Las mujeres en la Odisea
Odiseo quiere volver a casa, pero su regreso depende una y otra vez de las mujeres que encuentra. Atenea impulsa su retorno; Circe primero y luego Calipso lo retienen; Nausícaa lo ayuda cuando llega a tierra después de un naufragio, y su madre Arete reconoce las prendas que lleva y le pide explicaciones. En Ítaca, Euriclea descubre quién se oculta bajo los harapos del mendigo y Penélope pone a prueba a su esposo antes de reconocerlo. Incluso las sirvientas de la casa de Odiseo tienen su protagonismo, y sus lealtades y traiciones tendrán consecuencias. Cada una de estas mujeres conoce, desea o decide algo que condiciona el destino del viajero.
Esa notable presencia femenina llamó la atención de Samuel Butler, que en 1897 sostuvo que la Odisea había sido compuesta por una mujer. Su hipótesis invita a recorrer el poema con una pregunta previa: ¿qué lugar ocupan las mujeres en la historia del regreso de Odiseo?
La hipótesis de Samuel Butler
Sección titulada «La hipótesis de Samuel Butler»En The Authoress of the Odyssey (1897), Samuel Butler sostuvo que el poema había sido compuesto por una mujer joven, probablemente originaria de Trápani, en Sicilia, que se habría retratado a sí misma en el personaje de Nausícaa. Estos eran sus principales argumentos:
- Importancia y caracterización de los personajes femeninos
- Las mujeres aparecen retratadas con mayor profundidad psicológica que muchos personajes masculinos.
- Atenea, Penélope, Helena, Circe, Calipso, Nausícaa y Arete muestran inteligencia, iniciativa y autoridad.
- Los hombres dependen frecuentemente de la intervención y los consejos de las mujeres.
- Autoridad de Arete entre los feacios
- Nausícaa aconseja a Odiseo que solicite ayuda a su madre, antes que a Alcínoo.
- Arete reconoce las prendas del extranjero y le pregunta cómo las ha conseguido.
- Butler interpreta la influencia de la reina como otro indicio de una perspectiva femenina.
- Conocimiento detallado de la vida doméstica
- El poema presta especial atención a los tejidos, vestidos, habitaciones, sirvientes y tareas domésticas.
- Describe minuciosamente las relaciones familiares y la organización de la casa.
- Butler atribuye estos conocimientos a la experiencia cotidiana de una mujer.
- Supuesto desconocimiento de actividades masculinas
- Butler considera poco convincentes algunos episodios de navegación, competiciones atléticas y combates.
- Señala presuntas incongruencias en los juegos de los feacios, la prueba del arco y la matanza de los pretendientes.
- Interpreta estas dificultades como indicios de una autora poco familiarizada con determinadas actividades masculinas.
- Preocupación por la conducta y la reputación de las mujeres
- Destaca la importancia de la fidelidad de Penélope y la preocupación por la reputación femenina.
- Presta especial atención a la severidad del castigo de las sirvientas que mantuvieron relaciones con los pretendientes.
- Observa que, durante la visita de Odiseo al Hades, las heroínas aparecen antes que los grandes héroes masculinos.
- Butler cree reconocer en estos detalles unos intereses y una sensibilidad específicamente femeninos.
- Nausícaa como posible autorretrato
- Butler imagina una autora joven, soltera, inteligente y de posición acomodada.
- Considera que Nausícaa reúne esas características y podría representar a la propia escritora.
- Interpreta las descripciones del palacio y del entorno de los feacios como recuerdos de lugares conocidos personalmente.
- Sitúa a la supuesta autora en Trápani, Sicilia, cuya geografía cree reconocer tanto en Esqueria como en la Ítaca del poema.
Butler realizó una magnífica traducción en prosa de la Odisea y conocía a fondo el poema. Muchas de sus observaciones son acertadas, especialmente las que se refieren al protagonismo femenino, aunque sus argumentos no bastan para demostrar que la obra fuera compuesta por una mujer.
Ni siquiera podemos estar seguros de cuánto había de Homero en un poema que recoge una prolongada tradición oral, en la que también pudieron participar mujeres. Desconocemos cómo se formó exactamente la obra que ha llegado hasta nosotros y qué transformaciones experimentó antes de quedar fijada por escrito. Pretender averiguar, a partir de sus personajes y episodios, el sexo y la identidad de quien la compuso parece ir demasiado lejos.
Pero la hipótesis de Butler tiene una virtud: nos invita a prestar atención a algo que está efectivamente en el poema. Las mujeres no aparecen únicamente como esposas, madres, amantes o sirvientas. Algunas gobiernan, otras aconsejan, protegen, engañan, reconocen o ponen a prueba. Sus decisiones intervienen continuamente en el destino de Odiseo.
