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Políxena

Príamo, rey de Troya, tuvo una familia extraordinariamente numerosa. Cuando acude al campamento aqueo para recuperar el cuerpo de Héctor, cuenta a Aquiles que tenía cincuenta hijos varones al comienzo de la guerra. Diecinueve habían nacido de una misma madre, generalmente identificada con Hécuba, su esposa principal; los demás eran hijos de otras mujeres (Ilíada 24.495–497).

Homero menciona expresamente a algunas de ellas. Laótoe, hija de Altes, rey de los léleges, fue madre de Licaón y Polidoro, mientras que Castianira, procedente de Ésime, lo fue de Gorgitión. Hécuba ocupaba, sin embargo, una posición destacada en la familia real y es la esposa de Príamo que adquiere mayor relieve en el poema, especialmente por su relación con Héctor.

El palacio reflejaba las dimensiones de aquella familia. En la Ilíada (6.242–250), cuando Héctor regresa a Troya, Homero describe cincuenta habitaciones de piedra pulimentada, construidas unas junto a otras, donde dormían los hijos de Príamo con sus esposas. Al otro lado del patio había otras doce habitaciones destinadas a sus hijas casadas y a sus maridos.

De aquella multitud de hijos, Homero llega a nombrar a veintidós: Héctor, Paris —también llamado Alejandro—, Deífobo, Heleno, Polites, Troilo, Méstor, Polidoro, Licaón, Cebríones, Gorgitión, Ántifo, Iso, Equemón, Cromio, Democoonte, Doriclo, Agatón, Pamón, Antífono, Hipótoo y Dío.

Algunos, como Héctor, Paris o Heleno, desempeñan papeles importantes en el poema. Otros apenas reciben una mención, en ocasiones cuando mueren en combate o cuando Príamo recuerda a los hijos que ha perdido.

De las hijas, Homero solo nombra a tres: Laódice, a quien presenta como la más hermosa de las hijas de Príamo (Ilíada 6.252); Medesicasta, hija de otra mujer y esposa del guerrero Imbrio (13.171–173); y Casandra, que divisa desde las murallas el regreso de su padre con el cadáver de Héctor (24.699–706).

Los demás hijos e hijas de Príamo permanecen sin nombre en los poemas homéricos conservados.

Homero no menciona en ningún momento a Políxena. No habla de su muerte, de su sacrificio sobre la tumba de Aquiles ni de una posible relación amorosa con el héroe.

Sin embargo, otros poetas y artistas de la Antigüedad conocieron a Políxena, princesa troyana e hija de Príamo y Hécuba, y le concedieron un protagonismo considerable, aunque le atribuyeron destinos muy diferentes.

Su figura permite observar cómo se formaron y transformaron los mitos griegos. No estamos ante una biografía transmitida sin cambios, sino ante un personaje al que distintas generaciones de poetas y artistas fueron dando forma a través de la poesía épica, la lírica, la tragedia, las representaciones artísticas y los relatos de épocas posteriores.

La iconografía griega demuestra que Políxena era ya un personaje conocido en época arcaica. Diversas representaciones sobre cerámica del siglo VI a. C. muestran episodios relacionados con ella, especialmente la emboscada de Aquiles contra su hermano Troilo y el sacrificio de la princesa, que las fuentes literarias sitúan sobre la tumba de Aquiles.

Una hidria ática de figuras negras representa la emboscada de Aquiles contra Troilo, hijo de Príamo. El joven se acerca a una fuente montado a caballo y conduciendo otro, acompañado por Políxena, que lleva una hidria, una vasija destinada a transportar agua. Aquiles permanece oculto, esperando el momento de atacar. Un cuervo parece anunciar el destino de Troilo, que no conseguirá escapar con vida.

Aquiles acecha a Troilo y Políxena
Aquiles acecha a Troilo y Políxena. Hidria ática de figuras negras, atribuida al Pintor de Londres B 76, hacia 560–550 a. C. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, inv. 45.11.2. Rogers Fund, 1945. Ficha del museo.

La escena nos permite conocer un episodio que relaciona a Políxena con una de las acciones más crueles atribuidas a Aquiles.

El siguiente testimonio es mucho más estremecedor. Un ánfora ática de figuras negras representa el sacrificio de Políxena. La joven aparece tendida horizontalmente, inmovilizada por tres guerreros aqueos, mientras Neoptólemo, hijo de Aquiles, le corta el cuello. Su sangre cae sobre un altar. Las inscripciones identifican a distintos participantes, entre ellos Políxena y Neoptólemo, de modo que no dependemos únicamente de una interpretación iconográfica moderna.

Sacrificio de Políxena
Sacrificio de Políxena. Ánfora ática de figuras negras, atribuida al Grupo Tirreno y al Pintor de Timiades, hacia 570–550 a. C. British Museum, Londres, inv. 1897,0727.2. © The Trustees of the British Museum. CC BY-NC-SA 4.0.

Esta imagen demuestra que la historia del sacrificio circulaba ya en época arcaica. No demuestra, por sí sola, qué poema la narraba ni cómo explicaba sus motivos.

También se conserva el llamado Sarcófago de Políxena, descubierto en 1994 en el túmulo de Kızöldün, cerca de Gümüşçay (Biga, noroeste de Turquía). Fechado a finales del siglo VI a. C., se expone actualmente en el Museo de Troya, Çanakkale.

Uno de sus relieves representa una escena identificada con el sacrificio de Políxena. La muchacha aparece sujetada por varios hombres mientras otro, generalmente identificado con Neoptólemo, se dispone a degollarla.

