dardanios encabezados por Eneas.
Homero, Ilíada 2.815 ss. Héctor aparece al frente de los troyanos y Eneas, hijo de Anquises y Afrodita, dirige a los dardanios. El catálogo troyano permite reconstruir la variedad de pueblos y aliados que combatían junto a Troya.
Apolodoro, Epítome 3.8; Higino, Fábulas 105. Conservan la versión de la venganza de Odiseo contra Palamedes: una carta falsa de Príamo, oro escondido como supuesta recompensa por la traición y la posterior condena de Palamedes a morir lapidado.
Dictys de Creta, Diario de la guerra de Troya 2.15. Ofrece otra versión de la muerte de Palamedes: Odiseo y Diomedes lo engañan haciéndole bajar a un pozo y lo matan a pedradas. El relato atribuye el crimen en buena medida a la envidia de Odiseo ante el talento y el prestigio de Palamedes.
Gorgias, Defensa de Palamedes. No pretende narrar la guerra, pero testimonia la antigua tradición que convirtió a Palamedes en víctima de una acusación injusta de traición y desarrolla su defensa frente a las acusaciones de Odiseo.
Homero, Ilíada 1. Aquiles recuerda el saqueo de Tebas Hipoplacia y el reparto del botín: Criseida fue adjudicada a Agamenón. Este episodio enlaza directamente los años anteriores de guerra con el comienzo de la Ilíada.
Variantes. La tradición coincide en que Protesilao fue el primer aqueo en desembarcar y morir, aunque no todas las fuentes atribuyen su muerte a Héctor. También la muerte de Palamedes tuvo versiones muy distintas: falsa acusación de traición, muerte a pedradas en un pozo e incluso ahogamiento mientras pescaba.
La cólera de Aquiles
Sección titulada «La cólera de Aquiles»La cólera de Aquiles
Crises se presentó en el campamento aqueo dispuesto a pagar un abundante rescate por su hija, pero Agamenón, prendado de Criseida, se negó a devolverla, aunque los demás aqueos le aconsejaban respetar al sacerdote y aceptar el rescate. Retuvo a la muchacha y despidió a su padre con amenazas y malos modos. Crises se alejó en silencio por la orilla del mar y rogó a Apolo que castigara a los aqueos, recordándole los sacrificios con que lo había honrado.
El dios descendió de las cumbres del Olimpo con su arco de plata y el carcaj sobre los hombros. Se sentó apartado de las naves y disparó sus flechas sobre el campamento aqueo. Alcanzó primero a las mulas y a los perros, y después a los hombres. La peste se extendió entre los griegos y las piras funerarias ardían sin cesar. Durante nueve días, las flechas del dios llevaron la muerte por todo el campamento.
Al décimo, Aquiles convocó una asamblea, temiendo que la peste deshiciera el ejército aqueo y lo obligara a regresar. Calcante sabía cuál era la causa de la desgracia, pero temía la reacción de Agamenón y pidió antes la protección de Aquiles. Aquiles le aseguró que nadie le haría daño mientras él estuviera allí. Entonces el adivino reveló que Agamenón había ofendido al sacerdote de Apolo, y el dios no retiraría la peste hasta que Criseida fuera devuelta a su padre sin rescate y los aqueos ofrecieran sacrificios en su honor.
El reparto del botín no era una cuestión puramente material: la parte adjudicada a cada jefe representaba también su honor y su posición entre los aqueos. Aquiles recordó a Agamenón que lo saqueado ya había sido repartido y que no quedaba un tesoro común del que darle una nueva recompensa.
Agamenón aceptó de mala gana devolver a Criseida a su padre, Crises, pero exigió otra recompensa a cambio para no quedarse sin su parte del botín. Finalmente, ordenó que le entregaran a Briseida, la cautiva que los aqueos habían adjudicado a Aquiles. Furioso por aquella afrenta, Aquiles abandonó la lucha y se retiró junto a sus naves.
Aquiles pidió entonces a su madre Tetis que intercediera ante Zeus. Tetis suplicó al dios que favoreciera a los troyanos hasta que los aqueos comprendieran la afrenta cometida contra su hijo y le devolvieran el honor que le correspondía. Zeus accedió a su petición. La retirada de Aquiles y sus mirmidones, unida al favor del dios, infundió nuevo ánimo al ejército troyano, que fue haciendo retroceder a los aqueos y recuperando la iniciativa en la guerra.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Ilíada 1.1–32. Crises llega a las naves aqueas con un rico rescate para recuperar a su hija. Los demás aqueos consideran que debe respetarse al sacerdote y aceptarse el rescate, pero Agamenón lo rechaza y lo despide con amenazas. Crises pide entonces a Apolo que castigue al ejército.
Homero, Ilíada 1.33–52. Apolo escucha la súplica, desciende con el arco y comienza a disparar sobre el campamento: primero contra mulas y perros y después contra los hombres. La peste dura nueve días antes de que Aquiles convoque la asamblea.
Homero, Ilíada 1.53–120. Calcante conoce la causa de la peste, pero teme a Agamenón y pide la protección de Aquiles antes de hablar. Revela que Apolo no cesará hasta que Criseida sea devuelta sin rescate y se ofrezca una hecatombe al dios.
Homero, Ilíada 1.121–187. La discusión entre Aquiles y Agamenón gira en torno al reparto del botín y al honor que representa la recompensa recibida. Agamenón acepta devolver a Criseida, pero exige otra parte del botín y decide apoderarse de Briseida.
Homero, Ilíada 1.188–348. La disputa alcanza su punto máximo. Agamenón envía a buscar a Briseida y Aquiles, deshonrado, se retira del combate junto a sus mirmidones.
Homero, Ilíada 1.348–427. Aquiles pide a Tetis que consiga de Zeus una reparación de su honor haciendo que los aqueos sufran mientras él permanezca apartado de la lucha.
Homero, Ilíada 1.493–530. Tetis suplica a Zeus que favorezca a los troyanos hasta que los aqueos restituyan a Aquiles el honor perdido. Zeus finalmente accede. La propia súplica vincula explícitamente la pérdida de la recompensa de Aquiles con su honor (timḗ) y con el objeto que Agamenón le ha arrebatado como premio o parte del botín (géras).
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Honor y botín. La disputa no se reduce a la posesión de Briseida. En el mundo heroico de la Ilíada, la parte del botín recibida por un jefe constituye una manifestación visible de su honor y de su rango. Al apropiarse de Briseida, Agamenón no solo priva a Aquiles de una cautiva: lo humilla públicamente.
La guerra sin Aquiles
Sección titulada «La guerra sin Aquiles»La guerra sin Aquiles
La retirada de Aquiles dejó al descubierto el malestar que se había extendido entre los aqueos. Poco después, Agamenón fingió ante el ejército que había decidido abandonar la guerra y regresar a Grecia, convencido de que los hombres se opondrían y reafirmarían su voluntad de seguir combatiendo. Pero la estratagema se le volvió en contra: los aqueos acogieron la propuesta con entusiasmo y corrieron hacia las naves. Odiseo tuvo que hacerlos volver y reunir de nuevo la asamblea. Allí Tersites, un guerrero aqueo sin rango ni mando destacados, se atrevió a reprochar públicamente a Agamenón su avidez de botín y el trato dado a Aquiles, y volvió a proponer el regreso. Odiseo lo hizo callar golpeándolo con el cetro, mientras los demás aqueos reían.
La intervención divina llegó a ser tan directa que Diomedes, protegido y guiado por Atenea, hirió a Afrodita en una mano. De la herida brotó el ícor, el fluido inmortal que circulaba por las venas de los dioses, y su hermosa piel se oscureció por el dolor. Con ayuda de Atenea, Diomedes llegó a herir también al propio Ares.
Poco después, Zeus prohibió a los dioses intervenir directamente en la batalla y amenazó con arrojar al Tártaro a quien desobedeciera. Para que nadie dudase de su autoridad, aseguró que ni todos los dioses juntos podrían hacerlo bajar del cielo, mientras que él solo sería capaz de levantarlos a todos, junto con la tierra y el mar, mediante una cadena de oro. Pero aquella prohibición no puso fin a las intrigas de los dioses ni a sus intentos de favorecer a unos u otros.
Durante aquellos días, Héctor desafió a los aqueos a que eligieran un guerrero para enfrentarse con él en combate singular. Varios se ofrecieron, y el sorteo señaló a Áyax, hijo de Telamón. Los dos lucharon con lanzas y piedras hasta que cayó la noche, sin que ninguno consiguiera imponerse. Los heraldos pusieron fin al combate y ambos, en reconocimiento del valor de su adversario, intercambiaron regalos: Áyax entregó a Héctor un tahalí de púrpura, y Héctor dio a Áyax una espada adornada con plata.
La situación llegó a ser tan desesperada que Néstor convenció a Agamenón de que debía reparar la afrenta y tratar de reconciliarse con Aquiles. Agamenón aceptó reparar el daño y ofreció devolverle a Briseida, además de numerosos y valiosos regalos. Una embajada formada por Odiseo, Fénix, el anciano preceptor y consejero de Aquiles, y Áyax fue hasta las naves de los mirmidones para transmitirle la propuesta, pero Aquiles se negó a volver al campo de batalla y llegó incluso a plantearse regresar a Ptía.
Hera seguía sin perdonar a Paris la elección de Afrodita como la más bella, y no ocultaba su hostilidad hacia Troya. Zeus había prometido a Tetis favorecer a los troyanos mientras Aquiles permaneciera apartado de la lucha, pero a Hera no le gustaba ver cómo inclinaba la balanza a su favor. Como no podía oponerse abiertamente a Zeus, decidió apartarlo por un tiempo de la batalla. Pidió a Afrodita la banda bordada que la diosa llevaba sobre el pecho, en la que residían el amor, el deseo y una persuasión capaz de nublar el entendimiento incluso de los más juiciosos. Con ella sedujo a Zeus y, con ayuda del Sueño, consiguió que se durmiera mientras Poseidón acudía en auxilio de los aqueos. Pero, cuando Zeus despertó y comprendió lo sucedido, ordenó a Poseidón retirarse y envió a Apolo en ayuda de los troyanos.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Ilíada 2.1–277. Agamenón, engañado por el sueño enviado por Zeus, pone a prueba al ejército anunciando que ha decidido abandonar Troya. Los aqueos corren hacia las naves y Odiseo debe hacerlos regresar. En la asamblea, Tersites acusa a Agamenón de codicia, recuerda la afrenta cometida contra Aquiles y propone volver a casa; Odiseo lo golpea con el cetro ante las risas del ejército.
Homero, Ilíada 5.330–430; 5.846–909. Durante la gran acometida de Diomedes, Atenea le permite distinguir a los dioses en el campo de batalla. Diomedes hiere primero a Afrodita en la mano y después, con ayuda directa de Atenea, alcanza al propio Ares. Homero explica que de las heridas divinas mana ícor, no sangre mortal.
Homero, Ilíada 8.1–27. Zeus prohíbe a los demás dioses intervenir en la guerra y amenaza con arrojar al Tártaro a quien lo desobedezca. Para afirmar su superioridad propone la imagen de la cadena de oro: todos los dioses juntos no conseguirían arrastrarlo desde el cielo, mientras que él podría elevar con ella a dioses, tierra y mar.
Homero, Ilíada 7.66–312. Héctor reta a los aqueos a un combate singular. Varios héroes se ofrecen y el sorteo designa a Áyax Telamonio. Combaten hasta la llegada de la noche sin vencedor claro. Al separarse intercambian regalos: Héctor entrega a Áyax una espada adornada con plata y Áyax le entrega un tahalí o cinturón de púrpura.
Homero, Ilíada 9.89–713. Ante el deterioro de la situación aquea, Néstor aconseja a Agamenón reconciliarse con Aquiles. Agamenón reconoce su error y ofrece devolver a Briseida junto con abundantes regalos. Odiseo, Fénix y Áyax forman la embajada que acude a las naves de los mirmidones. Aquiles rechaza la propuesta y llega a plantearse regresar a Ptía.
Homero, Ilíada 14.153–353. Hera decide apartar a Zeus del combate. Obtiene de Afrodita el ceñidor o banda en que residen el amor, el deseo y la persuasión, seduce a Zeus en el Ida y, con ayuda del Sueño, consigue que se duerma. Mientras tanto, Poseidón presta apoyo directo a los aqueos.
Homero, Ilíada 15.1–280. Zeus despierta, comprende lo ocurrido y restaura la situación que había dispuesto. Ordena a Poseidón retirarse del combate y envía a Apolo para ayudar a Héctor y a los troyanos.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Unidad del relato. Todos estos episodios pertenecen a la Ilíada. Aunque aparecen repartidos entre los libros 2 y 15, nuestro relato los selecciona para seguir una sola línea: qué ocurre en la guerra mientras Aquiles permanece apartado del combate.
