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Parte II. El escenario de las batallas

Los ejércitos de Homero: I. Organización · II. Escenario · III. Combate

Después de examinar cómo se organizaban los ejércitos de Homero, conviene detenerse en el escenario donde combatían. La Ilíada sitúa buena parte de los enfrentamientos entre las murallas de Troya y el campamento aqueo, establecido junto al mar, alrededor de las naves varadas en la playa. Entre ambos extremos se extendía una llanura atravesada por cursos de agua y marcada por algunas elevaciones. Aquel espacio no era un simple decorado: condicionaba los movimientos de los ejércitos, sus avances, sus retiradas y la utilización de los carros.

El yacimiento de Hisarlık, identificado con la antigua Troya, ocupa una elevación desde la que se domina visualmente parte de la llanura circundante. En la Ilíada, los troyanos salen por las puertas de la ciudad para combatir y, cuando retroceden, buscan la protección de sus murallas. Homero menciona también los ríos Escamandro y Simoente, así como la colina de Batiea, referencias que permiten reconocer algunos elementos de la geografía de la región (Ilíada 2.811–815; 21).

La llanura ofrecía espacios abiertos para el desplazamiento de hombres y carros, pero no debemos imaginarla como una superficie uniforme. Los ríos, sus orillas y las zonas húmedas podían dificultar los movimientos. Además, el paisaje descrito por Homero no tiene por qué reproducir exactamente el que existía durante la Edad del Bronce, varios siglos antes de la composición de los poemas.

Recreación interpretativa del escenario de las batallas entre Troya y el campamento aqueo.

Esta ilustración es una recreación interpretativa elaborada para El mundo de la Odisea. No reproduce un mapa antiguo ni pretende reconstruir con exactitud el escenario de la guerra de Troya. Para su elaboración hemos tomado como referencias la ubicación del yacimiento arqueológico de Hisarlık, la identificación del Escamandro con el actual Karamenderes y del Simoente con el Dümrek, así como los estudios paleogeográficos sobre la evolución de la llanura troyana, entre ellos los recogidos por Charles Brian Rose en The Archaeology of Greek and Roman Troy (Cambridge University Press, 2014). La extensión de la antigua bahía, los humedales, el trazado de los ríos y la ubicación del campamento aqueo son aproximaciones ilustrativas. La imagen reúne elementos de la geografía histórica de la región con una representación hipotética del escenario descrito por Homero.

Los estudios geomorfológicos de John C. Kraft, İlhan Kayan y Oğuz Erol muestran que el entorno de Troya experimentó profundas transformaciones a lo largo de los milenios. Los sedimentos transportados por el Escamandro y el Simoente fueron rellenando progresivamente parte de la antigua entrada marina, mientras cambiaban la posición de la costa, las desembocaduras de los ríos y la extensión de las zonas húmedas. Buena parte de la llanura actual ocupa terrenos que en épocas anteriores estuvieron cubiertos por aguas poco profundas o formaron parte de ambientes costeros y aluviales.

Por eso, una fotografía tomada hoy desde las ruinas permite apreciar la amplitud de la llanura y la posición elevada de Hisarlık, pero no muestra el paisaje tal como era durante la Edad del Bronce. Tampoco permite determinar dónde se encontraban las naves del campamento aqueo, cuya ubicación continúa sin identificarse arqueológicamente.

Vista desde la colina de Hisarlık hacia la llanura de Troya y el mar.
Vista desde la colina de Hisarlık (Troya) hacia la llanura y el mar. Fotografía tomada en 2006 desde el yacimiento arqueológico. En primer término se observan los restos de las excavaciones y, al fondo, la extensa llanura que separa Troya de la costa. El paisaje actual permite apreciar la posición elevada del asentamiento, aunque la línea de costa y los cursos fluviales han cambiado desde la Edad del Bronce. Fotografía: Bgabel, 2006. Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 3.0.
Grabado de Hisarlık y la llanura troyana después de las excavaciones de 1879.
Troya después de las excavaciones de 1879. Grabado de la colina de Hisarlık, emplazamiento de la antigua Troya, visto desde un puente sobre el antiguo Escamandro. Los grandes cortes realizados durante las excavaciones de Heinrich Schliemann destacan sobre la llanura circundante. Según la descripción original, a la izquierda se extiende el valle del Simoente y, a la derecha, la llanura del Escamandro; las nubes del horizonte izquierdo cubren el monte Ida. La ilustración documenta el aspecto del yacimiento tras las campañas arqueológicas realizadas hasta 1879. Fuente: Heinrich Schliemann, Ilios: The City and Country of the Trojans (1880), ilustración n.º 18. Dominio público.