El sarcófago recibe su nombre de esta representación, aunque los restos humanos encontrados en su interior pertenecían a un hombre adulto. No sabemos para quién fue construido originalmente:

El sacrificio de Políxena
El sacrificio de Políxena. Detalle del llamado Sarcófago de Políxena, mármol, finales del siglo VI a. C. (hacia 520–500 a. C.). La princesa aparece sujetada por varios personajes mientras una figura identificada con Neoptólemo se dispone a degollarla. Museo de Troya, Çanakkale. Fotografía: Dick Osseman, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Mil quinientos años para construir un personaje

Sección titulada «Mil quinientos años para construir un personaje»
Cronología esquemática de las principales evidencias conservadas sobre Políxena
Cronología esquemática de las principales evidencias conservadas sobre Políxena.

Las imágenes que acabamos de contemplar muestran una violencia que no podemos comprender plenamente a partir de ellas. Los artistas griegos representaron la emboscada contra Troilo y el sacrificio de Políxena, pero sus obras no nos permiten conocer las razones de aquellos actos ni cómo los explicaban los relatos de su tiempo.

Los testimonios escritos más antiguos tampoco resuelven todas nuestras dudas. Algunos proceden de poemas que se han perdido y cuyo contenido solo conocemos gracias a fragmentos, resúmenes y comentarios de otros autores. Sabemos que existían distintas versiones sobre la muerte de Políxena, pero no siempre podemos reconstruir sus circunstancias. Los relatos que han llegado hasta nosotros son diferentes y, en ocasiones, contradictorios.

Durante siglos, poetas, dramaturgos y narradores retomaron su historia y le dieron nuevos sentidos. Unos la presentaron como víctima de los guerreros aqueos durante la conquista de Troya; otros, como una joven sacrificada sobre la tumba de Aquiles; y otros, como una mujer que decidió quitarse la vida. La transmisión medieval conservó también versiones que probablemente procedían de tradiciones mucho más antiguas.

Antes de examinar esas versiones, conviene situar cronológicamente las fuentes y distinguir las obras conservadas de aquellas que solo conocemos de manera indirecta:

Fecha y fuente Políxena en el testimonio Qué se conserva
Ciprias (atribuidas a Estasino). Siglos VII–VI a. C. Según un escolio, muere por heridas de Odiseo y Diomedes durante la caída de Troya y recibe sepultura de Neoptólemo. Poema perdido. Noticia del escolio a Hécuba 41, que cita a Glauco de Regio. Atribución problemática por la cronología del poema.
Saqueo de Ilión (atribuido a Arctino). Siglos VII–VI a. C. Sacrificio sobre la tumba de Aquiles después de la destrucción de Troya. Poema perdido. Resumen de Proclo.
Estesícoro, Saqueo de Ilión. Primera mitad del VI a. C. Posible mención de Políxena, sin contexto suficiente para conocer su destino. Fragmentos de papiro; identificación propuesta en S135.
Cerámica ática. Hacia 570–550 a. C. Emboscada de Aquiles contra Troilo, acompañado por Políxena; sacrificio de la princesa. Vasos conservados con representaciones iconográficas.
Íbico de Regio. Siglo VI a. C. Una noticia le atribuye una versión en que Neoptólemo sacrifica a Políxena. Testimonio indirecto: escolio a Hécuba 41; versos perdidos.
Sarcófago de Políxena. Hacia 520–500 a. C. Relieve identificado con el sacrificio de la princesa. Obra conservada en el Museo de Troya.
Sófocles, Políxena. Siglo V a. C. El fragmento citado por Estrabón presenta una discusión entre Menelao y Agamenón sobre la partida de Troya. No permite reconstruir el destino de Políxena. Tragedia perdida; fragmentos conservados indirectamente.
Eurípides, Hécuba. Finales del siglo V a. C. Sacrificio exigido por Aquiles; dignidad de Políxena y relato de Taltibio. Tragedia completa. Fecha exacta discutida.
Eurípides, Las troyanas. 415 a. C. Andrómaca anuncia la muerte de Políxena a Hécuba. Tragedia completa.
Glauco de Regio. Finales del V o inicios del IV a. C. Autor antiguo citado en una noticia sobre la muerte de Políxena. Obra perdida; mención en el escolio a Hécuba 41.
Ovidio, Metamorfosis 13. Hacia 8 d. C. Aquiles exige el sacrificio sin explicar por qué elige a Políxena; la joven pide que su madre reciba el cadáver sin pagar rescate. Poema conservado.
Séneca, Las troyanas. Siglo I d. C. Sacrificio como boda funeraria; relación con el destino de Astianacte. Tragedia conservada.
Pseudo-Apolodoro, Epítome 5.23. Siglos I–II d. C. Sacrificio de Políxena sobre la tumba de Aquiles. Resumen mitográfico conservado.
Pausanias, Descripción de Grecia. Siglo II d. C. Descripción de pinturas de Políxena; condena de la crueldad del sacrificio. Texto conservado, testimonio de pinturas hoy perdidas.
Fábulas atribuidas a Higino, 110. Época imperial; fecha debatida. Aquiles pretende casarse con Políxena y muere a manos de Paris y Deífobo; la muchacha es sacrificada sobre su tumba. Relato mitográfico conservado; atribución y datación discutidas.
Filóstrato, Sobre los héroes. Siglo III d. C. Amor correspondido y muerte voluntaria de Políxena sobre la tumba de Aquiles. Relato en prosa conservado.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas 14. Siglos III–IV d. C. Aquiles exige el sacrificio en un sueño a Neoptólemo. Poema épico conservado.
Trifiodoro, La toma de Ilión. Siglos III–IV d. C. Alusión al derramamiento de sangre de Políxena en la tumba de Aquiles. Poema conservado, mención breve.
Dictis Cretense, Diario de la guerra de Troya. Siglo IV d. C. (versión latina). Odiseo exige que Políxena sea entregada a Neoptólemo para el sacrificio. Relato latino conservado, derivado de una narración griega.
Dares Frigio, Destrucción de Troya. Siglos V–VI d. C. Descripción física de Políxena; amor de Aquiles y ejecución a manos de Neoptólemo. Relato latino conservado de ambientación pseudohistórica.
Juan Malalas, Cronografía. Siglo VI d. C. Descripción física de Políxena; le atribuye dieciocho años al morir. Crónica conservada de época bizantina.
Excidium Troiae (anónimo). Manuscrito de finales del siglo IX; composición incierta. Rescate de Héctor mediante una balanza; matrimonio de Aquiles con Políxena; la joven revela su punto vulnerable y, tras la caída de Troya, Neoptólemo la encierra viva en el sarcófago del héroe. Relato latino conservado. Edición de Atwood y Whitaker (1944), basada en tres manuscritos.