Patroclo, Héctor y Príamo
Sección titulada «Patroclo, Héctor y Príamo»Patroclo, Héctor y Príamo
La guerra se recrudeció entre los mortales y se convirtió en una sucesión de duelos entre héroes, batallas y montones de muertos, hasta que Héctor mató a Patroclo. Patroclo había salido al combate con la armadura de Aquiles al frente de los mirmidones para intimidar a los troyanos, que se habían envalentonado y ganaban terreno. Aquiles le había ordenado que los rechazara lejos de las naves, pero que no los persiguiera hasta Troya. Patroclo, sin embargo, se dejó arrastrar por el ardor del combate y continuó avanzando después de haber cumplido su misión, persiguiendo a los troyanos hasta las murallas. Allí Apolo lo rechazó y, cuando volvió al combate, el dios lo golpeó por la espalda, lo desarmó y lo dejó indefenso. Euforbo, hijo de Pántoo y guerrero troyano, lo hirió entonces con su lanza y se retiró; finalmente Héctor le dio el golpe mortal.
Cuando Aquiles supo que Patroclo había muerto, su dolor fue tan profundo como el afecto que le tenía. Tetis le advirtió que, si mataba a Héctor, su propia muerte no tardaría en llegar, y le llevó una nueva armadura forjada por Hefesto, el deforme dios herrero, esposo de Afrodita. Aquiles aceptó su destino, puso fin a su disputa con Agamenón y regresó al combate dispuesto a vengar a Patroclo. Hizo retroceder al ejército troyano hasta los muros de Troya.
El rey Príamo abrió las puertas para que sus hombres pudieran entrar y resguardarse dentro de la ciudad, y luego las cerró de nuevo. Héctor permaneció fuera. Príamo y Hécuba le suplicaron que entrara en la ciudad, pero él decidió quedarse. Sin embargo, cuando vio acercarse a Aquiles, tuvo miedo y huyó. Aquiles lo persiguió tres veces alrededor de las murallas.
Entonces Atenea tomó la apariencia de Deífobo, hermano de Héctor, y le hizo creer que combatirían juntos contra Aquiles. Cuando Héctor comprendió que había sido engañado y que los dioses lo habían abandonado, decidió afrontar la muerte. Aquiles lo atravesó con su lanza y, después de despojarlo de la armadura, sujetó el cadáver al carro con el tahalí que años antes Áyax había regalado a Héctor tras su duelo. Luego fustigó a los caballos y arrastró el cuerpo hacia el campamento aqueo.
Durante varios días, Aquiles ultrajó el cuerpo de Héctor arrastrándolo alrededor de la tumba de Patroclo. Finalmente, Príamo, guiado por Hermes, entró de noche en el campamento aqueo y llegó hasta la tienda de Aquiles. Cuando los aqueos llegaron a Troya, Príamo tenía cincuenta hijos, y muchos habían muerto ya durante la guerra. Se arrodilló ante él, besó las manos que habían matado a tantos de sus hijos y le pidió que recordara a su propio padre, Peleo. Le ofreció un rico rescate por el cuerpo de Héctor. Príamo lloró a su hijo, mientras Aquiles lloraba a Patroclo y recordaba a su padre ausente. Después, Aquiles aceptó devolverle el cadáver y concedió a los troyanos tiempo para celebrar los funerales.
Así termina la Ilíada: no con la caída de Troya, sino con los funerales de Héctor. La narración de la guerra continúa en otros relatos del ciclo troyano: la Etiópida, la Pequeña Ilíada, la Destrucción de Ilión y los Regresos.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Ilíada 16. Patroclo entra en combate con las armas de Aquiles al frente de los mirmidones. Después de rechazar a los troyanos de las naves, continúa avanzando hacia Troya. Apolo interviene, lo golpea y lo desarma; Euforbo lo hiere con la lanza y Héctor le da finalmente el golpe mortal. El propio Patroclo, antes de morir, recuerda que Apolo, Euforbo y Héctor han participado sucesivamente en su muerte.
Homero, Ilíada 18. Aquiles recibe la noticia de la muerte de Patroclo y se entrega a un duelo extremo. Tetis le advierte que su propia muerte llegará poco después de la de Héctor. Aquiles acepta ese destino y decide regresar a la lucha; Tetis acude entonces a Hefesto para obtener una nueva armadura para su hijo.
Homero, Ilíada 19. Tetis entrega a Aquiles las armas forjadas por Hefesto y Aquiles pone fin públicamente a su disputa con Agamenón antes de regresar al combate.
Homero, Ilíada 20–21. Aquiles vuelve a la batalla y provoca una matanza entre los troyanos, que terminan retrocediendo hacia las murallas de Troya. Estos libros conducen directamente al enfrentamiento final con Héctor.
Homero, Ilíada 22. Príamo y Hécuba suplican a Héctor que entre en la ciudad; Héctor permanece fuera, pero huye al ver acercarse a Aquiles y ambos dan tres vueltas alrededor de Troya. Atenea adopta la apariencia de Deífobo y engaña a Héctor para que se detenga y combata. Aquiles lo mata y ultraja después su cadáver, atándolo al carro y arrastrándolo hacia las naves.
Sófocles, Áyax 1029–1039 aprox. Conserva la tradición según la cual Héctor fue arrastrado precisamente con el tahalí que Áyax le había regalado después de su combate singular. La tragedia establece además una simetría funesta: Héctor muere ultrajado por el regalo de Áyax y Áyax acabará suicidándose con la espada que había recibido de Héctor. Este detalle no aparece así en Homero.
Homero, Ilíada 24. Aquiles continúa ultrajando el cadáver de Héctor, aunque Apolo lo protege de la corrupción. Los dioses intervienen finalmente para que sea devuelto. Hermes guía a Príamo hasta el campamento aqueo; el anciano recuerda a Aquiles a su propio padre, besa las manos que han matado a sus hijos y ofrece un rico rescate. Aquiles y Príamo lloran juntos, cada uno por sus muertos, y Aquiles acepta devolver el cuerpo y conceder una tregua para los funerales. Príamo recuerda también que tenía cincuenta hijos cuando llegaron los aqueos.
Resumen del ciclo épico atribuido a la Crestomatía de Proclo. La Ilíada termina con los funerales de Héctor. La continuación de la guerra correspondía a otros poemas hoy perdidos: la Etiópida, seguida por la Pequeña Ilíada y la Destrucción de Ilión; después, los Regresos narraban la dispersión y el retorno de los vencedores.
Después de Héctor
Sección titulada «Después de Héctor»Después de Héctor
Aquiles continuó siendo el enemigo más implacable de los troyanos y sus aliados. Se enfrentó a Pentesilea, reina de las amazonas, hija de Ares, que había acudido en ayuda de Troya. Aquiles la hirió primero con su lanza por encima del pecho derecho y, en una segunda acometida, atravesó con ella al caballo y alcanzó también a Pentesilea, que cayó muerta junto a su montura. Según se cuenta, Aquiles la contempló un instante después de darle muerte y se enamoró de ella.
Tersites, el guerrero aqueo que había increpado a Agamenón en la asamblea, se burló de Aquiles por aquel extraño amor, y Aquiles lo mató de un golpe.
También llegó en ayuda de Troya Memnón, rey de los etíopes, hijo de Eos, la Aurora de dedos sonrosados, y del príncipe troyano Títono. Memnón era uno de los hombres más bellos de su tiempo y algunos lo describen de piel oscura. Causó estragos entre los aqueos y mató a Antíloco, hijo de Néstor. Aquiles se enfrentó a Memnón y le atravesó el cuerpo con la espada.
Su muerte dejó desconsolada a su madre, Eos, la Aurora de dedos sonrosados. Hay quien dice que Eos pidió a Zeus la inmortalidad para su hijo y que Zeus se la concedió. Otros cuentan que Eos siguió llorando la muerte de Memnón y que sus lágrimas son el rocío que cubre la tierra al amanecer.
Hasta que llegó el día en que Aquiles cayó en una emboscada.
Según un relato posterior, el talón de Aquiles era su único punto débil: su madre Tetis, siguiendo su instinto protector, había sumergido al niño en las aguas de la Estigia para hacerlo invulnerable, pero lo sostuvo por un talón, que quedó sin tocar por las aguas.
Pero hay quien dice que el verdadero punto débil de Aquiles no fue su talón, sino una hermosa muchacha. Según distintos relatos, Aquiles se enamoró secretamente de Políxena, hija del rey Príamo, desde la primera vez que la vio, cuando acompañaba a su madre, Hécuba, al templo de Apolo: esbelta, de bellos ojos y larga cabellera rubia, vestía una hermosa túnica sacerdotal y lucía brazaletes y otras joyas de oro. Políxena acompañó también a su padre cuando acudió a reclamar el cuerpo de su hermano Héctor a cambio de su peso en oro y contribuyó al rescate entregando sus propias joyas. Aquiles, prendado de su belleza, pidió su mano, pero Príamo insistió en pagar el rescate y no le entregó a su hija.
Paris, con la ayuda de Apolo, acabó con la vida de Aquiles disparándole una flecha en su talón. Algunos relatos cuentan que, el día de la emboscada, Aquiles se dirigió confiado al templo de Apolo, donde lo aguardaba Políxena, hija de Príamo y hermana de Héctor, dispuesta a convertirse en su esposa si los aqueos regresaban a casa sin Helena.
Lo que nadie se explica es cómo supo Paris cuál era el punto débil de Aquiles. O quizá no lo supo y bastó con que Apolo guiara la flecha. Ahora bien, si alguien pudo arrancar a Aquiles una confesión tan imprudente, solo pudo ser Políxena. No resulta difícil imaginar que la muchacha, deseosa de vengar a su hermano Héctor, supiera servirse de su belleza para sonsacar su secreto al gran héroe aqueo.
Áyax, hijo de Telamón, y Odiseo, que temían una traición, fueron en busca de Aquiles al templo de Apolo, pero llegaron tarde. Entonces se libró una feroz batalla por el cuerpo del héroe, hasta que ambos consiguieron llevar el cadáver al campamento aqueo. Según se dice, desde aquel momento quedó decidido que Políxena sería sacrificada algún día sobre su tumba.
El duelo por la muerte de Aquiles duró diecisiete días, y al decimoctavo su cuerpo fue quemado en una pira funeraria. Sus cenizas se mezclaron con las de Patroclo, y así quedaron unidos para siempre.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Etiópida, poema perdido del ciclo troyano atribuido a Arctino de Mileto y conocido principalmente por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Continuaba el relato después de los funerales de Héctor. Contaba la llegada de Pentesilea y de Memnón en ayuda de Troya, sus muertes a manos de Aquiles, la muerte de Antíloco, la disputa de Aquiles con Tersites y, finalmente, la muerte del propio Aquiles por intervención de Paris y Apolo. También narraba la lucha por recuperar su cadáver: Áyax lo llevaba hacia las naves mientras Odiseo contenía a los troyanos.
Apolodoro, Epítome 5.1–5.5. Resume buena parte de esta tradición: Aquiles mata a Pentesilea y, según una versión, se enamora de ella después de darle muerte; Tersites se burla de él y Aquiles lo mata. Memnón, hijo de Eos y Títono, llega con los etíopes, mata a Antíloco y muere a manos de Aquiles. Poco después, Paris y Apolo hieren mortalmente a Aquiles junto a las puertas de Troya. Áyax recupera el cadáver mientras Odiseo combate a quienes intentan arrebatárselo.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas 1–3. Desarrolla ampliamente episodios que el ciclo épico solo nos permite conocer de forma resumida. De aquí proceden numerosos detalles narrativos de los combates contra Pentesilea y Memnón y una versión extensa de la muerte de Aquiles.
Homero, Odisea 11.522. Memnón seguía siendo para Homero una referencia excepcional de belleza: Odiseo recuerda a Eurípilo como el hombre más hermoso que había visto después de Memnón. La alusión demuestra que el personaje pertenecía ya al horizonte épico conocido por el poeta.
Tradición antigua sobre Memnón. Diversos autores desarrollaron su condición de hijo de Eos, la Aurora, y el duelo de su madre. Algunas tradiciones explicaban el rocío de la mañana como las lágrimas que Eos continuaba derramando por él.
Apolodoro, Epítome 5.3, y tradición del ciclo épico. La muerte de Aquiles no aparece narrada en la Ilíada. En Apolodoro recibe una flecha en el tobillo disparada por Paris con intervención de Apolo; otras versiones atribuyen la muerte principalmente a uno u otro. El propio Héctor había profetizado en la Ilíada que Paris y Apolo acabarían con Aquiles.
Estacio, Aquileida 1, y tradición posterior sobre la Estigia. La idea de que Tetis sumergió a Aquiles en la Estigia para hacerlo invulnerable pertenece a una tradición mucho más tardía que Homero. Estacio alude a la inmersión, aunque el detalle preciso del punto vulnerable se desarrolla sobre todo en la tradición exegética posterior.
