Parte III. ¿Cómo combatían los ejércitos de la Ilíada?
Los ejércitos de Homero: I. Organización · II. Escenario · III. Combate
La Ilíada está llena de enfrentamientos entre héroes. Aquiles, Héctor, Áyax y Diomedes ocupan el centro de la narración, y sus hazañas pueden hacernos imaginar una guerra formada por una sucesión de combates individuales. Pero Homero también describe grupos de guerreros que avanzan juntos, jefes que distribuyen a sus hombres, carros que atraviesan el campo de batalla y combatientes que se protegen mutuamente.
¿Cómo se preparaban para luchar? ¿Qué armas utilizaban y de qué manera las empleaban? ¿Combatían en formaciones organizadas o cada guerrero actuaba por su cuenta? Los poemas no ofrecen una descripción completa de las tácticas militares, pero contienen suficientes episodios para examinar cómo imaginaba Homero el desarrollo de una batalla.
Antes del combate
Sección titulada «Antes del combate»Antes de que comience la batalla, Néstor dispone a sus hombres siguiendo un orden preciso. Sitúa delante a los guerreros de los carros, detrás a una infantería numerosa y aguerrida, y en medio a los menos decididos, para impedir que eludan el combate. También advierte a quienes utilizan los carros que no deben adelantarse temerariamente ni retroceder por su cuenta, sino mantenerse coordinados con sus compañeros (Ilíada 4.297–309).
La escena muestra que los combatientes no siempre entraban en batalla como una multitud desordenada. Néstor distingue entre quienes utilizan carros y quienes combaten a pie, distribuye a sus hombres y les da instrucciones para mantener la cohesión. No sabemos si todos los contingentes seguían una disposición semejante, pero el episodio revela una preocupación por el orden y la coordinación durante el enfrentamiento.
La organización también podía adaptarse a las circunstancias. Cuando los troyanos preparan el asalto al campamento aqueo, Polidamante advierte que el foso hace peligroso continuar con los carros. Héctor acepta su consejo y ordena avanzar a pie, dejando los caballos al cuidado de sus conductores (Ilíada 12.50–107). El terreno podía obligar a modificar la forma de combatir.
Las armas: cómo estaban hechas y para qué servían
Sección titulada «Las armas: cómo estaban hechas y para qué servían»La lanza es una de las armas más utilizadas en los combates de la Ilíada. Consistía en un asta de madera, frecuentemente de fresno en las descripciones de los grandes héroes, provista de una punta metálica. Los guerreros podían arrojarla contra sus enemigos o emplearla para herirlos a corta distancia. Homero describe lanzas de características diversas, aunque no siempre permite establecer diferencias precisas entre ellas ni determinar sus dimensiones.
La espada era otra de las armas habituales. Se utilizaba en el combate cercano, tanto para golpear como para herir con la punta, dependiendo de su forma y de las circunstancias. Los hallazgos de espadas de bronce de la Edad del Bronce permiten conocer distintos modelos de estas armas, aunque no podemos identificar directamente cada espada mencionada por Homero con un tipo arqueológico concreto. El armamento descrito en el poema reúne elementos de distintas tradiciones y épocas.
Los arcos permitían atacar desde lejos. Teucro, por ejemplo, dispara protegido por el gran escudo de Áyax (Ilíada 8.266–272). Los locrios emplean arcos y hondas trenzadas para hostigar al enemigo con proyectiles, mientras otros combatientes sostienen la lucha a menor distancia (Ilíada 13.712–722). Estas escenas muestran que no todos los guerreros combatían con las mismas armas ni desempeñaban idénticas funciones.
La protección del combatiente dependía de su equipamiento. Los escudos servían para detener o desviar golpes y proyectiles; los cascos protegían la cabeza; las corazas cubrían el torso y las grebas, las piernas. Sus materiales y formas podían variar. Homero describe el escudo de Áyax como una pieza formada por siete capas de piel de buey y una exterior de bronce (Ilíada 7.219–223). Se trata de una descripción particular, que no debe extenderse al conjunto de los escudos mencionados en el poema.