Nota sobre la cronología: las fechas son aproximadas y algunas siguen siendo objeto de discusión. El orden de las obras del siglo VI a. C. no siempre puede establecerse con precisión. En el caso de los poemas perdidos, debemos distinguir su fecha probable de composición de la época del comentarista o del manuscrito que conserva una noticia sobre ellos.

El Excidium Troiae se conserva en manuscritos medievales. El más antiguo de los utilizados por Atwood y Whitaker está fechado a finales del siglo IX, aunque la obra podría proceder de una tradición latina anterior. Su fecha de composición sigue siendo incierta.

Homero no aparece en la tabla porque no menciona a Políxena en los poemas conservados. Tampoco hemos incluido los Regresos como testimonio directo: su resumen menciona la aparición del espectro de Aquiles, pero no la relaciona con la princesa troyana.

Dos poemas del Ciclo épico ofrecen testimonios particularmente importantes: las Ciprias y el Saqueo de Ilión. Ambos se han perdido, y lo que sabemos de ellos procede de fragmentos, resúmenes y noticias transmitidas por otros autores.

Las Ciprias. Un escolio antiguo al verso 41 de la Hécuba de Eurípides conserva una versión muy distinta de la muerte de Políxena. El comentario atribuye al autor de las Ciprias la noticia de que la princesa murió durante la conquista de Troya a consecuencia de las heridas que le causaron Odiseo y Diomedes. Añade que Neoptólemo se encargó de darle sepultura y cita a Glauco de Regio, un estudioso de la poesía griega de finales del siglo V o comienzos del IV a. C.

Folio 3r del manuscrito Vat. gr. 909, con texto griego y anotaciones marginales.
Políxena en el manuscrito Vat. gr. 909. Biblioteca Apostólica Vaticana, Vat. gr. 909, f. 3r. © Biblioteca Apostólica Vaticana. Reproducción por cortesía de la Biblioteca Apostólica Vaticana, a la que agradecemos la concesión gratuita de los derechos de publicación para El mundo de la Odisea. Reproducción oficial.
Detalle del manuscrito Vat. gr. 909, f. 3r, con la mención de Políxena marcada mediante un recuadro rojo editorial.
Detalle del Vat. gr. 909, f. 3r, con la mención de Políxena, Πολυξένην, señalada mediante un recuadro rojo añadido editorialmente.
Ampliación de los escolios marginales del manuscrito Vat. gr. 909, f. 3r.
Ampliación de los escolios marginales del Vat. gr. 909, f. 3r.
Detalle del verso 41 y de las anotaciones marginales del manuscrito Vat. gr. 909, f. 3r.
Detalle del verso 41 y de las anotaciones marginales del mismo folio.

No conservamos los versos de las Ciprias a los que se refiere el escoliasta, ni tampoco la obra de Glauco. Conocemos esta versión únicamente gracias a la noticia transmitida por el comentario antiguo.

La atribución plantea una dificultad. Las Ciprias narraban principalmente acontecimientos anteriores a los de la Ilíada, mientras que la muerte mencionada por el escoliasta se sitúa al final de la guerra.

Alberto Bernabé, que recoge el testimonio como fragmento 34 de las Ciprias, señala las dudas que plantea esta atribución. Una posible explicación es que el poema anticipara el destino futuro de Políxena, mencionando su muerte sin narrar todavía la caída de Troya. Pero no podemos comprobarlo: desconocemos el contexto original del pasaje.

El Saqueo de Ilión del Ciclo épico. Una versión diferente procede del poema atribuido a Arctino de Mileto, cuyo argumento conocemos principalmente gracias al resumen de Proclo.

Según este testimonio, después de incendiar Troya, los aqueos sacrifican a Políxena sobre la tumba de Aquiles. Sin embargo, no se explica por qué eligieron a la muchacha ni se identifica a quien ejecutó el sacrificio.

Debemos ser cautelosos con estas omisiones. Proclo ofrece un resumen, no una reproducción completa del poema. Que no mencione determinados detalles no demuestra que faltaran en el original. Simplemente no podemos atribuírselos con seguridad.

En el resumen de otro poema del Ciclo, los Regresos (Nostoi), se relata que, después de la destrucción de Troya, cuando Agamenón y sus hombres emprenden el regreso a Grecia, se les aparece el espectro de Aquiles. El héroe muerto intenta impedir su partida anunciándoles las desgracias que les esperan. Pero Proclo no relaciona esta aparición con el sacrificio de Políxena.

La distinción es importante: no podemos utilizar la aparición del espectro en los Regresos para explicar el sacrificio narrado en el Saqueo de Ilión, porque los testimonios conservados no establecen esa relación.

Dos grandes poetas de la época arcaica, Íbico y Estesícoro, ofrecen también testimonios relacionados con Políxena, aunque de naturaleza muy diferente.