Virgilio, Ovidio, Servio, Higino y otros autores latinos. Contribuyeron a fijar la imagen de Paris disparando la flecha mientras Apolo la dirige hacia el punto vulnerable de Aquiles. La tradición no fue uniforme: algunas fuentes atribuyen la muerte a Paris, otras a Apolo y otras a ambos conjuntamente.
Dictys de Creta, Dares el Frigio, Higino, Tzetzes y los mitógrafos vaticanos. Conservan distintas versiones tardías que relacionan la muerte de Aquiles con su amor por Políxena. En ellas, el deseo de casarse con la hija de Príamo conduce al héroe, confiado y en ocasiones desarmado, hasta el templo de Apolo, donde Paris prepara la emboscada. Algunas versiones hacen que Príamo ofrezca a Políxena a cambio de que Aquiles abandone la guerra.
Excidium Troiae, relato latino anónimo. El manuscrito más antiguo utilizado por Atwood y Whitaker es de finales del siglo IX; la fecha de composición de la obra sigue siendo incierta. En las pp. 12–13 y 20 de su edición, Políxena obtiene mediante caricias y muestras de afecto el secreto del talón vulnerable de Aquiles y lo comunica a sus padres.
Filóstrato, Heroico 51. Ofrece una versión distinta: Aquiles y Políxena se enamoran y se plantean negociaciones matrimoniales, pero Aquiles muere en el santuario de Apolo Timbreo. Después, Políxena decide quitarse la vida sobre la tumba del héroe. No es, por tanto, una simple variante de la emboscada ni del sacrificio impuesto por los aqueos.
Segundo Mitógrafo Vaticano y tradición tardía. Una de esas versiones cuenta que Aquiles vio a Políxena cuando esta contribuía al rescate del cadáver de Héctor entregando sus joyas. Esa tradición ayuda a explicar nuestro relato sobre el enamoramiento de Aquiles y la intervención de Políxena en el rescate.
Homero, Odisea 24.58–84. Agamenón recuerda en el Hades los funerales de Aquiles: aqueos y dioses lo lloraron durante diecisiete días y al decimoctavo su cuerpo fue quemado. Sus restos acabaron reunidos con los de Patroclo, manteniendo unidos después de la muerte a los dos compañeros.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»El talón de Aquiles. Homero no conoce la historia de que Tetis hiciera invulnerable a su hijo sumergiéndolo en la Estigia. Esa tradición es posterior. Tampoco las fuentes antiguas fijan de manera completamente estable el lugar exacto de la herida: Apolodoro habla del tobillo, mientras la tradición posterior acabó consagrando el talón. Incluso el lado varía: la tradición exegética asociada a la Aquileida de Estacio identifica el talón izquierdo, mientras otras recreaciones posteriores han hablado del derecho o simplemente del «talón de Aquiles». Por eso nuestro relato no precisa ya derecha ni izquierda.
Políxena y la muerte de Aquiles. La conexión entre ambos pertenece a tradiciones bastante posteriores al ciclo épico y adopta formas distintas: enamoramiento, propuesta matrimonial, negociación de paz o emboscada en el templo de Apolo. Nuestro relato combina algunos elementos de esas versiones para construir una secuencia coherente.
La confesión del punto débil. El Excidium Troiae cuenta que Políxena obtiene mediante caricias y muestras de afecto el secreto del talón vulnerable de Aquiles y se lo comunica a sus padres (pp. 12–13 y 20 de la edición de Atwood y Whitaker). Es una narración latina tardía, distinta de la tradición épica más antigua.
Dos muertes de Aquiles. En realidad, estamos dejando convivir dos tradiciones: la más antigua, en la que Paris y Apolo matan a Aquiles durante la guerra junto a Troya, y otra tardía en la que su amor por Políxena lo conduce a una emboscada. No necesitamos escoger una como «verdadera»: la combinación de ambas forma parte precisamente del modo en que la leyenda de Aquiles fue creciendo durante siglos.
Las armas de Aquiles
Sección titulada «Las armas de Aquiles»Las armas de Aquiles
Tetis decidió que las armas de Aquiles fueran entregadas al más valiente de los aqueos que quedaban con vida. No eran unas armas cualesquiera: las había forjado Hefesto para Aquiles después de la muerte de Patroclo, y quien las recibiera heredaría, en cierto modo, el lugar que había dejado vacío el mejor de los guerreros aqueos.
Solo dos hombres podían aspirar a ellas: Áyax, hijo de Telamón, y Odiseo. Ambos habían arriesgado la vida para recuperar el cadáver de Aquiles. Áyax lo había cargado sobre sus hombros en medio de una lluvia de proyectiles, mientras Odiseo contenía a los troyanos con la lanza y la espada y protegía la retirada. Los dos creían que las armas les correspondían.
La decisión acabó recayendo sobre Agamenón, una posición bastante incómoda para el hombre que se había enfrentado tan amargamente con Aquiles y que ahora debía decidir quién merecía heredar sus armas. Además, cualquiera que fuese su elección, uno de los dos grandes guerreros saldría humillado.
Néstor propuso entonces una solución ingeniosa: si los aqueos no podían ponerse de acuerdo, quizá sus propios enemigos pudieran decir cuál de los dos había demostrado mayor valor. Aquella noche enviaron espías hasta las murallas de Troya para escuchar lo que comentaban los troyanos.
Los espías oyeron a unas muchachas que conversaban en lo alto de la muralla. Una alabó el valor de Áyax, que había cargado con el cuerpo de Aquiles bajo una lluvia de flechas. Otra no estuvo de acuerdo: Áyax llevaba el cadáver sobre los hombros y podía servirse de él como escudo, mientras Odiseo mantenía a raya a los troyanos con la lanza y la espada para permitir la retirada.
Agamenón dio por bueno aquel testimonio y entregó las armas a Odiseo.
Hay motivos para sospechar que la misma diosa Atenea había condicionado la escena de las muchachas troyanas y aquel diálogo para que luego los espías informaran convenientemente.
Áyax recibió la decisión como una humillación intolerable.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Etiópida, poema perdido del ciclo troyano atribuido a Arctino de Mileto. Terminaba con los funerales de Aquiles y la disputa entre Áyax y Odiseo por sus armas. El conflicto nacía precisamente porque ambos habían desempeñado un papel decisivo en la recuperación del cadáver de Aquiles.
Homero, Odisea 11.543–547. Odiseo recuerda en el Hades que venció a Áyax en el juicio por las armas de Aquiles. Dice que la madre de Aquiles había puesto el premio y que la decisión correspondió a los troyanos y a Atenea. Es uno de los testimonios más antiguos del episodio.
Pequeña Ilíada, poema perdido del ciclo troyano atribuido a Lesques de Mitilene y conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo y varios fragmentos. Es la fuente principal para la versión seguida en nuestro relato: Odiseo obtiene las armas gracias a la intervención de Atenea y Áyax, humillado, acabará enloqueciendo y suicidándose.
Escoliasta a Aristófanes, Caballeros 1056, citando la Pequeña Ilíada. Conserva el detalle más importante de nuestra narración. Néstor propone enviar hombres junto a las murallas para escuchar qué dicen los troyanos sobre Áyax y Odiseo. Los espías oyen a unas muchachas discutir: una defiende a Áyax porque cargó con el cuerpo de Aquiles; otra responde que transportar un peso no equivale a combatir y que Odiseo afrontó el peligro manteniendo alejados a los enemigos. El propio fragmento indica que esta segunda intervención se produjo por iniciativa de Atenea.
Apolodoro, Epítome 5.6. Conserva otra variante: las armas se ofrecen como premio al más valiente; Áyax y Odiseo compiten por ellas y los jueces son los troyanos o, según otra tradición, los aliados. Odiseo resulta elegido. La tradición recogida por los escolios añade que Agamenón, reacio a tomar personalmente una decisión tan comprometida, habría consultado a prisioneros troyanos para saber cuál de los dos héroes les había causado mayores daños.
Píndaro, Nemea 8. Ofrece una versión diferente: la decisión habría recaído en los propios aqueos mediante una votación secreta. Esta tradición insiste en la injusticia sufrida por Áyax y muestra hasta qué punto las fuentes discrepan sobre quién decidió el resultado.
Sófocles, Áyax. La tragedia comienza después de la adjudicación de las armas y convierte la derrota de Áyax en el origen inmediato de su caída. Los jefes aqueos, con Agamenón y Menelao a la cabeza, aparecen como responsables de haber concedido el premio a Odiseo. Más tarde, el propio Odiseo reconocerá que Áyax era, después de Aquiles, el mejor de los aqueos.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas 5. Conserva una de las narraciones completas más extensas del juicio. Tetis expone las armas como premio, Áyax y Odiseo defienden sus méritos y unos prisioneros troyanos deciden a favor de Odiseo.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»¿Quién decidió? Las fuentes no coinciden: troyanos, prisioneros troyanos, aliados, jefes aqueos o una votación del ejército. Lo constante es que Odiseo gana y Áyax considera la decisión intolerablemente injusta.
Atenea. En la Pequeña Ilíada, su intervención no es una sospecha moderna: el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo afirma que Odiseo obtiene las armas gracias a ella, y el fragmento de las muchachas dice expresamente que la segunda respuesta fue inspirada por la diosa. Por eso nuestro relato puede insinuar con bastante fundamento que la conversación escuchada por los espías no fue completamente espontánea.
Tetis y el premio. La idea de que Tetis dispone las armas como premio aparece claramente en la Odisea. En otras versiones del ciclo, en cambio, la disputa parece surgir directamente entre Áyax y Odiseo después de los funerales.
La tragedia de Áyax
Sección titulada «La tragedia de Áyax»La tragedia de Áyax
Áyax estaba convencido de que las armas de Aquiles le correspondían. Había cargado con el cuerpo del héroe y no podía aceptar que Odiseo hubiera sido considerado más digno que él. La afrenta lo consumió hasta que decidió vengarse de Agamenón, Menelao y Odiseo.
Pero Atenea le nubló la razón. Creyendo que atacaba a los jefes aqueos, Áyax se lanzó contra los rebaños del campamento. Mató a unos animales y torturó a otros, convencido de que tenía en sus manos a los hombres que lo habían deshonrado.
Cuando recuperó la lucidez y comprendió lo que había hecho, la vergüenza fue todavía peor que la afrenta. Tecmesa, una princesa frigia que había caído cautiva en manos de Áyax y se había convertido en su compañera, intentó convencerlo de que pensara también en ella y en Eurísaces, el hijo de ambos. Áyax llamó al muchacho, le confió su enorme escudo y dispuso que su hermanastro Teucro cuidara de él.
Después salió solo del campamento. Clavó en tierra, con la punta hacia arriba, la espada que Héctor le había regalado después de su duelo, y se arrojó sobre ella.
Pero la tragedia de Áyax no terminó con su muerte. Menelao se negó a permitir que Áyax recibiera sepultura. A sus ojos, había intentado asesinar a los jefes aqueos y se había convertido en un enemigo dentro del propio ejército; no merecía, por tanto, los honores reservados a los guerreros caídos. Teucro se enfrentó a él: Áyax no había sido un subordinado de Menelao, sino un rey aliado, y durante diez años había combatido y arriesgado la vida por los aqueos.
Odiseo, que se había quedado con las armas de Aquiles, intervino y pidió a Agamenón que distinguiera entre el odio personal y la justicia que se le debía a un muerto. No negó que Áyax se hubiera convertido al final en su enemigo y que hubiera intentado matarlo, pero tampoco podía negar su grandeza. Agamenón le reprochó que defendiera de aquel modo a un hombre que había querido asesinarlo. Odiseo respondió que el odio no debía sobrevivir a la muerte y que la justicia no podía administrarse desde el resentimiento. Áyax había sido su enemigo, pero también uno de los más grandes guerreros aqueos, y eso bastaba para que mereciera sepultura.
Posiblemente Áyax fuese víctima de su propia grandeza. Las mismas cualidades que lo habían convertido en uno de los héroes más formidables del ejército aqueo —su orgullo, su sentido del honor y su incapacidad para ceder— fueron también las que le impidieron sobrevivir a la humillación.
Finalmente, se permitió dar sepultura a Áyax.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Pequeña Ilíada, poema perdido del ciclo troyano, conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Después del juicio de las armas, Áyax enloquece, ataca los rebaños de los aqueos creyendo combatir a sus enemigos y acaba suicidándose. Es el armazón mítico básico del episodio.
Apolodoro, Epítome 5.6–7. Atenea vuelve loco a Áyax, que se lanza espada en mano contra el ganado y los pastores creyendo que son los aqueos. Cuando recupera la razón, se suicida. Apolodoro conserva además una variante sobre sus funerales: Agamenón prohíbe que su cuerpo sea incinerado y Áyax es enterrado en un ataúd en Reteo.
Sófocles, Áyax. Es la fuente principal de nuestro relato. La tragedia desarrolla la locura enviada por Atenea, la humillación de Áyax al recobrar el juicio, su relación con Tecmesa, su preocupación por Eurísaces y su decisión de confiar el niño a Teucro. Áyax entrega además a su hijo su gran escudo, del que Eurísaces toma el nombre.