¿Conoció Homero personalmente Troya?

Las referencias geográficas de la Ilíada han llevado a algunos investigadores a preguntarse si Homero llegó a visitar la región de Troya. El poema menciona los ríos Escamandro y Simoente, diversas elevaciones de la llanura y otros lugares que permiten reconocer elementos del paisaje real.

Heinrich Schliemann ya defendía en el siglo XIX que el conocimiento de Homero sobre la topografía y el clima de la Tróade indicaba que había visitado personalmente la región. Sin embargo, consideraba que el poeta no pudo contemplar las grandes construcciones de la antigua Troya, desaparecidas mucho antes, y que sus descripciones procedían de la tradición. Más de un siglo después, el geólogo John C. Kraft también sostuvo que la precisión de algunas referencias geográficas podía reflejar una observación directa del terreno.

No obstante, el poeta pudo recibir esa información de viajeros, habitantes de la región o tradiciones épicas anteriores. No sabemos si Homero estuvo alguna vez en Troya. Las correspondencias entre el poema y la geografía real permiten reconocer un conocimiento del paisaje, pero no demostrar que procediera de una experiencia personal.

La Ilíada describe Troya como una ciudad amurallada cuyas puertas comunicaban con el campo de batalla. Las excavaciones de Hisarlık han demostrado que el asentamiento de la Edad del Bronce poseía importantes fortificaciones, aunque no podemos identificar directamente los edificios descubiertos por los arqueólogos con los lugares mencionados por Homero.

Las excavaciones han permitido distinguir sucesivas fases de ocupación y reconstrucción de la ciudad. Entre ellas destacan Troya VI y Troya VIIa, correspondientes al Bronce Tardío y especialmente relevantes para estudiar el horizonte histórico al que suele asociarse la guerra de Troya.

Las fortificaciones de Troya VI incluían grandes murallas de piedra, con la cara exterior inclinada, torres o bastiones y puertas cuidadosamente construidas. Algunos sectores conservan varios metros de altura. Sobre los muros de piedra existieron también estructuras superiores de adobe, aunque su conservación es mucho más limitada. Estas defensas muestran que Troya era una ciudad fortificada de considerable entidad, con accesos preparados para comunicar la ciudadela con el exterior.

Murallas de Troya VI junto a la puerta oriental de la ciudadela.
Murallas de Troya VI, junto a la puerta oriental de la ciudadela (Hisarlık, Turquía). La fotografía muestra el corredor de acceso a la fortificación, con la entrada situada al fondo, a la izquierda. Los muros de piedra conservados pertenecen a las fortificaciones de Troya VI, construidas durante la Edad del Bronce. Sobre estas estructuras existieron elementos superiores de materiales como el adobe, hoy desaparecidos en gran parte. Fotografía: CherryX, septiembre de 2012. Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 3.0.

Troya no debe imaginarse como una fortaleza limitada a la ciudadela cuyas murallas se conservan en Hisarlık. Las excavaciones han documentado también la existencia de un asentamiento en la zona baja, especialmente hacia el sur de la ciudadela, cuya extensión y organización defensiva han sido objeto de debate.

En el sector meridional de Troya VI se han descubierto tramos de fosos excavados en la roca. Manfred Korfmann y otros investigadores los interpretaron como parte de un sistema defensivo destinado a proteger la ciudad baja y dificultar la aproximación de vehículos, incluidos los carros. Sin embargo, esta interpretación ha sido discutida, y no se ha demostrado de manera concluyente que los tramos identificados formaran un recinto defensivo continuo.