El mismo escolio a Hécuba 41 que transmite la noticia de las Ciprias afirma que, según Íbico y Eurípides, Políxena fue sacrificada por Neoptólemo, el hijo de Aquiles.

El dato es importante porque demuestra que esa atribución no depende exclusivamente de la tragedia de Eurípides. Sin embargo, no conservamos los versos de Íbico relativos a este episodio, por lo que ignoramos cómo desarrollaba la escena.

El caso de Estesícoro es diferente.

Este poeta compuso un Saqueo de Ilión, del que se conservan fragmentos muy deteriorados, principalmente en papiros procedentes de Oxirrinco, en Egipto. No es el mismo poema que el Saqueo de Ilión del Ciclo épico atribuido a Arctino.

En el fragmento S135 aparece la secuencia de letras πολυξε[, que suele interpretarse como el comienzo del nombre de Políxena. En otros fragmentos relacionados con la obra aparecen referencias a Aquiles y a la destrucción de Troya.

Pero los restos son demasiado incompletos para reconstruir una escena en la que Políxena sea herida, sacrificada o enterrada, y no sabemos qué destino le atribuía Estesícoro.

La explicación más desarrollada aparece en la Hécuba de Eurípides.

La tragedia se sitúa después de la caída de Troya. Los aqueos tienen consigo a las mujeres de la ciudad, convertidas en cautivas, y se disponen a regresar a sus hogares.

El espectro de Aquiles aparece sobre su tumba e impide la partida de las naves, que ya tenían las velas izadas. Exige que Políxena sea sacrificada en su honor. La petición provoca una disputa entre quienes aceptan el sacrificio y quienes se oponen.

Agamenón se muestra partidario de salvar a Políxena, aunque su postura parece responder a motivos personales: Casandra, hermana de la joven, ha sido entregada al jefe aqueo como cautiva y concubina. Los dos hijos de Teseo, identificados tradicionalmente como Acamante y Demofonte, defienden el sacrificio, convencidos de que los honores debidos a Aquiles deben prevalecer sobre los intereses de Agamenón.

La discusión no se resuelve hasta que interviene Odiseo. Con su habilidad para persuadir a la multitud, consigue convencer al ejército de que sería una ingratitud negar a Aquiles, el mejor de los aqueos, los honores que reclama. Argumenta que los guerreros muertos podrían reprochar a los supervivientes haber abandonado Troya sin reconocer el sacrificio de quienes dieron su vida por Grecia.

Su intervención inclina definitivamente la decisión de los aqueos a favor del sacrificio de Políxena (Hécuba, 130–140).

Pero el sacrificio también tiene una finalidad relacionada con el regreso de la expedición. Antes de dar muerte a Políxena, Neoptólemo ofrece a Aquiles la sangre de la joven y le pide que, mediante esa ofrenda, se muestre favorable a los aqueos y les permita soltar las amarras y navegar de regreso a sus hogares (Hécuba, 534–541).

La situación crea una contradicción terrible: los vencedores quieren recuperar su vida anterior, pero creen necesario matar a una joven cautiva para conseguirlo.

Existe, además, una llamativa simetría con el destino de Ifigenia. Al comienzo de la expedición, los aqueos se disponen a sacrificar a la hija de Agamenón para poder zarpar hacia Troya. Al terminar la guerra, sacrifican a la hija de Príamo sobre la tumba de Aquiles, antes de emprender el regreso. En ambos extremos de la expedición, el sacrificio de una joven se presenta como condición para hacerse a la mar.

Las víctimas ocupan posiciones muy distintas: Ifigenia es hija del jefe de la expedición; Políxena, del rey de la ciudad conquistada. También serán muy distintas las consecuencias: en la Orestíada de Esquilo, el sacrificio de Ifigenia alimenta una cadena de venganzas que acabará ensangrentando la casa de Agamenón. Políxena, en cambio, no tendrá quien la vengue. Su padre ha muerto, su familia ha perdido el poder y su madre ha sido reducida a esclavitud.

¿Quién exigirá cuentas a los vencedores por la muerte de una esclava?

En la versión desarrollada por Eurípides, Neoptólemo es quien realiza el sacrificio. Sin embargo, la tragedia distribuye la responsabilidad entre varios personajes: el fantasma de Aquiles exige la ofrenda, los aqueos aceptan la exigencia tras la intervención de Odiseo, este defiende después la decisión ante Hécuba y Neoptólemo empuña finalmente la espada.

No se trata de un asesinato aislado. Es un acto público, preparado y realizado con una lógica terrible por el ejército vencedor.

La tragedia tampoco presenta a todos los aqueos como igualmente insensibles. El relato de Taltibio mostrará que algunos se conmueven ante el valor de la muchacha. Pero admirar a la víctima no modifica la responsabilidad de quienes permiten que sea sacrificada.

En la Hécuba, Eurípides concede a Políxena una voz propia.

Cuando conoce su destino, la muchacha no se limita a lamentarse. Reflexiona sobre lo que significaría seguir viviendo después de la destrucción de Troya.

Recuerda que nació en una familia real, que creció rodeada de honores y que esperaba un matrimonio acorde con su condición. Ahora se enfrenta a una existencia en la que podría ser vendida a un amo que la obligara a preparar el pan, barrer la casa o trabajar en el telar. Incluso teme verse obligada a compartir el lecho con un esclavo, cuando antes aspiraba a casarse con un rey.

Su pensamiento refleja los valores aristocráticos del mundo al que pertenece: para una princesa criada en libertad, la esclavitud representa una degradación insoportable.

Se puede reconocer la valentía de Políxena sin compartir necesariamente la idea de que morir sea preferible a una existencia sometida. Eurípides sitúa su decisión dentro de una sociedad en la que la diferencia entre ser libre y esclavo determina radicalmente la condición de las personas.