La casa, el tejido, el matrimonio y la hospitalidad ocupan un lugar persistente en la Odisea. Las mujeres intervienen en esos espacios y también fuera de ellos: algunas retienen al héroe; otras lo protegen, lo orientan o averiguan quién es.
Cuántas mujeres aparecen
Sección titulada «Cuántas mujeres aparecen»El recuento de personajes de la Ilíada y la Odisea ofrece una primera comparación. Se cuenta una vez a cada persona individualizable en cada poema, tenga nombre o pueda distinguirse por su parentesco, función o intervención. Se incluyen las figuras simplemente mencionadas y se excluyen los colectivos cuyos integrantes no están diferenciados. Con ese criterio, los resultados son los siguientes.
| Personajes femeninos individualizados | Ilíada | Odisea |
|---|---|---|
| Total | 97 | 83 |
| Proporción del total de personajes | 15,6 % | 27,9 % |
| Divinas o sobrenaturales | 58 | 24 |
| Mortales libres | 29 | 42 |
| Dependientes, cautivas o esclavizadas | 10 | 17 |
La proporción se calcula sobre 622 personajes individualizados en la Ilíada y 297 en la Odisea. El recuento incluye a las mujeres que solo aparecen mencionadas, aunque no participen en la acción.
El resultado puede sorprender: la Ilíada contiene más mujeres individualizadas en términos absolutos. Sin embargo, en la Odisea las mujeres se acercan a tres de cada diez personajes, mientras que en la Ilíada representan aproximadamente una de cada seis. La distribución también cambia: 58 de las 97 figuras femeninas de la Ilíada son divinas o sobrenaturales; en la Odisea lo son 24 de 83. Las mortales libres y las dependientes suman, respectivamente, 39 en la Ilíada y 59 en la Odisea.
Parte del contraste se entiende por los argumentos de ambos poemas. La Ilíada relata una guerra y concentra su atención en los guerreros, sus enfrentamientos y sus linajes. La Odisea, en cambio, narra un regreso y concede mayor espacio a los encuentros, las relaciones familiares y la vida doméstica.
Retener al viajero y mostrarle el camino
Sección titulada «Retener al viajero y mostrarle el camino»Atenea interviene desde el comienzo. Promueve el regreso de Odiseo y visita a Telémaco para animarlo a actuar. Más adelante protege al héroe, modifica su apariencia y participa en los preparativos para que recupere su casa y su posición en Ítaca. Su inteligencia acompaña a la de Odiseo: el regreso exige ocultar, calcular y reconocer el momento oportuno, además de resistir los peligros del viaje (Odisea 1, 13 y 22).
Al comienzo del relato, Odiseo permanece en la isla de Calipso y añora su tierra y a su esposa. La diosa desea conservarlo a su lado, pero la perspectiva de una vida inmortal no sustituye para él lo que ha perdido. Cuando Hermes le transmite la orden de Zeus de dejarlo partir, Calipso protesta contra los dioses, que se indignan cuando una diosa toma a un mortal como amante. Su deseo entra en conflicto con el regreso del héroe, pero, después de expresar su agravio, finalmente lo ayuda a preparar la embarcación para que pueda partir (Odisea 5).
Circe había supuesto otro obstáculo durante las errancias que Odiseo contará después a los feacios. Transforma a sus compañeros en cerdos e intenta someter al propio Odiseo al mismo hechizo, pero él resiste su poder con ayuda de Hermes. La situación cambia entonces completamente. Los hombres recuperan su forma y permanecen en la casa de Circe durante un año, mientras Odiseo comparte el lecho con ella. Cuando sus compañeros le recuerdan que deben regresar a su patria, Odiseo pide a Circe que los deje partir. La diosa les indica cómo llegar hasta los muertos para consultar a Tiresias y, a su regreso, los previene de los peligros que encontrarán. Quien en un principio amenazaba con impedirles continuar el viaje termina por acogerlos y proporcionarles el conocimiento necesario para proseguirlo (Odisea 10–12).
La acogida de Nausícaa abre una posibilidad distinta. Cuando Odiseo llega a la tierra de los feacios, está desnudo, agotado y con un aspecto que nada revela de su condición de rey. La joven lo escucha, procura que reciba ropa y alimento y le explica cómo llegar al palacio. Después de que se haya lavado y Atenea haya embellecido su apariencia, Nausícaa llega incluso a desear un marido semejante a él. Sin embargo, evita entrar en la ciudad a su lado: teme los comentarios de quienes podrían tomarlo por su futuro esposo. Su iniciativa se mueve entre el deber de hospitalidad, sus propios deseos y las expectativas que pesan sobre una joven de familia regia (Odisea 6).
