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Parte I. ¿Cómo se organizaban los ejércitos de Homero?

Los ejércitos de Homero: I. Organización · II. Escenario · III. Combate

Ánfora geométrica con un guerrero, caballos y una procesión de carros.
Guerreros y carros en un ánfora ática, hacia 710 a. C. Ánfora de cuello de terracota del periodo Geométrico Reciente II, decorada con escenas de carácter militar. En el cuello aparece un guerrero entre dos caballos y, en el cuerpo, una procesión de carros. La pieza pertenece a una época próxima a la composición de los poemas homéricos. Estas escenas podrían reflejar las prácticas militares de su tiempo o evocar las hazañas de los héroes del pasado. La decoración incluye también serpientes modeladas en arcilla, tradicionalmente asociadas al mundo funerario. Fuente: The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, inv. 10.210.7. Ficha del museo. Dominio público.

Cuando Homero reúne a los aqueos ante Troya, no presenta un ejército uniforme e indiferenciado. Cada contingente llega con sus naves, sus hombres y sus propios jefes. Agamenón ocupa una posición preeminente, pero no ejerce un mando absoluto sobre todos los guerreros. Aquiles puede apartar a sus mirmidones del combate; Néstor organiza a los suyos; los jefes troyanos se reparten las fuerzas para atacar las defensas aqueas. La guerra exige actuar juntos, pero esa unidad no borra la diversidad de quienes la combaten.

¿Cómo se reunían aquellos hombres, a quién obedecían y por qué luchaban? La Ilíada y la Odisea ofrecen respuestas a estas preguntas, aunque no describen un sistema militar completamente definido. Nuestro propósito es comprender cómo se organizaban aquellos ejércitos a partir de lo que cuentan los poemas, sin atribuirles las estructuras militares de épocas posteriores.

El Catálogo de las naves del libro 2 de la Ilíada presenta a los aqueos agrupados por sus lugares de procedencia y por los jefes que los conducen, e indica el número de naves aportadas por cada contingente. En el mismo libro, el catálogo troyano enumera los pueblos y aliados que participan en la defensa de la ciudad. Ambos muestran ejércitos formados por fuerzas de orígenes diversos, reunidas bajo distintos caudillos.

Sin embargo, estos catálogos no describen una organización militar uniforme. Los contingentes se identifican por territorios, comunidades o jefes, pero no sabemos cómo se distribuían internamente todos sus hombres ni si seguían un mismo sistema de mando.

El Catálogo de las naves permite hacerse una idea de la magnitud de la expedición, aunque no constituye un censo verificable. Los poemas ofrecen algunas cifras de hombres por nave, pero no permiten establecer una cantidad fija aplicable a toda la flota. Esta cuestión se examina en ¿Cuántos combatientes pudieron participar en la guerra de Troya?. Aquí nos interesa principalmente lo que el Catálogo revela sobre la procedencia de los contingentes y las relaciones de mando.

Agamenón es el principal jefe de la expedición aquea. Convoca a los demás caudillos, distribuye tareas y trata de coordinar a los distintos contingentes. En el libro 4 de la Ilíada, recorre las filas antes del combate: felicita a quienes encuentra preparados, reprende a los que considera poco decididos y recuerda a unos y otros las obligaciones que tienen con el ejército (Ilíada 4.327–421).

Pero su autoridad tiene límites. Aunque los aqueos reconocen su posición preeminente, los distintos contingentes conservan sus propios jefes. El enfrentamiento con Aquiles lo demuestra desde el comienzo del poema: cuando Agamenón lo ofende, Aquiles se retira del combate y mantiene apartados a sus mirmidones, pese a las consecuencias que ello tiene para toda la expedición.

El historiador Hans van Wees señala que, en el mundo homérico, la riqueza, el linaje, la reputación y los vínculos personales de dependencia contribuían a reunir seguidores alrededor de los jefes (Status Warriors, 1992, pp. 37–48 y 140–142). Estos vínculos ayudan a comprender por qué los hombres podían reconocer la autoridad general de Agamenón sin dejar de sentirse ligados a sus propios caudillos.

Agamenón debía, por tanto, dirigir una coalición cuyos integrantes no dependían exclusivamente de él. Su autoridad se apoyaba en su posición y prestigio, pero también necesitaba de la colaboración de los demás jefes.

La lealtad y la expectativa de obtener honor o botín no explican por sí solas la participación militar. En la Ilíada encontramos también indicios de obligaciones y posibles sanciones para quienes se negaban a combatir.

Uno de los testimonios más interesantes aparece en el episodio de Eucénor, hijo del adivino Políido. Su padre le había anunciado que moriría de una enfermedad en Corinto o que caería a manos de los troyanos. Eucénor decide embarcar hacia Troya y, según el poeta, evita así tanto la enfermedad como la dura thōḗ «de los aqueos» (Ilíada 13.663–670).