Pero hay algo que no debemos perder de vista: Políxena no ha elegido ser sacrificada. La decisión ya ha sido tomada por los aqueos, y nada puede hacer para impedir que se cumpla. Cuando declara que prefiere morir antes que vivir como esclava, no está eligiendo libremente su destino, sino expresando cómo desea afrontar una muerte que otros le han impuesto.

Es el último margen de voluntad que le queda. La tragedia muestra a una joven capaz de afrontar la muerte con dignidad, pero no por ello absuelve a quienes han decidido matarla.

Eurípides no representa directamente la muerte de Políxena ante el público.

El sacrificio tiene lugar fuera de escena. Después aparece Taltibio, el heraldo griego, y cuenta a Hécuba lo ocurrido (Hécuba, 518–582).

Su relato comienza con el ejército reunido alrededor de la tumba de Aquiles. Neoptólemo realiza una libación a su padre y le pide que acepte la sangre de la joven. Después desenvaina la espada y hace una señal a varios guerreros para que la sujeten.

Entonces Políxena habla.

Se dirige a los aqueos y exige que nadie ponga las manos sobre ella. Declara que afrontará la muerte por su propia voluntad, pero pide que la dejen morir sin que nadie la sujete: siendo hija de reyes, le avergonzaría ser considerada una esclava incluso entre los muertos.

La multitud manifiesta su aprobación. Agamenón ordena que los soldados la suelten.

Este detalle es especialmente significativo. El jefe de los aqueos acepta su petición, pero únicamente en lo que afecta a la forma del sacrificio. Nadie propone revocar la condena.

Cuando los soldados la sueltan, Políxena toma sus vestiduras a la altura del hombro y las rasga hasta cerca del ombligo. Deja al descubierto los senos y el pecho, cuya belleza Taltibio compara con la de una estatua (Hécuba, 557–561).

Después, apoyando una rodilla en tierra, ofrece a Neoptólemo la posibilidad de herirla en el pecho o en el cuello. El joven vacila, dividido entre la compasión y el deber de ejecutar el sacrificio, pero finalmente le corta el cuello.

Taltibio describe también la manera en que la muchacha cae al suelo, procurando conservar el recato incluso en el instante de morir. Después, los aqueos le rinden honores funerarios: unos cubren su cuerpo con hojas, otros preparan la pira y otros aportan vestidos y adornos.

El heraldo reconoce que el espectáculo lo ha conmovido profundamente. Lloró ante la tumba y vuelve a llorar al contar lo ocurrido.

La escena tiene una fuerza extraordinaria porque no presenciamos directamente el sacrificio. Lo conocemos a través de las palabras de un heraldo griego que fue testigo de la muerte de Políxena y que ahora debe contarle a Hécuba cómo ha muerto su hija.

Eurípides no permite que la admiración por Políxena borre el dolor de su madre. Tampoco convierte el sacrificio en una ceremonia admirable simplemente porque la víctima haya sabido morir con dignidad.

¿Qué diferencia hay entre la Políxena de Eurípides y la del arte arcaico?

Sección titulada «¿Qué diferencia hay entre la Políxena de Eurípides y la del arte arcaico?»

La comparación entre las imágenes arcaicas y el relato de Eurípides resulta reveladora.

En el ánfora del British Museum, varios guerreros sujetan a Políxena mientras Neoptólemo le corta el cuello. La joven aparece físicamente inmovilizada por sus enemigos. En el relieve del llamado Sarcófago de Políxena también aparece retenida por varias figuras mientras se prepara su muerte.

En la Hécuba de Eurípides, por el contrario, Políxena exige que los soldados la suelten y Agamenón accede a su petición.

Las imágenes ponen de manifiesto la violencia física ejercida sobre la víctima. Eurípides, sin ocultar esa violencia, desplaza parte de la atención hacia la palabra de Políxena y su decisión de afrontar la muerte sin que nadie la sujete.

La diferencia no está en el destino de la muchacha, sino en la manera de representarlo. En ambos casos, otros han decidido que debe morir. Pero Eurípides le concede una voz que las imágenes no pueden transmitir.

Políxena en las pinturas descritas por Pausanias

Sección titulada «Políxena en las pinturas descritas por Pausanias»

Pausanias, escritor y viajero griego del siglo II d. C., conoció distintas pinturas que representaban a Políxena. Sus descripciones tienen hoy un valor especial, porque aquellas obras no se han conservado.

En Delfos contempló una gran pintura de Polignoto de Tasos, artista del siglo V a. C., que decoraba un edificio conocido como la Lesque de los Cnidios. Representaba las consecuencias de la conquista de Troya: los aqueos preparaban sus naves para partir, mientras las mujeres troyanas, convertidas en cautivas, lamentaban su desgracia.

Entre ellas aparecían Andrómaca, con su hijo aferrado al pecho, Medesicasta, otra hija de Príamo, y Políxena. Pausanias se detiene en un detalle: Andrómaca y Medesicasta llevaban la cabeza cubierta, mientras que Políxena tenía el cabello recogido según la costumbre de las muchachas solteras (Descripción de Grecia, 10.25.9–10).

Polignoto no había representado el sacrificio, sino a la princesa todavía viva, entre las mujeres de la ciudad vencida. El detalle de su peinado permite reconocer su condición de doncella y distinguirla de las otras cautivas.

Pausanias añade entonces que los poetas cantaban la muerte de Políxena junto a la tumba de Aquiles y que él mismo había visto pinturas de su trágico destino tanto en Atenas como en Pérgamo, junto al río Caico.