Sófocles, Áyax 815 ss. Áyax clava en tierra la espada con la que va a suicidarse y recuerda expresamente que es el regalo que Héctor le había hecho. De este modo, la espada intercambiada después del combate singular de la Ilíada acaba convirtiéndose en el instrumento de su muerte.
Homero, Ilíada 7. Áyax y Héctor, después de combatir sin vencedor, intercambian regalos: Héctor entrega a Áyax una espada y Áyax le da un tahalí. La tradición posterior convirtió ambos regalos en objetos funestos: Héctor es arrastrado con el tahalí de Áyax y Áyax se mata con la espada de Héctor.
Sófocles, Áyax 1047 ss. Menelao prohíbe enterrar a Áyax porque había intentado atacar a los jefes aqueos. Teucro responde que Áyax no era súbdito suyo, sino un rey aliado que había acudido a Troya por voluntad propia y que Menelao no tenía autoridad para negarle sepultura.
Sófocles, Áyax 1318–1400 aprox. Odiseo interviene ante Agamenón en favor del enemigo que había intentado matarlo. Sostiene que el odio no debe imponerse a la justicia debida a los muertos y reconoce que Áyax fue, después de Aquiles, el mejor y más valiente de los aqueos. Agamenón termina cediendo y comienzan los preparativos funerarios.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»La muerte de Áyax. El núcleo de la tradición —derrota en el juicio de las armas, locura, matanza del ganado y suicidio— ya pertenecía al ciclo épico. Sófocles transforma ese argumento en una tragedia centrada en el honor, la vergüenza y la imposibilidad de Áyax de aceptar una vida que considera deshonrada.
La espada de Héctor. La coincidencia es deliberadamente trágica: Áyax se mata con el regalo de su gran enemigo. La tradición convierte así el intercambio amistoso de armas narrado por Homero en una especie de vínculo fatal entre ambos héroes.
El entierro. Las versiones no coinciden completamente. Apolodoro cuenta que Agamenón impidió la cremación y que Áyax fue enterrado en un ataúd; Sófocles convierte, en cambio, la disputa sobre la sepultura en la última gran cuestión moral de la tragedia y hace que Odiseo defienda el derecho de su antiguo enemigo a recibir honores funerarios.
La grandeza de Áyax. La frase de nuestro relato —«Posiblemente Áyax fuese víctima de su propia grandeza»— es una interpretación nuestra, pero nace directamente del conflicto que construye Sófocles: las cualidades que lo hacen excepcional —orgullo, sentido del honor, inflexibilidad— son también las que hacen imposible para él sobrevivir a la humillación.
Las condiciones de la caída
Sección titulada «Las condiciones de la caída»Las condiciones de la caída
Después de la muerte de Aquiles, la victoria empezó a parecer inalcanzable a los aqueos. Llevaban años intentando conquistar Troya por la fuerza y, pese a las innumerables batallas y a todos los hombres que habían muerto, las murallas seguían en pie. Empezaron a preguntarse qué estarían haciendo mal y fueron a consultar a los adivinos.
Calcante les reveló que Troya no podría ser conquistada sin Filoctetes y las flechas de Heracles. Los aqueos tuvieron que regresar a Lemnos en busca del hombre al que ellos mismos habían abandonado años atrás a causa de la herida pestilente de su pie. Lo llevaron de nuevo al campamento, donde Macaón, hijo de Asclepio, dios de la medicina, y a la vez guerrero y médico del ejército aqueo, consiguió curarlo.
Una vez recuperado, Filoctetes se enfrentó a Paris en un duelo con arco y lo hirió gravemente. Paris recordó entonces a Enone, la ninfa del monte Ida a la que había amado antes de conocer a Helena. Años atrás, cuando se disponía a partir hacia Esparta, ella le había advertido que, si alguna vez resultaba herido, regresara a su lado, pues solo ella podría curarlo.
Lo llevaron entonces hasta Enone y Paris le suplicó que lo salvara. Pero ella no había olvidado que la había abandonado por Helena y se negó a ayudarlo. Poco después se arrepintió y corrió en su busca con sus remedios. Pero ya era demasiado tarde: Paris había muerto.
Héleno y Casandra eran hijos mellizos del rey Príamo y de la reina Hécuba. Desde pequeños, los dos compartían el don de la adivinación. Casandra era una muchacha hermosa, de cabello rojizo, mirada brillante y boca delicada, y llamó la atención de Apolo, que quiso poseerla. Ella rechazó la unión con el dios y, como represalia, Apolo la maldijo: en adelante conservaría sus visiones proféticas, pero nadie las creería.
Héleno, en cambio, mantuvo el crédito de sus vaticinios y era escuchado cuando anticipaba el porvenir.
Muertos Héctor y Paris, la familia de Príamo había perdido a dos de sus hijos más importantes. Paris dejaba además viuda a Helena, y pronto surgió la disputa sobre quién debía ocupar su lugar. Deífobo, otro de los hijos de Príamo, pretendió casarse con ella. Héleno también la reclamó en matrimonio, y los dos se la disputaron duramente. Helena fue finalmente para Deífobo, y Héleno, despechado, abandonó Troya y se retiró al monte Ida.
Héleno intuía la caída de Troya. Por eso resulta difícil de entender su deseo de casarse con Helena. Muchos habitantes de la ciudad no debían de ver con buenos ojos a aquella mujer de Esparta, por muy bella que fuese, ni la terquedad de la familia real por conservarla casi por capricho, cuando su presencia había sido el primer motivo de una guerra que amenazaba con destruirlos a todos. Es posible que no pretendiese tanto casarse con Helena como impedir que ella volviera a casarse con un troyano. Así podría devolverla a Menelao e intentar detener la debacle que se veía venir. Además, según se decía, Helena detestaba a Deífobo y ella misma debió de empezar a dudar. Solo él podría decirnos lo que pasaba por su cabeza, pero es posible que, al no encontrar salida a aquella situación imposible, Héleno decidiese alejarse de Troya y retirarse al monte Ida.
Fue allí donde lo capturó Odiseo y lo llevó al campamento de los aqueos. Ya en poder de sus enemigos, y tal vez movido por el resentimiento, Héleno reveló las condiciones que debían cumplirse para que Troya pudiera ser conquistada.
Una de ellas era que Neoptólemo, el joven hijo de Aquiles y Deidamía, hija del rey Licomedes de Esciros, combatiera junto a los aqueos. Odiseo fue a buscarlo a Esciros y lo llevó al campamento griego durante los últimos días de la guerra. Allí le entregó las armas de su padre, y Neoptólemo pronto demostró su valor en el combate.
Eurípilo, hijo de Télefo, llegó desde Misia para auxiliar a los troyanos en los últimos días de la guerra. Según se dice, Príamo le ofreció la mano de Casandra. Eurípilo era un guerrero formidable y muy bello, y su llegada reavivó por un tiempo las esperanzas troyanas. Mató a varios aqueos ilustres, entre ellos a Macaón, pero Neoptólemo, el joven hijo de Aquiles, acabó dándole muerte.
Una de las condiciones que anunció Héleno resultaba bastante extraña. Los aqueos debían llevar hasta Troya el omóplato de Pélope, hijo de Tántalo, rey de Pisa y antepasado de la casa de Atreo, a la que pertenecían Agamenón y Menelao. De él tomó su nombre el Peloponeso.
Según una antigua historia, Tántalo había descuartizado a su hijo y lo había servido a los dioses en un banquete. Cuando estos recompusieron a Pélope y le devolvieron la vida, descubrieron que faltaba una parte de su hombro, que había sido comida, y la sustituyeron por una pieza de marfil. Después de la muerte de Pélope, aquella paletilla fue conservada en Pisa como una reliquia.
Nadie se explicaba de qué modo aquella reliquia podía contribuir a la caída de Troya, pero Agamenón envió inmediatamente mensajeros a Pisa para traerla al campamento.
Héleno reveló también que Troya no podría ser conquistada mientras permaneciera dentro de sus murallas el Paladio, una antigua imagen de madera de Atenea, la diosa de ojos glaucos. Se decía que había caído del cielo durante la fundación de Troya y que desde entonces protegía la ciudad.
Para apoderarse de él, antes había que saber cómo entrar en una ciudad que llevaba casi diez años resistiendo a los aqueos. Y para eso Odiseo parecía el hombre indicado.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Pequeña Ilíada, poema perdido del ciclo troyano, conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Es la fuente principal para esta fase de la guerra. Odiseo captura a Héleno, que revela las condiciones necesarias para tomar Troya; Diomedes trae a Filoctetes desde Lemnos; Macaón lo cura, Filoctetes mata a Paris; Deífobo se casa con Helena; Odiseo trae a Neoptólemo desde Esciros y le entrega las armas de Aquiles; Eurípilo llega en ayuda de Troya y muere a manos de Neoptólemo. Más adelante, Odiseo y Diomedes se apoderan del Paladio.
Apolodoro, Epítome 5.8–11. Calcante anuncia que Troya no podrá ser tomada sin el arco y las flechas de Heracles. Odiseo y Diomedes van a buscar a Filoctetes; en esta versión es Podalirio, no Macaón, quien lo cura. Tras la muerte de Paris, Héleno y Deífobo disputan por Helena; al ser preferido Deífobo, Héleno abandona Troya y se retira al Ida. Odiseo lo captura y Héleno revela tres condiciones: traer los restos de Pélope, incorporar a Neoptólemo y robar el Paladio.
Apolodoro, Biblioteca 3.12.6. Paris había amado antes a Enone, que poseía conocimientos curativos. Tras ser herido por Filoctetes, Paris vuelve a buscarla; ella se niega inicialmente a curarlo y, cuando se arrepiente y acude, ya es demasiado tarde. La tradición conoce varias versiones sobre el final de Enone.
Sófocles, Filoctetes. La captura de Héleno y sus profecías forman parte esencial del trasfondo de la tragedia. La obra presenta como condición de la caída de Troya el regreso de Filoctetes con el arco de Heracles y la participación de Neoptólemo.
Apolodoro, Biblioteca 3.12.5; Esquilo, Agamenón 1202–1212. Una tradición hace que Apolo enseñe a Casandra el arte de la profecía a cambio de sus favores; ella acepta aprender y después rechaza al dios. Apolo no puede retirarle el don, pero hace que nadie crea sus vaticinios.
Anticlides, citado por el escoliasta a Ilíada 7.44. Conserva una tradición distinta sobre Casandra y Héleno como mellizos: ambos niños pasan la noche en el santuario de Apolo y unas serpientes sagradas lamen sus órganos de los sentidos, otorgándoles el don profético. Nuestro relato combina esta tradición con la historia posterior de Apolo y Casandra.
Dares el Frigio. Fuente tardía para la descripción física de Casandra: de estatura mediana, cabello rojizo, boca redondeada y ojos brillantes; también la presenta expresamente como conocedora del futuro.
Apolodoro, Biblioteca 3.13.8. Aquiles, oculto en Esciros, tuvo con Deidamía, hija de Licomedes, un hijo llamado Pirro, más tarde Neoptólemo. Esta es la base genealógica del joven guerrero que Odiseo trae a Troya.
Pequeña Ilíada y Homero, Odisea 11.516–521. Eurípilo, hijo de Télefo, acude en ayuda de los troyanos durante la última fase de la guerra y muere a manos de Neoptólemo. Homero lo recuerda como un guerrero extraordinariamente hermoso. La Pequeña Ilíada añadía que Eurípilo mató a Macaón.
Dictys de Creta 4.14 y tradición posterior. Una versión cuenta que Príamo prometió a Eurípilo la mano de Casandra para convencerlo de acudir en ayuda de Troya. Es una tradición tardía, pero explica la referencia de nuestro relato.
Pausanias, Descripción de Grecia 5.13.4–6. Conserva la sorprendente condición del omóplato de Pélope: los adivinos anunciaron que Troya no caería sin el arco de Heracles y sin un hueso de Pélope; desde Pisa fue llevado precisamente su omóplato. Pausanias añade que la reliquia se perdió después en un naufragio y reapareció años más tarde.
Píndaro, Olímpica 1; tradición mitográfica posterior. La historia del hombro de marfil procede de la tradición según la cual Tántalo despedazó a Pélope y lo sirvió a los dioses; una diosa comió el hombro y, al ser recompuesto el muchacho, se sustituyó por una pieza de marfil. Píndaro conoce el motivo del hombro de marfil, aunque rechaza expresamente la versión impía del banquete caníbal y ofrece otra explicación del destino de Pélope.
Apolodoro, Biblioteca 3.12.3 y Epítome 5.10. El Paladio era una antigua imagen de Atenea caída del cielo y vinculada a la protección de Troya. Héleno revela que la ciudad no podrá ser tomada mientras permanezca dentro de sus murallas.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»¿Macaón o Podalirio? Las fuentes discrepan sobre quién curó a Filoctetes. La Pequeña Ilíada hacía intervenir a Macaón; Apolodoro atribuye la curación a Podalirio. Nuestro relato sigue aquí la tradición del ciclo épico.