¿Era una multa por no acudir a la expedición? Hans van Wees interpreta thōḗ como una posible sanción económica impuesta por la comunidad (2018, pp. 13–14 del manuscrito aceptado). El poema no especifica, sin embargo, en qué consistía exactamente, quién la exigiría ni mediante qué procedimiento. Lo significativo es que Eucénor no parece disponer de la posibilidad de permanecer en su hogar sin afrontar consecuencias.

Otros dos testimonios añaden matices. En Ilíada 24.396–400, Hermes, haciéndose pasar por un joven mirmidón, cuenta a Príamo que su supuesto padre, Políctor, tenía siete hijos y que habían sorteado entre ellos quién acompañaría a Aquiles a Troya. Hans van Wees considera que este episodio podría reflejar una obligación de reclutamiento impuesta a la familia, que debía aportar uno de sus miembros a la expedición, aunque Homero no establece expresamente que existiera esa obligación.

En Odisea 14.235–239, Odiseo, inventándose una identidad cretense, afirma que él e Idomeneo no pudieron negarse a conducir las naves a Troya porque la presión del pueblo hacía imposible rechazar aquella decisión.

En ambos casos, quien habla finge ser otra persona y relata una historia inventada. Sin embargo, tanto el sorteo entre hermanos como la presión de la comunidad debían de resultar situaciones verosímiles para los oyentes de los poemas.

Una cuestión diferente es la disciplina una vez iniciada la guerra. Héctor amenaza a quienes se aparten del combate (Ilíada 12.248–250), mientras que Odiseo reprende y golpea a hombres del ejército que se precipitan hacia las naves para regresar a sus hogares, tras la prueba a la que Agamenón había sometido a sus tropas (Ilíada 2.188–206 y 2.211–277). En cambio, cuando Aquiles se niega a combatir, Agamenón intenta recuperar su colaboración ofreciéndole importantes recompensas (Ilíada 9).

Estos episodios muestran que la participación militar no dependía únicamente de la voluntad individual. El prestigio, la lealtad al jefe y la esperanza de obtener botín podían impulsar a los hombres a combatir, pero también intervenían obligaciones, presiones colectivas y posibles sanciones. No podemos reconstruir un sistema general de reclutamiento obligatorio a partir de estos testimonios, aunque sí advertir que, para algunos hombres, acudir a la guerra podía ser una obligación difícil de eludir.

Ordenar a los hombres por tribus y fratrías

Sección titulada «Ordenar a los hombres por tribus y fratrías»

Después de la crisis que lleva a los aqueos a correr hacia las naves, Néstor aconseja a Agamenón que organice el ejército por phýla y phrêtrai, términos griegos que solemos traducir como «tribus» y «fratrías» (Ilíada 2.362–368).

Separa a los hombres por tribus y fratrías, Agamenón, para que una fratría ayude a otra y una tribu a otra.

Ilíada 2.362–363.

Néstor propone que los guerreros combatan agrupados según los vínculos que los unen, de manera que los miembros de una misma comunidad puedan prestarse ayuda mutua. Añade que esta distribución permitirá a Agamenón distinguir qué jefes y qué hombres combaten con valentía y cuáles no, incluso cuando los dioses favorezcan o dificulten sus esfuerzos.

Pero ¿qué eran exactamente esas tribus y fratrías? Las primeras podían agrupar comunidades más amplias, mientras que las segundas estaban vinculadas a relaciones de parentesco, reales o tradicionales. Conocemos mejor las fratrías de la Atenas clásica, que reunían a familias cuyos miembros compartían ceremonias religiosas y reconocían la incorporación de nuevos integrantes, especialmente de sus hijos. Sin embargo, no podemos asegurar que las fratrías mencionadas por Homero tuvieran esa misma organización.

El consejo de Néstor no describe una formación táctica concreta. Propone aprovechar los vínculos existentes entre los hombres para favorecer la ayuda mutua y reforzar la cohesión del ejército. Homero tampoco relata que Agamenón llegara a aplicar aquella distribución, pero el pasaje muestra que la organización de los combatientes podía plantearse atendiendo a sus relaciones sociales, y no únicamente a la autoridad de sus jefes.

El ejemplo más preciso de organización interna aparece cuando Aquiles prepara la salida de Patroclo. Homero recuerda que había llevado a Troya cincuenta naves y que en cada una viajaban cincuenta hombres. Después enumera cinco jefes en quienes Aquiles confiaba para dirigir a esos hombres: Menestio, Eudoro, Pisandro, Fénix y Alcimedonte (Ilíada 16.168–197). Cada uno aparece al frente de una stíx, palabra que puede significar fila, línea o agrupación.