Una de aquellas pinturas se encontraba en un edificio situado a la izquierda de los Propileos, a la entrada de la Acrópolis de Atenas. Pausanias explica que algunas de sus imágenes todavía podían distinguirse, pese al paso del tiempo. Entre ellas figuraba Políxena a punto de ser sacrificada junto a la tumba de Aquiles (Descripción de Grecia, 1.22.6).

No describe quién la sujetaba ni quién iba a darle muerte. Sin embargo, la escena le suscita una reflexión personal: considera que Homero hizo bien en omitir un acto tan cruel (Descripción de Grecia, 1.22.6).

La observación resulta sorprendente. La Ilíada termina con los funerales de Héctor, cuando Aquiles todavía está vivo y Troya no ha sido conquistada. El sacrificio de Políxena pertenece, por tanto, a un momento posterior a los acontecimientos que narra el poema. Tampoco la Odisea relata ese episodio.

No sabemos si Homero conocía aquella tradición ni si decidió excluirla deliberadamente. Lo que sí conocemos es el juicio de Pausanias: considera el sacrificio una atrocidad y celebra que no aparezca en los poemas homéricos.

También resulta llamativo que, entre las pinturas del mismo edificio ateniense, Pausanias mencione otra escena: Orestes matando a Egisto. El escritor no establece ninguna relación entre ambas imágenes, pero su presencia nos invita a recordar los diferentes destinos de Ifigenia y Políxena, y la cadena de venganzas que siguió al sacrificio de la primera.

Las pinturas de Delfos, Atenas y Pérgamo se han perdido. Gracias a Pausanias conocemos su existencia y algunos detalles de su contenido. Sobre todo, podemos distinguir dos imágenes muy diferentes de Políxena: la muchacha que todavía vive entre las cautivas de Troya y la víctima que espera su muerte junto a la tumba de Aquiles.

¿Cómo era Políxena? Las fuentes más antiguas no ofrecen un retrato físico detallado, pero algunos narradores posteriores sí se detuvieron en su apariencia.

Dares Frigio, en La destrucción de Troya (12), la describe como una joven alta, de tez clara, cuello largo, ojos hermosos y cabello rubio y largo. Tenía, según el autor, un cuerpo bien proporcionado, dedos finos y piernas rectas. Su belleza superaba a la de las demás mujeres, aunque Dares también destaca su carácter sencillo y bondadoso.

Juan Malalas, cronista bizantino del siglo VI d. C., ofrece otro retrato en su Cronografía. Políxena era alta, de piel muy clara, ojos grandes, cabello negro recogido hacia atrás, rostro fino, boca pequeña y labios sonrosados. Afirma incluso que tenía dieciocho años cuando fue sacrificada.

Los dos autores coinciden en su extraordinaria belleza, pero discrepan en detalles como el color del cabello. Sus descripciones son retratos imaginados, elaborados muchos siglos después, que muestran cómo cada autor daba forma a un personaje de la tradición mítica.

La historia amorosa también presenta distintas versiones.

Filóstrato, en Sobre los héroes (51.1–6), sitúa el comienzo de la relación amorosa entre Aquiles y Políxena durante el rescate del cadáver de Héctor. Según su relato, la muchacha acompaña a Príamo al campamento aqueo para recuperar el cuerpo de su hermano. Allí Aquiles la conoce, ambos se enamoran y llegan a proyectar su matrimonio.

En la Ilíada (libro 24), Homero cuenta que Príamo acude a Aquiles para recuperar el cadáver de Héctor, sin que Políxena intervenga en ningún momento.

Dares Frigio nos hace llegar otra historia. Aquiles ve a Políxena cuando la familia real troyana acude a la tumba de Héctor, en el aniversario de sus funerales, y queda profundamente enamorado. Desea casarse con ella y está dispuesto a abandonar la guerra para conseguirlo (La destrucción de Troya, 27).

También Dictis Cretense relaciona el enamoramiento de Aquiles con la belleza de Políxena, aunque sitúa su primer encuentro durante unas ceremonias religiosas dedicadas a Apolo, en las que participan Hécuba y Casandra. Aquiles queda prendado de la muchacha y llega a ofrecer el fin de la guerra a cambio de su matrimonio (Diario de la guerra de Troya, 3.2–3).

Filóstrato afirma expresamente que Políxena correspondía al amor de Aquiles. Dares y Dictis, en cambio, describen la pasión del héroe, pero no nos dicen que la muchacha compartiera sus sentimientos.

En estas narraciones, la belleza de Políxena despierta el amor del mayor guerrero aqueo, hasta el punto de que Aquiles llega a plantearse abandonar la expedición contra Troya para casarse con ella. Pero esa pasión, lejos de proteger a la joven, acaba formando parte de su desgracia.

El Excidium Troiae enlaza también el enamoramiento con la recuperación del cadáver de Héctor, pero introduce una diferencia decisiva: Aquiles y Políxena llegan a casarse, y la muchacha desempeña después un papel fundamental en la muerte del héroe.

Filóstrato presenta una versión singular en Sobre los héroes (Heroikos 51.1–6).

Como hemos visto, sitúa el nacimiento del amor entre Aquiles y Políxena durante el rescate del cadáver de Héctor. La muchacha acompaña a Príamo al campamento aqueo y ambos jóvenes se enamoran.

Aquiles propone casarse con Políxena y se compromete a conseguir que los aqueos abandonen el asedio de Troya. Príamo acepta negociar el matrimonio, pero la confianza del héroe acaba llevándolo a la muerte.

Aquiles acude desarmado al santuario de Apolo Timbreo para formalizar los acuerdos mediante juramentos y sacrificios. Allí es asesinado a traición. Filóstrato recuerda que, según Homero, Paris y Apolo fueron responsables de su muerte, pero no describe las circunstancias concretas del asesinato ni identifica a quienes prepararon la emboscada.