Piedras arrojadas con la mano y proyectiles de honda
Sección titulada «Piedras arrojadas con la mano y proyectiles de honda»No todas las armas eran piezas fabricadas. En varios enfrentamientos, los héroes recogen piedras del suelo y las arrojan directamente contra sus adversarios. Diomedes hiere a Eneas con una piedra (Ilíada 5.302–310). Durante su duelo, Héctor arroja una gran piedra contra el escudo de Áyax, que responde lanzándole otra todavía mayor y consigue derribarlo (Ilíada 7.264–272). Homero atribuye a estos héroes una fuerza extraordinaria, capaz de levantar y arrojar piedras de un tamaño que superaría las posibilidades de un hombre corriente.
Las piedras también se utilizaban durante los ataques a fortificaciones. En el libro 12 de la Ilíada, los combatientes de ambos bandos las arrojan durante el asalto a las defensas aqueas. Distinto era el empleo de la honda, que permitía lanzar proyectiles a mayor distancia. Los locrios, por ejemplo, combatían con arcos y hondas trenzadas, hostigando desde posiciones retrasadas a los troyanos mientras otros guerreros luchaban en primera línea (Ilíada 13.712–722). Estas escenas muestran que los proyectiles podían desempeñar un papel importante tanto en los asaltos como en los enfrentamientos en campo abierto.
El carro: guerrero, conductor y caballos
Sección titulada «El carro: guerrero, conductor y caballos»Los carros desempeñan un papel importante en los combates de la Ilíada. Generalmente aparecen tirados por dos caballos y ocupados por dos hombres: un auriga, encargado de conducirlos, y un guerrero que utiliza las armas. Patroclo, por ejemplo, sale al combate en el carro de Aquiles, conducido por Automedonte (Ilíada 16.145–154). Más adelante, Automedonte necesita la ayuda de otro combatiente para poder manejar los caballos y luchar al mismo tiempo (Ilíada 17.456–481).
Los carros permitían desplazarse rápidamente por el campo de batalla, acercarse al enemigo, perseguirlo o retirarse. En muchas escenas, el guerrero descendía del vehículo para combatir a pie, mientras el auriga permanecía al cuidado de los caballos. Sin embargo, el carro también podía intervenir directamente en las acciones de combate. Su utilización dependía de la habilidad de los conductores, del comportamiento de los animales y de las condiciones del terreno. El foso que protegía el campamento aqueo muestra claramente cómo un obstáculo podía impedir su avance.
Aunque los caballos ocupan un lugar destacado en la Ilíada, Homero no describe unidades organizadas de caballería que combatan montadas. Los guerreros aparecen principalmente asociados a carros conducidos por aurigas. El término griego hippêes, que en épocas posteriores puede designar a los jinetes, también se emplea en el poema para referirse a los hombres de carro.
Esto no significa que se desconociera la equitación. Un episodio discutido aparece en la incursión nocturna de Odiseo y Diomedes contra el campamento del tracio Reso (Ilíada 10.498–530). Tras apoderarse de sus caballos, los héroes regresan hacia las naves en una escena que algunos intérpretes consideran una alusión a la monta directa. Otros entienden que el lenguaje del poema puede referirse a la utilización de un carro. En cualquier caso, el episodio no demuestra la existencia de contingentes de caballería organizada.
Los animales y las necesidades del ejército
Sección titulada «Los animales y las necesidades del ejército»Los caballos eran indispensables para los carros de guerra, pero no eran los únicos animales que acompañaban a los ejércitos. Las mulas se utilizaban para transportar cargas pesadas, como la madera que los aqueos recogen para construir la pira funeraria de Patroclo (Ilíada 23.110–126). En otro episodio, Príamo emplea un carro tirado por mulas para transportar el rescate de Héctor, mientras él viaja en un vehículo conducido por caballos (Ilíada 24.265–280).
Los bueyes, las ovejas y las cabras proporcionaban carne y se utilizaban también en los sacrificios. El abastecimiento de hombres y animales exigía reunir alimentos y provisiones. En el libro 8, Héctor ordena alimentar a los caballos y traer de la ciudad ganado, pan y vino para sostener a sus guerreros durante la noche (Ilíada 8.489–553). El mantenimiento de los animales formaba así parte de las necesidades de un ejército y condicionaba sus posibilidades de movimiento y combate.