Casandra y Héleno. Que fueran mellizos y recibieran juntos el don profético pertenece a la tradición de Anticlides. La historia de Apolo enamorado de Casandra y de la maldición que condena sus profecías a no ser creídas procede de otra línea tradicional. Nuestro relato las combina para construir una historia continua.
Héleno y Helena. Las fuentes antiguas dicen que Héleno y Deífobo se disputaron a Helena y que, al ser elegido Deífobo, Héleno abandonó Troya. No explican con claridad por qué Héleno deseaba casarse con ella. Nuestra propuesta de que quizá pretendiera impedir otro matrimonio troyano y abrir la posibilidad de devolverla a Menelao es una interpretación propia del relato.
Helena y Deífobo. Tampoco tenemos una afirmación antigua sencilla de que Helena «lo detestara», pero algunas tradiciones tardías la presentan colaborando activamente en su muerte. En la Eneida, el propio Deífobo acusa a Helena de quitarle las armas y abrir la puerta a Menelao y Odiseo durante el saqueo. Esa tradición hace plausible nuestro comentario sobre la hostilidad de Helena hacia él.
El hombro de Pélope. Aquí confluyen dos tradiciones distintas: una explica por qué Pélope tenía un hombro de marfil; otra convierte su omóplato real en una reliquia necesaria para conquistar Troya. Nuestro relato las enlaza de forma deliberada.
Odiseo entra en Troya
Sección titulada «Odiseo entra en Troya»Odiseo entra en Troya
Odiseo se desfiguró el rostro, se cubrió con harapos y entró solo en Troya fingiendo ser un mendigo. Helena lo reconoció a pesar del disfraz, pero no lo delató. Hablaron largamente. Ella le proporcionó información y Odiseo aprovechó su estancia para observar la ciudad desde dentro y cuanto pudiera ser útil para conquistarla. Después regresó al campamento aqueo y contó lo que había averiguado.
Poco después, Odiseo y Diomedes fueron de noche hasta Troya con intención de robar el Paladio. Diomedes se quedó esperando fuera, mientras Odiseo entraba de nuevo en la ciudad. Esta vez sabía dónde debía buscar. Consiguió apoderarse de la imagen, pero fue descubierto al intentar escapar y tuvo que enfrentarse a varios guardianes. Finalmente consiguió salir de Troya y huyó junto con Diomedes hacia el campamento aqueo, llevando consigo el Paladio.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Odisea 4.240–264. Helena recuerda cómo Odiseo se hirió y se cubrió con harapos para entrar en Troya disfrazado de mendigo. Ella fue la única que lo reconoció, lo interrogó, lo bañó y juró no delatarlo. Odiseo terminó revelándole el propósito de los aqueos; después mató a varios troyanos y regresó al campamento con abundantes noticias.
Pequeña Ilíada, conocida por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Odiseo se desfigura y entra solo en Troya como espía; Helena lo reconoce y ambos acuerdan un plan para la toma de la ciudad. Tras matar a algunos troyanos, Odiseo regresa a las naves. Después vuelve a entrar con Diomedes y ambos sacan de Troya el Paladio.
Apolodoro, Epítome 5.13. Conserva una versión que aproxima todavía más ambos episodios: Odiseo y Diomedes acuden de noche; Diomedes espera fuera mientras Odiseo entra disfrazado de mendigo, Helena lo reconoce y le ayuda a apoderarse del Paladio. Odiseo mata a varios guardianes y regresa con la imagen, auxiliado por Diomedes.
Virgilio, Eneida 2.163–168. Sinón recuerda el robo del Paladio y atribuye la acción conjuntamente a Diomedes y Odiseo. Ambos matan a los guardianes de la acrópolis y se llevan la imagen sagrada con las manos ensangrentadas.
Servio, comentario a Eneida 2.166. Conserva variantes muy interesantes: Odiseo y Diomedes habrían penetrado juntos en la ciudad por túneles o cloacas, matado a los guardianes y robado el Paladio. Añade incluso una tradición según la cual, durante el regreso, Odiseo intentó matar a Diomedes para apropiarse en exclusiva de la gloria del robo.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Dos entradas en Troya. La tradición más antigua que podemos reconstruir distingue dos episodios: primero, Odiseo entra solo como espía; después, regresa con Diomedes para robar el Paladio. Nuestro relato sigue esta estructura de la Pequeña Ilíada.
Helena y Odiseo. Homero cuenta que Helena reconoce a Odiseo y no lo delata; la Pequeña Ilíada va más lejos y dice que ambos trazan juntos un plan para la caída de Troya. Por eso nuestro relato presenta a Helena colaborando con él y facilitándole información.
¿Quién robó realmente el Paladio? Las versiones discrepan. Algunas hacen actuar conjuntamente a Odiseo y Diomedes; Apolodoro deja a Diomedes esperando fuera mientras Odiseo entra; otras tradiciones hacen que ambos penetren juntos en la acrópolis. Incluso la tradición artística antigua vacila sobre cuál de los dos debe considerarse el verdadero ladrón.
El acceso a la ciudad. Una tradición tardía hacía que Odiseo y Diomedes penetraran en la ciudadela de Troya por un paso subterráneo. Servio conserva dos variantes: un túnel excavado o las cloacas de la ciudad. Una obra perdida de Sófocles parece haber imaginado esta última como un paso estrecho y fangoso. Esta variante no se incorpora al relato.
El caballo de Troya
Sección titulada «El caballo de Troya»El caballo de Troya
En el décimo año de la guerra, Odiseo concibió una última estratagema para entrar en una ciudad que había resultado inexpugnable por la fuerza. Propuso construir un enorme caballo hueco de madera en cuyo interior pudieran ocultarse algunos de los mejores guerreros aqueos. Epeo, uno de los hombres del ejército y hábil artesano, se encargó de construirlo bajo la inspiración de la propia Atenea.
En uno de sus costados llevaba grabada una inscripción que lo dedicaba a Atenea como ofrenda por el feliz regreso de los aqueos a sus hogares. Cuando estuvo terminado, Odiseo seleccionó a los guerreros que debían ocultarse en él. El resto del ejército incendió el campamento, embarcó en las naves y se retiró hasta Ténedos, donde podía permanecer oculto a la vista de los troyanos. Solo Sinón, pariente de Odiseo, quedó atrás como parte del engaño.
Al amanecer los troyanos descubrieron que el campamento aqueo estaba vacío. Salieron de la ciudad y hallaron cerca el enorme caballo. Al principio, perplejos, discutieron qué debían hacer con él. Unos proponían destruirlo o quemarlo; otros pensaban que, al estar dedicado a Atenea, debían introducirlo en Troya y ofrecérselo a la diosa. Casandra advirtió que en su interior se ocultaban hombres armados, pero, como siempre, nadie hizo caso de sus palabras. Laocoonte, sacerdote troyano de Apolo, también desconfió del regalo y aconsejó destruirlo.
Sinón se dejó capturar por los exploradores troyanos, que lo llevaron maniatado ante Príamo. Allí fingió haber escapado de los aqueos y aseguró que Odiseo había intentado convertirlo en víctima de un sacrificio antes de la partida de la flota. Aseguró que los aqueos se habían marchado y que el caballo era una ofrenda destinada a Atenea.
Laocoonte insistió en desconfiar del caballo. Poco después, mientras se disponía a ofrecer un sacrificio a Poseidón, dos enormes serpientes surgieron del mar y se abalanzaron sobre él y sus hijos. Laocoonte y uno de los muchachos murieron estrangulados por las serpientes. El prodigio causó una profunda impresión entre los troyanos, que lo interpretaron como un castigo por haberse opuesto al caballo y comenzaron a pensar que Sinón decía la verdad.
El caballo era demasiado grande para hacerlo pasar por las puertas de la ciudad. Finalmente, después de mucho esfuerzo y de derribar una parte de la muralla, los troyanos consiguieron llevarlo dentro. Convencidos de que la guerra había terminado, comenzaron a celebrar su victoria.
Dentro se ocultaban Odiseo y un selecto grupo de guerreros aqueos. Hacia medianoche, Sinón salió furtivamente de la ciudad y encendió una hoguera en la tumba de Aquiles: era la señal convenida. Al verla desde Ténedos, Agamenón ordenó a la flota poner rumbo de nuevo hacia Troya.
Cuando los troyanos dormían, los guerreros salieron sigilosamente del caballo, mataron a los centinelas y abrieron las puertas de la ciudad. El ejército aqueo, que había regresado en secreto, penetró entonces en Troya.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Odisea 8.492–520. Es uno de los testimonios conservados más antiguos sobre el caballo. Odiseo pide a Demódoco que cante cómo Epeo construyó el caballo con ayuda de Atenea, cómo Odiseo logró introducirlo en Troya cargado de guerreros y cómo los aqueos incendiaron su campamento y fingieron marcharse mientras los hombres ocultos permanecían dentro del caballo.
Homero, Odisea 4.271–289; 11.523–532. Otros recuerdos del caballo dispersos en la Odisea. Helena recuerda a los guerreros escondidos en su interior y Odiseo aparece como figura central de la estratagema. El poema presupone que su público conoce ya la historia, pero no la narra de forma continua.
Pequeña Ilíada, poema perdido atribuido a Lesques y conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Odiseo concibe el caballo y Epeo lo construye siguiendo las indicaciones de Atenea. Los mejores guerreros entran en él, los aqueos incendian sus tiendas y navegan hasta Ténedos. Los troyanos creen terminada la guerra, derriban una parte de la muralla para introducir el caballo y comienzan a celebrar su aparente victoria.
Apolodoro, Epítome 5.14–18. Conserva una de las versiones más completas del plan. Odiseo propone construir el caballo; Epeo lo fabrica hueco con madera del Ida; los mejores guerreros se esconden dentro y Odiseo queda al mando. En el exterior se graba una inscripción que presenta el caballo como ofrenda de los griegos a Atenea para obtener un regreso favorable. El ejército incendia las tiendas, deja a Sinón y se oculta junto a Ténedos. Casandra y Laocoonte advierten del peligro, pero los troyanos deciden conservar el caballo como ofrenda sagrada.
Saqueo de Ilión (Iliou Persis), poema perdido atribuido a Arctino de Mileto y conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Los troyanos deliberan ante el caballo: unos quieren arrojarlo desde una altura, otros quemarlo y otros consagrarlo a Atenea. Esta última opinión vence. Durante las celebraciones aparecen dos serpientes que matan a Laocoonte y a uno de sus hijos. Sinón enciende después la señal luminosa, los aqueos regresan desde Ténedos y los hombres ocultos salen del caballo y atacan la ciudad.
Higino, Fábulas 135. Laocoonte aparece como sacerdote de Apolo que, por sorteo, había sido elegido para ofrecer un sacrificio a Poseidón junto al mar. Higino hace que las serpientes enviadas desde Ténedos maten primero a sus dos hijos y después al propio Laocoonte. Los troyanos interpretan la muerte como castigo por haber atacado el caballo.
Virgilio, Eneida 2.13–267. Es la narración antigua más célebre y detallada del engaño. Los aqueos se ocultan en Ténedos; Laocoonte desconfía del caballo e incluso le arroja una lanza; Sinón finge haber escapado de los griegos y sostiene que iba a ser sacrificado por instigación de Odiseo. Afirma que el caballo es una ofrenda a Atenea. Cuando Laocoonte está sacrificando un toro a Poseidón, dos serpientes procedentes de Ténedos matan a sus dos hijos y al propio sacerdote. Los troyanos interpretan el prodigio como confirmación de la santidad del caballo, abren la muralla y lo introducen en la ciudad.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas 12–13. Desarrolla ampliamente el plan. Odiseo propone construir el caballo, esconder dentro a los mejores guerreros, fingir la retirada hasta Ténedos y dejar a un hombre capaz de convencer a los troyanos. Sinón se ofrece voluntariamente y soporta incluso torturas sin revelar el engaño. Cuenta que Odiseo pretendía sacrificarlo y presenta el caballo como expiación por el robo del Paladio. Casandra y Laocoonte intentan impedir que sea introducido en Troya. Cuando la ciudad duerme, Sinón alza la antorcha que sirve de señal a la flota, llama a los hombres escondidos y estos salen, matan a los guardianes y se apoderan de las puertas.
Trifiodoro, La toma de Ilión. Conserva numerosos detalles tardíos del episodio de Sinón y del caballo. Es especialmente interesante porque sitúa la señal luminosa de Sinón en la tumba de Aquiles, detalle que seguimos en nuestro relato y que apenas aparece en otras fuentes conservadas.