Después de la muerte de Aquiles, Políxena abandona el lado troyano y huye al campamento aqueo. Es acogida por Agamenón, bajo cuya protección vive con el respeto y los cuidados que habría recibido en la casa de su padre.

Tres días después de que Aquiles recibiera sepultura, la muchacha acude de noche a su tumba. Allí pronuncia palabras de amor y de duelo, pide al héroe que continúe amándola y que la reciba como esposa, y se da muerte dejándose caer sobre una espada.

Esta historia transforma por completo el sacrificio tradicional.

Políxena no muere porque los vencedores hayan decidido entregarla a Aquiles. Tampoco porque Odiseo y Diomedes la hayan herido durante el saqueo. Muere por decisión propia, dentro de una narración que presenta su muerte como la consumación de un amor interrumpido.

También cambia la cronología: Políxena muere poco después de Aquiles, antes de que Troya haya caído, y no como consecuencia de la victoria aquea.

La Políxena de Eurípides y la de Filóstrato afrontan la muerte con determinación, pero una intenta conservar su dignidad ante una ejecución impuesta, mientras que la otra decide quitarse la vida por amor. Son dos interpretaciones profundamente diferentes de un mismo personaje mítico.

¿Y si Políxena hubiera traicionado a Aquiles?

Sección titulada «¿Y si Políxena hubiera traicionado a Aquiles?»

El Excidium Troiae, relato latino anónimo de transmisión altomedieval, ofrece otra versión de la historia de Aquiles y Políxena. No debe confundirse con la Destrucción de Troya atribuida a Dares Frigio. Su autor convierte el rescate del cadáver de Héctor en el comienzo de una relación que acabará provocando la muerte de ambos.

En la Ilíada 22.349–354, Aquiles asegura al moribundo Héctor que no devolverá su cuerpo ni aunque Príamo ofrezca por él su peso en oro. El Excidium Troiae transforma aquella posibilidad descartada por el héroe en una escena en la que el cadáver y el oro llegan a colocarse en una balanza.

Príamo, Hécuba y Políxena contemplan desde las murallas el cadáver de Héctor, arrastrado por el carro de Aquiles. Suplican que les sea devuelto a cambio de oro equivalente a su peso. Aquiles, conmovido por sus ruegos, accede al pesaje: el cuerpo se coloca en un platillo y el oro en el otro.

Pero las riquezas reunidas no bastan para equilibrar el peso de Héctor. Entonces Políxena arroja sus pulseras y brazaletes a la balanza. Al verla, Aquiles se enamora de la muchacha y ofrece devolver a Príamo tanto el cadáver como el oro, con una condición: recibir a Políxena como esposa. Príamo acepta y la entrega en matrimonio.

El relato cambia entonces de rumbo. Príamo y Hécuba desean vengar a Héctor y piden a su hija que averigüe el punto débil de Aquiles. Le prometen que, después de la muerte del héroe, podrá contraer otro matrimonio.

Políxena obtiene el secreto mediante caricias y muestras de afecto. Aquiles le revela que es vulnerable en el talón, el lugar por el que su madre lo había sujetado cuando lo sumergió en las aguas de la Estigia. La muchacha transmite la información a sus padres. Véase también ¿Era Aquiles invulnerable?.

Príamo y Hécuba fingen entonces preparar un sacrificio en el templo de Apolo e invitan a Aquiles a participar junto con Políxena. El héroe acepta. Siguiendo la costumbre que describe el relato, entra en el santuario desarmado y descalzo. Mientras ofrece incienso, Paris, oculto tras la estatua del dios, le dispara una flecha envenenada que le alcanza en el talón. Aquiles, agonizante, arranca tizones del altar y mata con ellos a cuantos encuentra a su alcance antes de morir.

El destino de Políxena se cumple después, durante la caída de Troya. Neoptólemo, hijo de Aquiles, la captura y la conduce a la tumba de su padre. Abre el sepulcro, introduce a la muchacha todavía viva en el sarcófago donde yace Aquiles y lo cierra, sellándolo con plomo (Excidium Troiae, pp. 12–13 y 20, ed. Atwood y Whitaker).

Esta versión contrasta profundamente con la de Filóstrato. En Sobre los héroes, Políxena ama a Aquiles y se quita la vida sobre su tumba. En el Excidium Troiae, participa en la conspiración que provoca su muerte y termina encerrada en su sepulcro por decisión de Neoptólemo.

También cambia el sentido de su muerte. En este relato, Príamo y Hécuba utilizan a su hija para vengar a Héctor, y Neoptólemo castiga después a Políxena por haber revelado el secreto que permitió matar a su padre.

La historia encadena así dos venganzas. Políxena participa en la primera, instigada por sus padres, y termina convirtiéndose en víctima de la segunda.

La historia de Políxena siguió desarrollándose durante muchos siglos.

Sófocles escribió una tragedia titulada Políxena, hoy perdida. Estrabón (Geografía, 10.3.14) conserva unos versos relacionados con la partida de los aqueos: Menelao desea abandonar Troya cuanto antes, mientras Agamenón quiere permanecer algún tiempo para aplacar a Atenea.

El fragmento sitúa una escena de la tragedia después de la conquista de Troya, pero no permite reconstruir su argumento ni conocer cómo presentaba Sófocles el destino de Políxena.

Eurípides volvió a mencionar su muerte en Las troyanas (622–628). Andrómaca comunica a Hécuba que su hija ha sido sacrificada junto a la tumba de Aquiles. Ella misma vio el cadáver, lo cubrió con un manto y lloró sobre él. Hécuba califica el sacrificio de impío. En esta tragedia, la noticia no la trae un heraldo griego, como sucede en Hécuba, sino Andrómaca, la viuda de Héctor, que ha contemplado el cuerpo sin vida de Políxena.