En la narración de Homero, las tropas troyanas salen por las puertas de la ciudad hacia la llanura y regresan por ellas cuando el combate se vuelve desfavorable. Las puertas Esceas ocupan un lugar destacado en estos movimientos. En el libro 6, Héctor se encuentra allí con Andrómaca cuando se dispone a regresar al campo de batalla (Ilíada 6.392–394). Más adelante, Príamo ordena abrir las puertas para permitir la entrada de los troyanos que huyen ante Aquiles (Ilíada 21.530–536). En el libro 22, Héctor permanece fuera de las murallas para enfrentarse a su enemigo.

Las excavaciones han identificado accesos monumentales en las fortificaciones de Troya VI, pero no podemos relacionar con seguridad ninguna de esas entradas con las puertas Esceas mencionadas por Homero.

Grabado de la puerta y las murallas de Troya durante las excavaciones de 1873.
La puerta y las murallas de Troya durante las excavaciones de 1873. Grabado de la gran trinchera abierta por Heinrich Schliemann en Hisarlık, vista desde el sureste. En primer término aparece una calzada pavimentada y, a su alrededor, los restos de una puerta, una muralla y una gran torre. El grabado identifica también otras construcciones, interpretadas entonces como parte de la residencia de un jefe o rey y como restos de época griega. Al fondo se extienden la llanura troyana y el Helesponto; las inscripciones originales señalan las islas de Samotracia e Imbros en el horizonte. La ilustración documenta el estado de las excavaciones en junio de 1873. Las identificaciones arqueológicas de Schliemann reflejan las interpretaciones de su época y no permiten relacionar esta puerta con las puertas Esceas descritas por Homero. Fuente: Heinrich Schliemann, Ilios: The City and Country of the Trojans (1880), ilustración n.º 10. Dominio público.

Príamo y los ancianos de Troya contemplan desde lo alto de las murallas al ejército aqueo, mientras Helena identifica a algunos de sus principales jefes (Ilíada 3.146–242). Esta escena, conocida como teichoscopía («contemplación desde las murallas»), muestra cómo la posición elevada de la ciudad permitía observar la llanura y reconocer a quienes se encontraban en ella. El emplazamiento de Hisarlık ayuda a comprender esa ventaja, aunque no podamos reconstruir la vista exacta que describe Homero.

Uno de los detalles tácticos más interesantes de la Ilíada aparece en las palabras de Andrómaca. Cuando ruega a Héctor que permanezca en la ciudad, le aconseja situar a sus hombres junto a una higuera silvestre, en el lugar donde la muralla resulta más fácil de escalar.

Sitúa al ejército junto a la higuera silvestre, donde resulta más fácil escalar la ciudad y atacar la muralla.

Ilíada 6.433–434.

Andrómaca explica que los aqueos ya han intentado atacar aquel sector en tres ocasiones. Entre los participantes menciona a los dos Áyax, Idomeneo, Agamenón, Menelao y Diomedes (Ilíada 6.435–439). Su consejo, por tanto, no se basa únicamente en la apariencia del terreno, sino también en la experiencia de anteriores ataques.

No sabemos dónde se encontraba aquella higuera ni podemos relacionarla con un punto determinado de las ruinas de Hisarlık. Pero el episodio muestra que, incluso en una narración centrada en los héroes, se presta atención a la vulnerabilidad de las fortificaciones y a la necesidad de concentrar las fuerzas en los sectores amenazados.

Una ciudad que no combatía solo tras sus muros

Sección titulada «Una ciudad que no combatía solo tras sus muros»

La Ilíada no describe un asedio continuo en el que los troyanos permanecieran encerrados tras sus murallas. Héctor y sus aliados salen a combatir en la llanura, avanzan contra los aqueos y llegan incluso a asaltar las defensas de su campamento y atacar las naves. Las murallas de Troya ofrecen refugio cuando el combate se vuelve desfavorable, pero la defensa de la ciudad también se libra en campo abierto.