Tradición sobre Sinón. Fuentes posteriores lo hacen hijo de Ésimo y nieto de Autólico, lo que lo convertiría en pariente de Odiseo. Esta genealogía explica la referencia de nuestro relato.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Laocoonte. Nuestro relato combina dos tradiciones. El Saqueo de Ilión hacía morir a Laocoonte y uno de sus dos hijos. Virgilio e Higino hacen morir al padre y a los dos hijos. Higino, además, lo presenta como sacerdote de Apolo elegido para sacrificar a Poseidón, mientras Virgilio lo presenta directamente como sacerdote de Neptuno/Poseidón. La tradición antigua nunca quedó completamente fijada.
¿Quién envió las serpientes? Tampoco hay unanimidad. En Higino es Apolo, que castiga a Laocoonte por haber contraído matrimonio y tenido hijos contra su voluntad. En otras versiones interviene Atenea, ofendida por la oposición al caballo; para los propios troyanos, en cambio, el prodigio parece confirmar que Laocoonte ha cometido un sacrilegio al desconfiar de la supuesta ofrenda.
La muralla. Que los troyanos tengan que abrir o derribar parte de sus propias defensas para introducir el caballo no es un detalle moderno. Ya aparece en el resumen de la Pequeña Ilíada y se desarrolla después en Virgilio y otros autores. La ironía es especialmente poderosa: la ciudad que los aqueos no habían podido atravesar en diez años acaba abriendo ella misma sus murallas para introducir a sus enemigos.
La hoguera en la tumba de Aquiles. La señal de fuego de Sinón pertenece a la tradición habitual de la caída de Troya; situarla específicamente sobre la tumba de Aquiles es un detalle conservado por Trifiodoro. Nuestro relato sigue esa versión.
El número de guerreros. Las fuentes discrepan extraordinariamente sobre cuántos hombres cabían dentro del caballo. Apolodoro transmite incluso cifras incompatibles, mientras otros autores ofrecen listas distintas de héroes. Por eso nuestro relato evita dar un número y habla simplemente de «un selecto grupo de guerreros aqueos».
La caída de Troya
Sección titulada «La caída de Troya»La caída de Troya
La ciudad fue saqueada, incendiada y reducida a escombros. Muchos de sus habitantes fueron asesinados y otros sometidos a esclavitud. Los troyanos todavía opusieron resistencia en las calles, las casas y los templos, pero la sorpresa y la entrada del ejército aqueo durante la noche habían decidido ya el resultado. Mientras se perpetraba la matanza, Menelao, acompañado por Odiseo, fue en busca de Helena a la casa de Deífobo.
Deífobo se enfrentó valientemente con la espada a los dos. Algunos dicen que Helena lo traicionó y que incluso fue ella misma quien le dio muerte. Menelao se acercó entonces a Helena con la espada en la mano y la intención de matarla, pero de pronto se detuvo. Ella permanecía ante él, con su largo peplo rasgado, su hermosa cabellera suelta y los pechos desnudos, mirándolo fijamente a los ojos. Menelao comprendió que seguía perdidamente enamorado de ella, dejó caer la espada al suelo y se la llevó consigo a su nave. Así terminó la guerra para los dos.
Neoptólemo había heredado la fuerza de su padre, pero no la compasión que Aquiles había mostrado ante Príamo. El anciano rey que había salido con vida de la tienda de Aquiles no sobreviviría al hijo.
Mató a Polites, uno de los hijos de Príamo, ante los ojos del anciano rey, y después dio muerte al propio Príamo. El rey de Troya había buscado refugio junto al altar de Zeus, pero ni siquiera aquel lugar sagrado consiguió protegerlo. Neoptólemo le dio muerte allí mismo.
Casandra también buscó refugio junto a la imagen de Atenea, pero Áyax de Oileo la arrancó de allí y la forzó. El sacrilegio indignó incluso a los propios aqueos, que quisieron lapidarlo. Áyax corrió entonces a refugiarse en el altar de la misma diosa que acababa de ultrajar. Atenea no olvidaría aquella ofensa.
Casandra, hija de Príamo, fue entregada después a Agamenón como esclava. Andrómaca, que había sido esposa de Héctor, fue entregada a Neoptólemo, y su hijo Astianacte fue arrojado desde la muralla para evitar futuras venganzas. También en este punto las tradiciones discrepan sobre quién ejecutó la orden, pero todas coinciden en la misma lógica terrible: no debía quedar vivo un hijo de Héctor que algún día pudiera reclamar Troya.
Según se decía, Aquiles reclamó el sacrificio de la hermosa Políxena y, después de su muerte, una voz procedente de su tumba reclamó la parte del botín que le correspondía. Si Aquiles no pudo tener a Políxena en vida, la tendría en la muerte; y, más que una simple venganza, aquel sacrificio podía interpretarse como una terrible forma de amor. Agamenón, sin embargo, no aceptaba que un muerto pudiera disponer de la vida de una mujer y se opuso al sacrificio. Sostenía que ya se había derramado demasiada sangre y que ni siquiera los muertos más ilustres tenían derecho sobre la vida de las mujeres. Pero el ejército aqueo protestó, temeroso de que Aquiles tomara represalias desde el más allá, y Políxena fue sacrificada sobre su tumba.
La familia real de Troya quedó destruida. Hécuba, esposa de Príamo y reina de Troya, fue hecha esclava, aunque hay diversas versiones sobre su doloroso final. Más incierto resulta el destino de Polidoro, hijo joven y muy querido de Príamo. En la Ilíada se cuenta que Aquiles lo mató antes de acabar con Héctor. Otros relatos posteriores, en cambio, dicen que no murió entonces, sino que fue enviado a Tracia al iniciarse la guerra para mantenerlo a salvo. Allí, sin embargo, sería asesinado por quienes debían protegerlo, para quedarse con el oro que Príamo les habría confiado junto con su hijo. Hay un tercer relato, no menos trágico, en el que Polidoro sobrevive, averigua quién es y comprende amargamente cuántos han muerto por él.
Héleno sobrevivió a la masacre y también fue entregado a Neoptólemo como esclavo. Marcharon a Epiro y allí Héleno se casó con la madre de Neoptólemo, Deidamía. Otros dicen que se casó con Andrómaca. De un modo extraño, uno de los hombres que había revelado a los aqueos cómo conquistar Troya terminó sobreviviendo a la destrucción de su propia ciudad y fundando una nueva vida lejos de ella.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Odisea 8.516–520. Demódoco canta cómo, durante el saqueo, Odiseo y Menelao se dirigieron juntos a la casa de Deífobo, donde tuvo lugar uno de los combates más duros de la noche. Es la base homérica de la entrada de ambos en la casa donde se encontraba Helena.
Saqueo de Ilión (Iliou Persis), poema perdido atribuido a Arctino y conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Constituye una de las fuentes fundamentales para todo el capítulo: Neoptólemo mata a Príamo junto al altar de Zeus; Menelao mata a Deífobo y recupera a Helena; Áyax de Oileo arrastra a Casandra desde la imagen de Atenea; los aqueos quieren lapidarlo por el sacrilegio; Troya es incendiada; Políxena es sacrificada sobre la tumba de Aquiles; Odiseo mata a Astianacte y Neoptólemo recibe a Andrómaca.
Un escolio a Eurípides, Hécuba 41, transmite una variante atribuida en la tradición erudita a las Ciprias: durante el saqueo, Odiseo y Diomedes hieren a Políxena y Neoptólemo la entierra. La atribución al poema cíclico es indirecta y discutida, pero el testimonio muestra que la tradición no conoció un único destino para Políxena.
Pequeña Ilíada, fragmento conservado por el escoliasta a Aristófanes, Lisístrata 155. Menelao se dispone a matar a Helena, pero al ver sus pechos desnudos deja caer la espada. Esta es la fuente antigua más directa para el episodio que seguimos en nuestro relato.
Higino, Fábulas 240. Conserva una variante todavía más radical: en su catálogo de mujeres que dieron muerte a sus maridos figura expresamente «Helena, hija de Júpiter y Leda, [mató] a Deífobo, hijo de Príamo». De aquí procede nuestra observación de que algunas tradiciones hicieron a la propia Helena responsable directa de su muerte.
Virgilio, Eneida 6.494 ss. Deífobo cuenta en el Hades que Helena lo traicionó: retiró las armas de la casa, incluso la espada que guardaba junto a la cabeza, abrió las puertas a Menelao y permitió que entrara también Odiseo. Virgilio desarrolla así una tradición en la que Helena colabora activamente con los aqueos durante la caída.
Trifiodoro, La toma de Ilión 613 ss. Odiseo y Menelao atacan juntos la casa de Deífobo. Menelao persigue y mata a Deífobo mientras Odiseo combate contra quienes intentan impedirles el paso.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas 13. Menelao encuentra a Deífobo en la habitación de Helena y lo mata con la espada. Helena, entretanto, se ha escondido. Es otra de las principales variantes de esta escena.
Virgilio, Eneida 2.526 ss. Fuente principal para la escena de Polites y Príamo: Neoptólemo persigue a Polites por el palacio y lo mata ante los ojos de su padre; poco después da muerte al propio Príamo junto al altar. El ciclo épico ya hacía morir a Príamo a manos de Neoptólemo, pero Virgilio dramatiza la muerte previa de Polites.
Apolodoro, Epítome 5.21–23. Neoptólemo mata a Príamo en el altar de Zeus; Menelao mata a Deífobo y recupera a Helena; Áyax de Oileo viola a Casandra mientras ella se aferra a la imagen de Atenea; después se reparten las cautivas: Casandra corresponde a Agamenón y Andrómaca a Neoptólemo.
Saqueo de Ilión y tradición posterior sobre Casandra. La versión del ciclo hacía que Áyax arrancara a Casandra de la estatua de Atenea con tal violencia que incluso la imagen divina resultaba afectada. Los aqueos, horrorizados, decidían apedrearlo; Áyax se salvaba refugiándose a su vez en el altar de la diosa. La agresión sexual aparece de forma explícita en Apolodoro y otras fuentes posteriores.
Pequeña Ilíada, fragmento transmitido por el escoliasta a Licofrón y por Pausanias. En esta versión, Neoptólemo arranca a Astianacte de los brazos de su nodriza y lo arroja desde una torre; después recibe a Andrómaca como parte del botín.
Saqueo de Ilión, en cambio, hacía que Odiseo fuese quien matara a Astianacte. Eurípides, en Las troyanas, mantiene a Odiseo como responsable político: es él quien convence a los aqueos de que el hijo de Héctor debe morir para que algún día no reconstruya Troya ni vengue a su padre.
Eurípides, Hécuba. La sombra de Aquiles aparece sobre su tumba y exige a Políxena como recompensa. El ejército se divide: Agamenón se opone al sacrificio, mientras otros lo defienden; finalmente Odiseo convence a los aqueos y Neoptólemo ejecuta el sacrificio. Eurípides relaciona además la oposición de Agamenón con su interés por Casandra.
Séneca, Las troyanas. Desarrolla todavía más la oposición de Agamenón. Frente a Neoptólemo, sostiene que la victoria no da derecho ilimitado sobre los vencidos y se resiste al sacrificio de Políxena hasta que Calcas declara que es voluntad del destino. Este texto es la fuente que mejor sustenta el tono moral de nuestro Agamenón: «ya se había derramado demasiada sangre».
Servio, comentario a Eneida 3.322; Higino y otras tradiciones tardías. Conservan la variante en la que una voz procedente de la tumba de Aquiles reclama una parte del botín, que acaba identificándose con Políxena. Otras versiones hacen que Aquiles aparezca en sueños a Neoptólemo o a Agamenón.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas 14. El propio Aquiles se manifiesta después de muerto y exige a Políxena como su parte del botín, amenazando con provocar tempestades e impedir el regreso de los aqueos si no se cumple su voluntad.
Homero, Ilíada 20.406 ss. Conoce a un Polidoro hijo de Príamo, joven y muy querido, al que Aquiles mata durante la guerra. Esta es la primera versión que mencionamos en nuestro relato.
Eurípides, Hécuba; Virgilio, Eneida 3; Ovidio, Metamorfosis 13. Otra tradición hace que Príamo enviara a Polidoro a Tracia acompañado de grandes riquezas para protegerlo. Cuando Troya cae, su anfitrión Poliméstor lo asesina para quedarse con el oro.
Higino, Fábulas 109. Conserva la tercera versión que utilizamos. Ilíona, hermana de Polidoro y esposa de Poliméstor, intercambia a su propio hijo con el niño troyano. Poliméstor cree matar a Polidoro, pero mata en realidad a su propio hijo. Polidoro sobrevive, consulta al oráculo, descubre finalmente su verdadera identidad y acaba vengándose de Poliméstor.
Apolodoro, Epítome 6.12–13. Héleno marcha con Neoptólemo hacia Molosia, funda allí una ciudad y recibe como esposa a Deidamía, madre del propio Neoptólemo. Esta extraña unión está atestiguada por Apolodoro y parece no aparecer en ningún otro autor antiguo conservado.