El abastecimiento de los caballos podía plantear dificultades importantes. Pándaro cuenta que había dejado sus carros y caballos en casa porque temía no encontrar suficiente forraje para mantenerlos durante la expedición (Ilíada 5.192–203). Su decisión muestra que disponer de carros y caballos no bastaba para utilizarlos en campaña: también era necesario asegurar su alimentación y mantenimiento.
Cuando chocaban los combatientes: las «falanges» de Homero
Sección titulada «Cuando chocaban los combatientes: las «falanges» de Homero»La Ilíada también describe agrupaciones de guerreros que combaten estrechamente unidos. Uno de los ejemplos más claros aparece en el libro 13, cuando los aqueos se disponen a resistir una ofensiva troyana contra sus posiciones. Alrededor de los dos Áyax se reúnen combatientes escogidos que forman una defensa compacta frente a Héctor y sus hombres.
En torno a los dos Áyax se habían dispuesto sólidas falanges, que ni Ares ni Atenea, conductora de ejércitos, habrían podido reprobar al recorrer sus filas. Allí estaban los mejores guerreros, escogidos para resistir a los troyanos y al divino Héctor.
Lanza junto a lanza y escudo junto a escudo cerraban la formación. Escudo se apoyaba en escudo, casco en casco y hombre en hombre. Los penachos de crin de caballo de los brillantes cascos se rozaban cuando los guerreros inclinaban la cabeza, tan apretados estaban unos junto a otros.
Las lanzas se agitaban en las manos vigorosas de los combatientes, que mantenían firme su ánimo y estaban deseosos de combatir.
El texto griego emplea phálanges, plural de phálanx, término que puede designar agrupaciones de guerreros dispuestos para combatir. En este episodio, Homero describe una formación defensiva compacta, con hombres tan próximos que sus escudos y cascos se tocan. Sin embargo, no precisa cuántas filas componían aquellas agrupaciones ni cómo maniobraban durante la batalla. Aunque la palabra es la misma que posteriormente designaría la falange hoplítica, no podemos asegurar que ambas formas de combatir fueran idénticas.
Una descripción semejante aparece cuando Aquiles prepara a los mirmidones para entrar en combate bajo el mando de Patroclo. Homero compara la estrecha unión de los guerreros con las piedras de un muro bien construido, ajustadas unas contra otras para resistir la fuerza del viento. También describe cómo los escudos y los cascos se tocan y cómo los hombres avanzan agrupados (Ilíada 16.211–217).
Las dos escenas muestran combatientes que mantienen una disposición compacta, tanto para resistir un ataque como para prepararse a combatir. La proximidad de los hombres y sus armas sugiere una preocupación por la cohesión del grupo, aunque no permite reconstruir con precisión cómo evolucionaban aquellas formaciones durante la batalla.
El héroe y la tropa: duelos en medio de una batalla
Sección titulada «El héroe y la tropa: duelos en medio de una batalla»La Ilíada concede gran protagonismo a los enfrentamientos entre héroes. Algunos duelos se acuerdan ante ambos ejércitos, como el de Paris y Menelao, destinado a resolver mediante un combate singular la disputa por Helena (Ilíada 3). Otros surgen en medio de la batalla, cuando dos guerreros se encuentran y se enfrentan. El combate entre Aquiles y Héctor (Ilíada 22) concentra la atención en sus protagonistas, pero no significa que la guerra consistiera en una sucesión de duelos individuales.
También encontramos episodios de aristeía, término que designa la actuación sobresaliente de un héroe durante el combate. En ellos, un guerrero destaca por su valor y encadena victorias sobre distintos adversarios, como sucede con Diomedes en el libro 5 de la Ilíada. Homero relata sus acciones, identifica a sus enemigos y con frecuencia recuerda sus nombres y genealogías, mientras otros combatientes apenas reciben atención.