Al otro extremo de la llanura, los aqueos disponían de su propio campamento. Establecido junto al mar para proteger las naves y alojar a los guerreros, acabaría rodeado de una muralla y un foso que desempeñarían un papel decisivo en los combates narrados por Homero.

Junto al mar, los aqueos habían establecido su campamento alrededor de las naves varadas en la arena. Homero explica que las embarcaciones se encontraban dispuestas en varias hileras, unas detrás de otras, porque la playa, aunque extensa, no ofrecía espacio suficiente para todas. Los barcos ocupaban una amplia franja de costa comprendida entre dos promontorios (Ilíada 14.30–36).

El campamento no se reducía a las naves. Los guerreros disponían de alojamientos que Homero denomina klisíai(«cabañas» o «barracas»), donde descansaban y guardaban sus pertenencias. Aquiles, por ejemplo, recibe en su alojamiento a los embajadores enviados por Agamenón (Ilíada 9.185–221). El poema menciona también reuniones, comidas, sacrificios y repartos del botín, actividades que permiten imaginar una comunidad militar instalada durante años junto a la playa.

No conocemos la distribución completa del campamento ni podemos reconstruir la disposición exacta de sus alojamientos y otros espacios. Tampoco se ha identificado arqueológicamente un emplazamiento que podamos atribuir con seguridad a las naves aqueas.

En el libro 7 de la Ilíada, Néstor propone levantar una fortificación para proteger el campamento. Los aqueos construyen una muralla provista de torres y puertas que permiten el paso de los carros. Delante excavan un foso y colocan estacas puntiagudas (Ilíada 7.336–441).

Homero describe una construcción defensiva que incorpora piedra, madera y tierra. No se trata de una simple empalizada: la muralla dispone de accesos y elementos elevados de defensa, mientras que el foso constituye un obstáculo para los atacantes.

Su utilidad queda patente durante la ofensiva troyana del libro 12. Polidamante advierte del peligro que supone atravesar el foso con los carros y aconseja a Héctor que los guerreros continúen el ataque a pie, dejando los caballos al cuidado de los aurigas (Ilíada 12.50–107). Las fortificaciones obligan así a los atacantes a modificar su forma de avanzar.

Hay una particularidad que conviene señalar: estas defensas se construyen durante los acontecimientos narrados en la Ilíada, cuando la guerra se aproxima a su desenlace. El poema no explica por qué los aqueos habían permanecido tantos años sin levantar una fortificación semejante.

Cuando los troyanos llegaron hasta las naves

Sección titulada «Cuando los troyanos llegaron hasta las naves»

Las defensas aqueas no impidieron que los troyanos penetraran en el campamento. Durante la ofensiva del libro 12 de la Ilíada, Héctor levanta una enorme piedra y la arroja contra una de las puertas de la muralla, rompiendo sus cierres. Los atacantes atraviesan la entrada y el combate continúa dentro de las posiciones aqueas (Ilíada 12.445–471).

La situación alcanza su momento más peligroso al final del libro 15. Héctor llega hasta las naves y consigue prender fuego a una de ellas (Ilíada 15.704–746). Los barcos, que habían llevado a los aqueos hasta Troya y debían permitirles regresar, se convierten en el último objetivo que les queda por defender. Poco después, Patroclo entra en combate al frente de los mirmidones y obliga a los troyanos a retroceder (Ilíada 16.1–100; 16.257–291).

El campamento era, por tanto, mucho más que un lugar de alojamiento. Sus defensas protegían las embarcaciones y su pérdida habría comprometido la supervivencia de la expedición y la posibilidad de regresar a sus hogares.

La Ilíada presenta así un escenario en el que la posición elevada de Troya, las murallas de ambos bandos, los cursos de agua y los obstáculos del terreno condicionaban el desarrollo de los combates. Pero conocer el escenario no basta para comprender cómo luchaban aquellos hombres. Para ello debemos examinar sus armas, sus carros y la manera en que se enfrentaban a sus enemigos.

Salvo indicación expresa, las traducciones de textos antiguos son del autor.

Versión editorial 2.9 · 3 de noviembre de 2026