Nausícaa le aconseja buscar primero a su madre, Arete, cuya influencia en la casa real es extraordinaria. Atenea confirma el respeto del que goza la reina entre los feacios. Ya en el palacio, Arete reconoce el manto y la túnica del extranjero: son prendas que ella misma había confeccionado con sus sirvientas. Le pregunta quién es, de dónde viene y quién le ha entregado aquella ropa. Las prendas que Nausícaa le había proporcionado junto al río permiten así relacionar al desconocido con la casa real. Alcínoo conserva la autoridad regia, pero es Arete quien toma la iniciativa de interrogar al huésped y lo lleva a explicar cómo ha llegado hasta los feacios, aunque Odiseo todavía no revela su nombre (Odisea 7.233–297).
El regreso
Sección titulada «El regreso»En Ítaca, Penélope ha empleado su telar para ganar tiempo. Los pretendientes consumen los bienes de la casa y reclaman un nuevo matrimonio; ella promete elegir cuando termine el sudario de Laertes. Durante el día teje y por la noche deshace su trabajo, hasta que sus propias sirvientas revelan el engaño a los pretendientes. El telar le permite aplazar la decisión durante tres años, hasta que su estratagema es descubierta en el cuarto, aunque no elimina la presión que soporta (Odisea 2 y 19).
La conversación con el mendigo, en el canto 19, reúne esa incertidumbre con la posibilidad del retorno. Penélope pregunta, escucha el relato de su interlocutor, le cuenta el sueño de las veinte ocas y anuncia la prueba del arco. El extranjero interpreta el sueño como anuncio de la muerte de los pretendientes, pero Penélope duda de que Odiseo vaya a regresar. El lector sabe quién está ante ella; Penélope, en cambio, ignora que está hablando con su propio esposo. La distancia entre ambos conocimientos sostiene la tensión del encuentro.
Incluso después de la muerte de los pretendientes, Penélope no acepta de inmediato al hombre que se presenta como su esposo. La prueba decisiva llega con el lecho que Odiseo había construido utilizando el tronco de un olivo arraigado en el suelo. Al ordenar que lo preparen fuera de la habitación, provoca la protesta de Odiseo, que conoce su construcción y sabe que no puede trasladarse sin destruirlo. Ese conocimiento compartido permite el reconocimiento. Durante buena parte del regreso él ha ocultado su identidad como parte de su estrategia; ahora es ella quien lo pone a prueba (Odisea 23).
La ropa, el telar y el lecho participan así en la acción. Arete obtiene información a partir de unas prendas; Penélope utiliza el tejido para aplazar su boda y el secreto del lecho para reconocer a su esposo. La experiencia doméstica proporciona recursos para preguntar, resistir y comprobar.
Las mujeres que sirven en la casa
Sección titulada «Las mujeres que sirven en la casa»Euriclea llega al reconocimiento por una vía distinta. Mientras lava los pies del mendigo, descubre la cicatriz de Odiseo: el contacto con su cuerpo revela lo que el disfraz ocultaba. Su conocimiento procede de una larga relación de cuidado dentro de la familia. Sin embargo, Odiseo la sujeta por el cuello y le exige silencio, amenazándola incluso con la muerte si revela su identidad. La anciana puede reconocer a su señor, pero su condición de esclava le impide disponer libremente de lo que sabe (Odisea 19).
La situación de las servidoras también forma parte de la historia del regreso. Algunas poseen nombre, memoria y una intervención singular. Melanto, por ejemplo, había sido criada por Penélope como una hija, pero mantiene relaciones con el pretendiente Eurímaco y trata con desprecio al extranjero que se presenta como mendigo. Otras sirvientas aparecen únicamente como grupo. Euriclea menciona cincuenta mujeres esclavizadas al servicio de la casa, de las que señala a doce como desleales. Tras la matanza de los pretendientes, estas son obligadas a retirar los cadáveres y limpiar la sala. Odiseo ordena ejecutarlas y Telémaco decide ahorcarlas. El relato presenta su muerte como castigo por su conducta con los pretendientes y su deslealtad a la casa, aunque su condición de esclavas obliga a considerar la desigualdad de poder desde la que actuaban (Odisea 18 y 22).
Por eso importan tanto las diferencias entre ellas. Penélope, una reina; Euriclea, una mujer esclavizada; Nausícaa, una joven de familia regia; y Calipso, una diosa, no disponen de los mismos recursos ni afrontan las mismas restricciones. La presencia femenina del poema reúne experiencias y posiciones muy desiguales.
Nada de esto permite saber si la Odisea fue compuesta por un hombre o por una mujer. Pero Butler llamó la atención sobre una característica fundamental del poema: las mujeres intervienen continuamente en el destino de Odiseo, unas veces para ayudarlo y otras para impedirle regresar. Y lo hacen desde posiciones muy distintas, con una capacidad de decisión que depende tanto de su personalidad como del lugar que ocupan en el mundo que describe Homero.