Ovidio, en el libro 13 de las Metamorfosis (439–532), describe la aparición del fantasma de Aquiles y la exigencia del sacrificio. El héroe se queja de que los aqueos se disponen a partir olvidando sus servicios y reclama la muerte de Políxena como un honor debido a su sepultura.

Ovidio no explica por qué Aquiles exige precisamente la muerte de Políxena. El héroe reclama honores funerarios, pero no justifica la elección de la muchacha. Nada dice el poeta de una relación amorosa anterior ni de una promesa matrimonial. Si recordamos las tradiciones que presentan a Aquiles enamorado de Políxena, su exigencia adquiere nuevas y perturbadoras posibilidades de interpretación, pero ninguna aparece expresamente en el relato de Ovidio.

Políxena afronta la muerte con valor y pide que su cadáver sea entregado a Hécuba sin que su madre tenga que pagar un rescate. Después, el poeta se detiene en el lamento de la madre.

La petición resulta especialmente conmovedora porque recuerda otra escena de la tradición troyana: Príamo tuvo que entregar riquezas para recuperar el cuerpo de Héctor. Ahora su hija, convertida en cautiva, pide que Hécuba pueda recibir el suyo sin necesidad de pagar nada.

Séneca, en Las troyanas, desarrolla un motivo todavía más sombrío: el sacrificio se presenta como unas bodas funerarias con Aquiles en el mundo de los muertos. Helena engaña a Políxena anunciándole que va a casarse con Neoptólemo, el hijo de Aquiles, cuando en realidad la están preparando para ser sacrificada y convertirse en esposa del héroe difunto.

La ceremonia que debería anunciar una vida compartida se transforma en el camino hacia la muerte.

Séneca relaciona además el destino de Políxena con el de Astianacte, hijo de Héctor, condenado por los aqueos a morir arrojado desde una torre. En el relato del mensajero, el muchacho acaba precipitándose por sí mismo al vacío. Ambos son víctimas de las decisiones de los vencedores y representan la destrucción de lo que quedaba de la familia real de Troya.

Quinto de Esmirna, en el libro XIV de las Posthoméricas, recrea el episodio dentro de una extensa narración épica.

Aquiles aparece en sueños a Neoptólemo y exige que Políxena sea sacrificada sobre su tumba. Si los aqueos desobedecen, amenaza con impedir su regreso mediante tempestades.

Neoptólemo transmite la orden al ejército y ejecuta el sacrificio. Políxena llora mientras la conducen a la tumba, comparada con una ternera arrancada de su madre para ser sacrificada. Es una imagen muy distinta de la serenidad con que Eurípides y Ovidio presentan a la princesa ante la muerte.

Después del sacrificio, los aqueos entregan el cuerpo de Políxena a Anténor, un anciano consejero troyano que la había criado en su casa con la intención de casarla con su hijo Eurímaco. Es él quien le da sepultura en Troya, cerca de su propia vivienda.

Esta versión combina argumentos que ya hemos visto: la reclamación del héroe muerto, la autoridad de su hijo y la necesidad de obtener un regreso seguro.

Otras fuentes transmiten noticias más breves. La Epítome atribuida a Apolodoro (5.23) recuerda el sacrificio junto a la tumba de Aquiles; las Fábulas atribuidas a Higino (110) relacionan el deseo de Aquiles de casarse con Políxena con la muerte del héroe; y Trifiodoro, en La toma de Ilión, alude al derramamiento de la sangre de la princesa sobre la tumba. Estos testimonios confirman la difusión de distintas tradiciones, aunque apenas desarrollan el personaje.

No podemos atribuir su creación a un único poeta.

Políxena no aparece en los poemas homéricos conservados, pero sabemos que la tradición arcaica ya conocía historias relacionadas con ella, probablemente transmitidas también de forma oral.

La cerámica la representa en la emboscada de Aquiles contra Troilo y en la escena de su sacrificio. Un escolio atribuye al autor de las Ciprias una muerte durante la conquista de Troya. El resumen del Saqueo de Ilión sitúa su sacrificio sobre la tumba de Aquiles. Íbico es citado entre quienes atribuían su muerte a Neoptólemo, mientras que los restos de Estesícoro apenas permiten identificar, posiblemente, su nombre.

Eurípides le concede una voz capaz de conmover a sus propios enemigos. Ovidio hace que su muerte prolongue el sufrimiento de Hécuba. Séneca transforma la ceremonia funeraria en una boda destinada al mundo de los muertos. Quinto de Esmirna vuelve a darle forma épica.

Dares y Juan Malalas describieron su aspecto físico, mientras que Dictis y Dares desarrollaron distintas historias sobre el enamoramiento de Aquiles. Filóstrato convirtió a Políxena en una mujer que se quita la vida por amor. El Excidium Troiae la presenta como esposa del héroe, partícipe de la conspiración que acaba con él y finalmente enterrada viva en su sepulcro.

Cada testimonio pertenece a una época, una obra y una manera de entender el mito. A lo largo de los siglos, los autores destacaron aspectos diferentes de Políxena, modificaron las circunstancias de su muerte y le atribuyeron decisiones y sentimientos que no siempre pueden conciliarse entre sí.

Pero hay algo que permanece en todas estas versiones: Políxena muere en la flor de la vida. Lo que cambia es el camino que la conduce a ese final, las razones que pretenden explicarlo y la responsabilidad de quienes intervienen en su destino.

No conocemos a un único creador de Políxena. Conocemos, en cambio, a los poetas, artistas y narradores que, durante siglos, fueron construyendo su historia.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026