Eurípides, Andrómaca 1226 ss.; Virgilio, Eneida 3 y Servio. Otra tradición hace que, después de la muerte de Neoptólemo, Héleno se case con Andrómaca y gobierne con ella en Epiro.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Helena y Deífobo. Nuestro relato combina varias líneas antiguas. Homero sabe que Odiseo y Menelao atacaron juntos su casa; el ciclo épico hace que Menelao lo mate; Virgilio convierte a Helena en cómplice activa; Higino llega a decir directamente que Helena mató a Deífobo. Por tanto, la frase «algunos dicen que Helena lo traicionó y que incluso fue ella misma quien le dio muerte» está bien respaldada.
Los pechos de Helena. No es una elaboración moderna. La Pequeña Ilíada ya contaba que Menelao dejó caer la espada cuando vio los pechos desnudos de Helena. Nuestro relato amplía visualmente la escena —peplo rasgado, cabellera suelta—, pero el núcleo de la tradición es antiguo.
La muerte de Príamo. El Saqueo de Ilión hacía morir a Príamo a manos de Neoptólemo junto al altar de Zeus. Virgilio añade el episodio particularmente cruel de Polites asesinado ante su padre, incorporado también al relato.
Casandra. Las fuentes coinciden en la violencia ejercida por Áyax, pero no siempre la describen del mismo modo. El ciclo épico subraya sobre todo el sacrilegio de arrancar a una suplicante de la estatua de Atenea; Apolodoro hace explícita además la violación. La formulación «la arrancó de allí y la forzó» recoge ambas dimensiones.
Astianacte. La discrepancia sobre su verdugo es antigua: Odiseo en el Saqueo de Ilión, Neoptólemo en la Pequeña Ilíada. Eurípides desplaza el énfasis hacia la decisión colectiva de impedir que sobreviva un futuro vengador de Troya. De ahí la formulación del relato: «todas coinciden en la misma lógica terrible».
Políxena. Aquí confluyen varias explicaciones: honor debido al muerto, reclamación de su parte del botín, necesidad de obtener vientos favorables y, en Séneca, incluso una especie de matrimonio con Aquiles en el más allá. Nuestra lectura —«si Aquiles no pudo tener a Políxena en vida, la tendría en la muerte»— encaja particularmente bien con la versión de Séneca.
Polidoro. Las fuentes conservan tres historias casi incompatibles: Homero lo mata durante la guerra; Eurípides y Virgilio lo hacen morir traicionado en Tracia; Higino consigue que sobreviva gracias al intercambio realizado por Ilíona y que descubra después quién es. La coexistencia de estas versiones muestra hasta qué punto el mito podía transformar el destino de un personaje.
Héleno. La boda con Deidamía es una tradición excepcional conservada por Apolodoro. Mucho más conocida es la versión en la que termina casándose con Andrómaca y gobernando en Epiro. El relato conserva ambas expresamente como variantes.
Los regresos
Sección titulada «Los regresos»Los regresos
Después de la caída de Troya, los vencedores discutieron acerca del regreso. Menelao quería zarpar cuanto antes, mientras todavía soplaba un viento favorable, pero Agamenón prefería retener al ejército y ofrecer sacrificios para aplacar a Atenea. La diosa seguía irritada por los sacrilegios cometidos durante el saqueo, y especialmente por lo ocurrido con Casandra. Los aqueos terminaron separándose y emprendieron el viaje de vuelta en distintos momentos y por distintos caminos. La guerra había terminado, pero muchos de ellos todavía tendrían que pagar un alto precio por la victoria.
Áyax de Oileo fue uno de los primeros. Durante el viaje de regreso su nave naufragó, pero consiguió alcanzar las rocas de Giras y ponerse a salvo. Habría sobrevivido, a pesar de la cólera de Atenea, si no hubiera cometido una última imprudencia. Creyéndose ya fuera de peligro, se jactó de haber escapado al mar incluso contra la voluntad de los dioses.
Poseidón lo oyó. Golpeó con el tridente la roca sobre la que se encontraba Áyax y la partió en dos. El fragmento cedió bajo sus pies y cayó al mar con él. Las olas lo arrastraron y murió ahogado.
Pero no todas las desgracias de los aqueos fueron provocadas por los dioses. Nauplio, dolido por la muerte de su hijo Palamedes, llevaba años preparando su propia venganza. Había recorrido el Peloponeso y el Ática contando a las esposas de quienes habían estado relacionados con la muerte de su hijo que sus maridos pensaban abandonarlas para casarse con las cautivas troyanas que llevaban consigo. Algunas lo creyeron y tomaron amantes durante la larga ausencia de sus esposos.
No puede decirse que las palabras de Nauplio fueran del todo falsas. Después de una guerra de diez años, muchos jefes aqueos convivían en el campamento con cautivas que habían pasado a formar parte de su vida cotidiana. El propio Agamenón había llegado a comparar a Criseida con Clitemnestra, su esposa, y no la había juzgado inferior; y cuando tuvo que devolverla a regañadientes a su padre, se quedó a cambio con Briseida. Ahora regresaba además llevando consigo a Casandra. Desde la distancia, sus esposas podían imaginar fácilmente que aquellas mujeres acabarían ocupando su lugar.
Nauplio llevó su venganza todavía más lejos. Una noche encendió una hoguera en el cabo Cafereo, en la costa de Eubea, de manera que las naves aqueas creyeran que aquella luz señalaba el camino hacia un puerto seguro. Varias se dirigieron hacia ella y acabaron estrellándose contra los arrecifes.
También hizo llegar sus rumores a Egialea, la esposa de Diomedes. Cuando este regresó a Argos descubrió que ella vivía con Cometes. Diomedes comprendió que ya no tenía allí el hogar al que había esperado volver y acabó abandonando Grecia. Después de nuevas aventuras se estableció en Italia, donde diversas ciudades afirmaron haber sido fundadas por él.
Teucro, el arquero y hermanastro de Áyax, hijo de Telamón, regresó con su flota a Salamina. Pero Telamón no le permitió recuperar tranquilamente su lugar. Lo culpaba de haber regresado sin su hermano y de no haber hecho cuanto estaba en su mano por él. Teucro se defendió recordando que Áyax se había quitado la vida y que él había hecho cuanto pudo después de su muerte: se había enfrentado a Menelao y Agamenón para impedir que dejaran su cadáver sin sepultura y había conseguido que recibiera los ritos funerarios. No podía vengar como un asesinato una muerte que Áyax se había causado a sí mismo. Telamón no quiso escucharlo. Le reprochó además no haber regresado con los restos de su hijo, ni con Tecmesa y Eurísaces, y prohibió a Teucro desembarcar en Salamina. Se marchó a Chipre y allí fundó otra ciudad a la que llamó también Salamina.
Calcante tampoco regresó a su patria. Viajó por tierra con algunos compañeros hasta Colofón, donde encontró a Mopso, hijo de Manto y famoso también por sus dotes proféticas. Calcante quiso ponerlo a prueba y le preguntó cuántos higos produciría una higuera silvestre. Mopso dio una cifra exacta y acertó. Después fue él quien desafió a Calcante a predecir cuántas crías llevaba una cerda preñada y cuándo nacerían. Calcante se equivocó y Mopso volvió a acertar. Incapaz de soportar que otro adivino hubiera demostrado ver más lejos que él, Calcante murió de vergüenza.
Neoptólemo, en cambio, tuvo la prudencia de ofrecer sacrificios a los dioses y al espíritu de su padre antes de partir. Siguiendo además los consejos de Héleno, evitó la gran tempestad que alcanzó a otros aqueos. Después de diversas vicisitudes recibió el reino de su abuelo Peleo, aunque terminó estableciéndose en el Epiro junto con Andrómaca.
Más confuso es el regreso de Idomeneo. Durante su ausencia, como parte de su venganza contra los aqueos, Nauplio había inducido a su esposa Meda a tomar como amante a Leuco. Este acabó matándola a ella y a su hija, se apoderó de diez ciudades de Creta y se hizo con el poder. Cuando Idomeneo regresó de Troya, Leuco lo expulsó.
Otros relatos contaban que, durante el regreso, Idomeneo fue sorprendido por una gran tormenta. Para aplacar la ira de Poseidón, le prometió sacrificar a la primera persona que encontrara al desembarcar en Creta. Fue su propio hijo. Según unas versiones llegó a sacrificarlo; según otras, solo se disponía a hacerlo. En cualquier caso, los cretenses acabaron expulsándolo. Algunas fuentes relacionaron su destierro con una epidemia que habría asolado la isla después del sacrificio. Idomeneo marchó entonces a Italia, donde una tradición lo situó en el Salento, en el extremo sudoriental de la península.
Menelao sufrió uno de los regresos más largos. Una tormenta enviada por los dioses destruyó la mayor parte de su flota y solo cinco naves sobrevivieron. Durante años recorrió Chipre, Fenicia, Etiopía, Libia y Egipto, porque cada vez que intentaba regresar a casa los vientos volvían a desviarlo.
Finalmente llegó a la isla de Faros, frente a la costa de Egipto. Allí, con la ayuda de Idotea, una ninfa marina hija de Proteo, consiguió que el viejo dios del mar le revelara por qué los dioses impedían su regreso. Proteo le dijo que volviera a Egipto y ofreciese los sacrificios que había omitido. También le comunicó el destino de algunos de los aqueos que habían regresado de Troya.
Menelao obedeció. Ofreció los sacrificios debidos y los vientos comenzaron por fin a soplar a su favor. Tras ocho años de viajes, regresó finalmente a Esparta: habían transcurrido dieciocho años desde su partida, diez ante Troya y ocho vagando por el regreso.
Filoctetes regresó a Melibea, en Tesalia, pero tampoco allí encontró la paz. Fue expulsado de su patria y marchó a la Italia meridional, donde fundó varias ciudades y consagró el arco de Heracles. Allí terminó sus días, lejos de Tesalia.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Nóstoi / Regresos, poema perdido del ciclo épico, conocido por el resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo. Es la estructura fundamental del capítulo: disputa de Agamenón y Menelao sobre cuándo partir; Néstor y Diomedes regresan felizmente; Menelao acaba en Egipto con cinco naves; Calcante viaja por tierra hacia Colofón; la tempestad de Cafereo causa la muerte de Áyax de Oileo; Neoptólemo evita el desastre realizando un regreso distinto.
Homero, Odisea 4.499 ss.; Apolodoro, Epítome 6.6. Áyax de Oileo sobrevive inicialmente al naufragio y se jacta de haber escapado pese a los dioses; Poseidón parte con su tridente la roca donde se ha refugiado y Áyax muere en el mar.
Apolodoro, Epítome 6.7–11. Fuente principal para la venganza de Nauplio: enciende la falsa señal del cabo Cafereo para provocar naufragios y, antes, recorre Grecia favoreciendo la infidelidad de las esposas de los responsables de la muerte de Palamedes. Nombra expresamente a Clitemnestra, Egialea y Meda.
Apolodoro, Epítome 6.9–10; Dictys de Creta 6.2. Egialea se une a Cometes y Diomedes encuentra hostilidad a su regreso a Argos. La tradición posterior hace que abandone Grecia y sitúa buena parte de su destino en Italia, donde varias ciudades reclamaban a Diomedes como fundador.
Eurípides, Helena 87–105; Pausanias 8.15.7. Teucro es expulsado de Salamina por su padre Telamón después de regresar sin Áyax. Eurípides pone expresamente en boca de Teucro que su padre lo desterró por la muerte de su hermano; después fundará otra Salamina en Chipre.
Tradición posterior conservada por Servio. Existe además la variante que amplía el reproche de Telamón: Teucro no habría traído consigo a Tecmesa y Eurísaces. Ese detalle pertenece a una variante posterior y no a la versión de Eurípides.
Hesíodo, Melampodia, fragmento conservado por Estrabón 14.1.27; Ferécides y tradición posterior. Calcante encuentra en Mopso a un adivino superior. Hesíodo conservaba la prueba de los higos; otra tradición añadía la cerda preñada. Calcante muere de aflicción al verse superado.
Nóstoi y tradición posterior sobre Neoptólemo. El resumen atribuido a la Crestomatía de Proclo dice que Tetis le aconseja regresar por tierra; Servio conserva una variante en la que es Héleno quien le advierte del naufragio de los jefes aqueos y le recomienda evitar el viaje marítimo. Nuestro relato combina ambas tradiciones.
Apolodoro, Epítome 6.9–10. Nauplio induce a Meda, esposa de Idomeneo, a unirse a Leuco; este mata a Meda y a su hija, se apodera de diez ciudades cretenses y expulsa a Idomeneo cuando regresa.
Servio, comentario a Eneida 3.121 y tradición poshomérica. Otra historia completamente distinta cuenta el voto de Idomeneo durante una tormenta: sacrificará a la primera persona que encuentre si Poseidón le permite regresar; encuentra a su propio hijo, el sacrificio provoca una peste y termina expulsado de Creta. Homero, significativamente, conocía un regreso feliz de Idomeneo.