Aquiles venda el brazo herido de Patroclo en el interior de una copa ática de figuras rojas.
Aquiles venda el brazo de Patroclo, hacia 500 a. C. Medallón interior de una copa ática (kílix) de figuras rojas, procedente de Vulci (Italia). Aquiles, arrodillado, venda el brazo herido de Patroclo, que permanece sentado y aparta la mirada. Ambos personajes están identificados mediante inscripciones. La copa fue realizada por el alfarero Sosias y su decoración se atribuye habitualmente al Pintor de Sosias. Fuente: Antikensammlung, Berlín, inv. F 2278. Fotografía: Bibi Saint-Pol, 2008. Wikimedia Commons. Dominio público.

Aquiles organiza a sus hombres bajo la autoridad de los cinco jefes y les dirige una arenga antes de la salida de Patroclo (Ilíada 16.198–218). El episodio permite observar cómo se distribuía un contingente para entrar en combate.

Aunque las cifras mencionadas por Homero suman 2.500 hombres, el poema no afirma que cada una de las cinco agrupaciones estuviera compuesta exactamente por quinientos guerreros, ni que mantuviera siempre la misma composición. Podemos reconocer una organización interna y cinco responsables sin atribuir a cada stíx el carácter de una unidad militar con efectivos fijos.

El libro 12 de la Ilíada ofrece un contraste revelador. Durante el ataque al campamento aqueo, los troyanos encuentran ante sus fortificaciones un foso que dificulta el avance de los carros. Polidamante aconseja continuar el asalto a pie y Héctor acepta su propuesta. Los guerreros descienden de los carros, dejan los caballos al cuidado de los aurigas y se distribuyen en cinco agrupaciones, cada una encabezada por varios jefes (Ilíada 12.50–107). Entre ellos se encuentran Héctor y Polidamante, Paris, Heleno, Deífobo, Eneas y Sarpedón, junto a otros dirigentes.

Héctor se prepara para el combate en un ánfora ática de figuras rojas.
Héctor se prepara para el combate, hacia 510 a. C. Escena de un ánfora ática de figuras rojas pintada por Eutímides, procedente de Vulci (Italia). El príncipe troyano aparece colocándose la coraza, acompañado de su padre, el rey Príamo, y de su madre, Hécuba. La escena muestra cómo los artistas griegos representaban a los héroes de la Ilíada en una época posterior a la composición del poema. Fuente: Staatliche Antikensammlungen, Múnich, inv. 2307. Fotografía: Bibi Saint-Pol, 2007. Wikimedia Commons. Dominio público.

El foso obliga a los troyanos a modificar su ataque: los guerreros abandonan los carros, continúan a pie y se distribuyen en cinco agrupaciones. Como entre los mirmidones, encontramos cinco grupos bajo la autoridad de distintos jefes, pero nada indica que respondieran a un mismo sistema de organización ni que mantuvieran idéntica composición en otras operaciones.

La Odisea también contiene episodios de combate entre fuerzas organizadas. En Ísmaro, Odiseo y sus hombres saquean la ciudad de los cícones, pero desobedecen la orden de retirarse y permanecen en la costa repartiéndose el botín, bebiendo vino y sacrificando ganado. Los supervivientes llaman en su ayuda a otros cícones del interior, más numerosos y experimentados en el combate desde los caballos y también a pie cuando era necesario (Odisea 9.47–50). Los refuerzos llegan al amanecer, se organizan para combatir junto a las naves y finalmente obligan a los hombres de Odiseo a retirarse, con seis compañeros muertos por cada nave (Odisea 9.39–61).

En el palacio de Ítaca, Odiseo, Telémaco, Eumeo y Filetio combaten juntos contra los pretendientes (Odisea 22). Ya no encontramos contingentes enfrentados en campo abierto, sino un pequeño grupo unido por relaciones familiares, de servicio y de lealtad. Tras la matanza, los familiares de los pretendientes se reúnen, deliberan y salen armados en busca de venganza. El enfrentamiento llega a comenzar, pero la intervención de Atenea pone fin a las hostilidades (Odisea 24.469–548).

Estos episodios muestran que la organización de los combatientes no se limitaba a las grandes expediciones. También podía surgir de las relaciones personales, las obligaciones familiares y los conflictos entre comunidades.

En conjunto, la Ilíada y la Odisea presentan fuerzas militares de distinta magnitud, reunidas bajo jefes cuya autoridad dependía tanto de su posición como de los vínculos que mantenían con sus hombres. Los poemas muestran contingentes, agrupaciones y decisiones de mando, pero no ofrecen una estructura militar uniforme. La organización existía, aunque sus formas podían variar según los participantes y las circunstancias.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026