Homero, Odisea 4.76–89 y 4.351 ss. Fuente esencial para Menelao: ocho años de viajes, cinco naves supervivientes, Egipto, Faros, Idotea y Proteo. Proteo explica que los dioses retienen a Menelao porque no ha ofrecido los sacrificios debidos y le ordena regresar a Egipto para cumplirlos.
Tradiciones recogidas por Estrabón, Pseudo-Aristóteles y Licofrón. Filoctetes regresa a Melibea pero es expulsado por una revuelta; se establece en el sur de Italia, donde se le atribuyen fundaciones como Crimisa, Petelia y Macalla y la consagración del arco de Heracles.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Teucro. Aquí confluyen variantes distintas. En Eurípides, Telamón lo expulsa por no haber salvado a Áyax; el reproche concreto sobre no haber regresado con Tecmesa y Eurísaces pertenece a una tradición posterior.
Neoptólemo. También aquí conviven dos consejeros: Tetis en los Nóstoi y Héleno en Servio. El relato sigue la variante de Héleno; las fuentes dejan constancia de la alternativa.
Idomeneo. Es un caso magnífico de tradición cambiante: para Homero vuelve felizmente; para Apolodoro pierde Creta por la usurpación de Leuco; para la tradición latina pierde su patria por haber sacrificado —o intentado sacrificar— a su hijo.
De vuelta en casa
Sección titulada «De vuelta en casa»De vuelta en casa
Pero si hubo una tragedia recordada más que ninguna otra, fue sin duda la de Agamenón al llegar a Micenas después de un tormentoso viaje por mar. Su esposa, Clitemnestra, había sido informada de su regreso y, dando por buenos los rumores que Nauplio había difundido, tomó a Egisto como amante y creyó que Casandra, la bella cautiva troyana que Agamenón traía consigo, podía acabar ocupando su lugar.
Clitemnestra odiaba además a Agamenón por todo lo ocurrido con Ifigenia, hija de ambos. En Áulide, cuando la flota no podía zarpar hacia Troya, Calcante había anunciado que Artemisa exigía el sacrificio de la muchacha para devolver los vientos a las naves de los aqueos. Nunca quedó claro lo que fue de ella, ni si realmente llegó a morir allí. Pero para Clitemnestra no había ninguna duda: Agamenón había sacrificado a su hija como precio para que la expedición pudiera continuar hacia Troya.
Clitemnestra organizó la traición astutamente. Recibió a Agamenón con todos los honores y lo condujo después al baño. Casandra iba en su séquito, pero se detuvo ante el palacio. Sabía que allí la aguardaba la muerte y, una vez más, nadie creyó sus palabras. Finalmente entró. Mientras Agamenón disfrutaba de un baño, Clitemnestra lo atrapó con una red y lo mató con la ayuda de Egisto. Clitemnestra dio muerte enseguida a Casandra, y Egisto asesinó a Telédamo y Pélope, los gemelos que habían tenido Casandra y Agamenón. Luego los hombres de Egisto acabaron con los de Agamenón.
Egisto sabía que Orestes, el único hijo varón de Agamenón, podía convertirse algún día en su vengador y quiso eliminarlo mientras todavía era un niño. Se cuenta que fue su hermana Electra quien lo sacó en secreto del palacio y lo confió a un viejo servidor de su padre. Este lo llevó hasta Fócide y lo entregó a Estrofio, que lo crio junto a su propio hijo, Pílades.
Hubo otra versión, más dramática, que relataba que una nodriza había entregado a su propio hijo en lugar de Orestes, y que Egisto lo había matado creyendo haber acabado con el heredero de Agamenón.
Orestes creció, en cualquier caso, lejos de Micenas y fuera del alcance de Egisto. Con Pílades trabó una amistad que acabaría siendo inseparable de su leyenda. Electra, mientras tanto, permaneció en casa, junto a su hermana Crisótemis, sometida al poder de Egisto y Clitemnestra.
Egisto gobernó Micenas durante siete años. Cuando Electra llegó a la edad de casarse, Egisto temió que pudiera unirse a algún noble y tener un hijo que algún día vengara a Agamenón. Llegó incluso a pensar en matarla, pero Clitemnestra lo impidió. Egisto decidió entonces casarla con un campesino pobre, convencido de que así ningún descendiente suyo tendría fuerza suficiente para disputarle el poder.
Electra no dejó de esperar el regreso de su hermano. Durante los años en que Orestes permaneció en Fócide, mantuvo viva la memoria de su padre con la esperanza de que algún día volviera para vengarlo.
Orestes regresó finalmente acompañado de Pílades. Antes tomó la precaución de ocultar su identidad difundiendo la falsa noticia de su propia muerte. Hay quienes cuentan que los dos hermanos se reconocieron junto a la tumba de Agamenón; otros dicen que el engaño se prolongó hasta hacer creer a Electra que las cenizas de Orestes habían llegado a Micenas; y hay quien dice que se reconocieron en la humilde casa donde vivía Electra, lejos del palacio.
Orestes mató primero a Egisto. Después llegó el momento más terrible: matar a Clitemnestra, su propia madre. Ella trató de detenerlo recordándole que lo había llevado en su vientre y lo había criado. Orestes vaciló, pero Pílades le recordó el oráculo de Apolo, que le había ordenado vengar la muerte de Agamenón.
El asesinato de Egisto vengaba a Agamenón; el de Clitemnestra abría, sin embargo, una nueva deuda de sangre. Las Erinias, divinidades que perseguían especialmente los crímenes cometidos dentro de la familia, comenzaron a acosar a Orestes por haber derramado la sangre de su madre.
Orestes buscó la protección de Apolo, pero ni siquiera haber obedecido al dios bastaba para borrar el matricidio. Finalmente llegó a Atenas, donde Atenea instituyó un tribunal para juzgarlo. Apolo defendió al acusado y las Erinias reclamaron su castigo.
Los votos de los jueces quedaron igualados. Atenea se pronunció a favor de Orestes y este fue absuelto. Pero la historia no terminó simplemente con la derrota de las Erinias. Atenea las convenció para aceptar un lugar y nuevos honores dentro de la ciudad. Las antiguas perseguidoras de la sangre familiar pasaron así a integrarse en el orden de Atenas, veneradas como divinidades protectoras.
No todos los regresos terminaron de manera tan trágica. El viejo Néstor, siempre respetuoso con los dioses y cuyo papel principal en la guerra había sido aconsejar y alentar a los suyos, tuvo uno de los regresos más afortunados. Tras la caída de Troya, los aqueos discutieron sobre cuándo emprender el viaje de vuelta. Néstor decidió partir sin demora. Llegó primero a Ténedos, donde ofreció sacrificios a los dioses, y desde allí continuó junto a Diomedes. Menelao acabó alcanzándolos en Lesbos.
Allí dudaron sobre qué ruta seguir y pidieron a los dioses una señal. La respuesta los llevó a atravesar directamente el Egeo hacia Eubea. Un viento favorable empujó sus naves hasta Geresto, donde volvieron a ofrecer sacrificios, esta vez a Poseidón. Al cuarto día Diomedes llegó a Argos; Néstor continuó hacia Pilos y el viento no dejó de empujarlos hasta que alcanzó su patria.
Allí volvió a ocupar su lugar como rey, rodeado de una familia numerosa y celebrando sacrificios a los dioses.
Ítaca, en cambio, continuaba esperando. También sobre Penélope, la esposa de Odiseo, circulaban rumores que ponían en duda su fidelidad. Y mientras otros aqueos habían regresado, muerto o encontrado una nueva patria, de Odiseo seguían sin llegar noticias. Se dijo que Nauplio hizo llegar a Anticlea, la madre de Odiseo, la falsa noticia de la muerte de su hijo en Troya, y ella, en un momento de desesperación, se quitó la vida.
No sería extraño que informara también a Penélope de que Odiseo regresaría a casa con una cautiva troyana destinada a ocupar su lugar. Nauplio tenía razones de sobra para considerar a Odiseo uno de los principales responsables de la muerte de Palamedes.
Fuentes, comentarios y variantes
Fuentes
Sección titulada «Fuentes»Homero, Odisea 3, 4, 11 y 24. Es la tradición más antigua conservada del regreso de Agamenón: Egisto seduce a Clitemnestra, prepara una emboscada y mata a Agamenón; Clitemnestra mata a Casandra. En el Hades, Agamenón cuenta a Odiseo la tragedia de su regreso y convierte su propia muerte en advertencia sobre los peligros del hogar.
Esquilo, Agamenón. Fuente principal de nuestra escena. Clitemnestra recibe solemnemente a Agamenón; Casandra comprende que ambos van a morir; Agamenón queda atrapado en una prenda o red de la que no puede escapar y Clitemnestra lo mata. La tragedia convierte a Clitemnestra, y no a Egisto, en la gran ejecutora del crimen.
Pausanias 2.16.6–7. Conserva la tradición según la cual Agamenón y Casandra tuvieron dos hijos gemelos, Telédamo y Pélope, asesinados todavía niños por Egisto después de matar a sus padres.
Ciclo épico, Esquilo y Eurípides sobre Ifigenia. El sacrificio de Ifigenia explica el odio de Clitemnestra hacia Agamenón. Las versiones difieren incluso sobre si la muchacha murió realmente o Artemisa la sustituyó en el último instante; de ahí la formulación del relato: «nunca quedó claro lo que fue de ella».
Apolodoro, Epítome 6.23–25; Sófocles y Eurípides. Electra salva a Orestes y lo envía a Fócide, donde Estrofio lo cría junto a Pílades. Orestes regresa después con su inseparable compañero para vengar a Agamenón.
Ferécides y tradición recogida por los escolios a Píndaro. Otra variante hace que una nodriza —Arsínoe o Laodamía según las fuentes— entregue a su propio hijo para salvar a Orestes; Egisto mata al niño creyendo haber eliminado al heredero de Agamenón.
Eurípides, Electra 1 ss. Fuente de nuestro matrimonio de Electra con un campesino pobre. Egisto teme que un marido poderoso engendre con ella un futuro vengador; Clitemnestra impide que la mate y Egisto la casa con un hombre de escasos recursos.
Esquilo, Coéforas. Orestes y Electra se reconocen junto a la tumba de Agamenón. Orestes ha recibido de Apolo la orden de vengar a su padre; mata a Egisto y, cuando vacila ante Clitemnestra, Pílades le recuerda el oráculo de Apolo. Es exactamente el núcleo de nuestra versión de la muerte de la madre.
Sófocles, Electra. Orestes difunde la noticia de su propia muerte y llega con una urna que supuestamente contiene sus cenizas. Electra cree que su hermano ha muerto hasta que Orestes revela su identidad.
Eurípides, Electra. Traslada el reconocimiento a la humilde casa del campesino. Un viejo servidor reconoce a Orestes por una cicatriz. De aquí procede la tercera variante que nuestro relato menciona.
Esquilo, Euménides. Las Erinias persiguen a Orestes por el matricidio. Apolo lo protege y lo envía a Atenas. Atenea establece un tribunal; los votos quedan igualados y Orestes resulta absuelto. Después Atenea persuade a las Erinias para que acepten un nuevo lugar y nuevos honores en la ciudad.
Homero, Odisea 3.130–200. Fuente casi literal del regreso feliz de Néstor: salida de Troya, Ténedos, encuentro con Menelao en Lesbos, consulta a los dioses, travesía directa del Egeo, sacrificios a Poseidón en Geresto; al cuarto día Diomedes llega a Argos y Néstor continúa sin interrupción hasta Pilos.
Homero, Odisea 11.202 ss. Anticlea explica a Odiseo que murió consumida por la añoranza de su hijo. Higino y la tradición recogida por Eustacio ofrecen otra versión: Anticlea se suicida después de recibir la falsa noticia de la muerte de Odiseo; Eustacio atribuye el engaño a Nauplio como parte de su venganza por Palamedes.
Comentarios y variantes
Sección titulada «Comentarios y variantes»Agamenón. El relato sigue aquí sobre todo a Esquilo: el baño, la trampa semejante a una red y Clitemnestra como asesina directa no corresponden exactamente a la narración homérica.
Los tres reconocimientos de Orestes. Esquilo —tumba y señales—, Sófocles —urna falsa— y Eurípides —casa del campesino y cicatriz— cuentan de maneras distintas el mismo regreso. El relato presenta conscientemente estas posibilidades como variantes.
Anticlea. También aquí debemos distinguir bien. Homero no dice que Nauplio la engañara: ella misma atribuye su muerte a la añoranza de Odiseo. El falso anuncio y el suicidio pertenecen a una tradición posterior.
Penélope y Nauplio. No se conserva una fuente antigua que afirme que Nauplio comunicó a Penélope que Odiseo regresaría con una cautiva. Es una inferencia a partir del método que la tradición atribuye a Nauplio con Clitemnestra, Egialea y Meda; por eso el relato la formula expresamente como posibilidad: «No sería extraño que informara también a Penélope...»