Esta diferencia es importante para comprender el poema. La Ilíada describe enfrentamientos colectivos y guerreros que combaten agrupados, pero su narración se concentra especialmente en las hazañas de los grandes héroes. Por eso, los duelos ocupan un lugar central en el relato, aunque no constituyan la única forma de combatir.
Asaltar, resistir, perseguir y retirarse
Sección titulada «Asaltar, resistir, perseguir y retirarse»Las batallas de la Ilíada no consisten únicamente en el choque de dos grupos de guerreros. Los combatientes avanzan, encuentran resistencia, intentan romper las posiciones enemigas y retroceden cuando la presión del adversario resulta excesiva.
Durante el asalto troyano al campamento aqueo, los atacantes abandonan los carros ante el foso y continúan a pie. Mientras unos se aproximan a las puertas y tratan de abrirse paso, los defensores resisten desde la muralla utilizando lanzas y piedras. Héctor consigue romper los cierres de una puerta con una enorme piedra, permitiendo que los troyanos penetren en el recinto (Ilíada 12.445–471). El episodio muestra distintas formas de combatir dentro de una misma operación: aproximación, defensa desde una posición elevada y asalto a una entrada fortificada.
Otra situación aparece en el libro 17, durante la prolongada lucha por el cuerpo de Patroclo. Menelao intenta protegerlo, pero Héctor consigue apoderarse de sus armas. Los aqueos y los troyanos combaten repetidamente alrededor del cadáver, avanzando para recuperarlo o impedir que el enemigo se lo lleve. Los guerreros acuden en ayuda de sus compañeros y tratan de mantener sus posiciones mientras la lucha cambia de dirección.
Estos episodios muestran que el combate exigía algo más que valor individual. Los hombres debían sostenerse mutuamente, aprovechar las posiciones favorables y reaccionar ante los movimientos del enemigo. La batalla podía convertirse en una sucesión de avances, resistencias y retiradas, sin que todos sus participantes combatieran de la misma manera.
Una guerra que no se limitaba a la llanura
Sección titulada «Una guerra que no se limitaba a la llanura»La guerra descrita por Homero no se desarrollaba únicamente ante las murallas de Troya. Aquiles afirma haber saqueado doce ciudades en expediciones por mar y otras once por tierra, apoderándose de sus riquezas y entregando buena parte del botín a Agamenón (Ilíada 9.328–332). Entre las ciudades conquistadas por Aquiles que aparecen mencionadas en otros pasajes del poema se encuentran Tebas de Hipoplacia y Lirneso. Estas referencias muestran que la guerra incluía ataques contra poblaciones y expediciones de saqueo, aunque no permiten reconstruir con detalle aquellas campañas ni establecer la relación política de todos esos lugares con Troya.
También podían organizarse incursiones contra los contingentes aliados del enemigo. En el libro 10, Odiseo y Diomedes penetran de noche en el campamento de los tracios, aliados de los troyanos, matan a su rey Reso y a varios de sus hombres y se apoderan de sus caballos (Ilíada 10.469–514). La operación se desarrolla en las proximidades de Troya, no en el territorio de Tracia.
La Ilíada presenta así una guerra en la que, además de las grandes batallas, tenían cabida los ataques a otras ciudades, las incursiones nocturnas, la captura de animales y el saqueo. El enfrentamiento entre los dos ejércitos era solo una parte de las actividades militares que evoca el poema.
¿Qué batalla podemos reconstruir?
Sección titulada «¿Qué batalla podemos reconstruir?»Las escenas de combate de la Ilíada muestran preparativos, órdenes, carros, proyectiles, agrupaciones de guerreros, enfrentamientos cuerpo a cuerpo, asaltos a fortificaciones y retiradas. También revelan la importancia de la cooperación entre combatientes, la experiencia de los jefes y las dificultades que imponía el terreno. Sin embargo, no ofrecen una descripción sistemática de las tácticas ni permiten reconstruir una única manera de combatir.
Su interés reside precisamente en esa diversidad. Detrás de los duelos y las hazañas de los héroes, Homero describe problemas muy concretos: cómo reunir y organizar a los hombres, cómo aproximarse al enemigo, cómo proteger a los compañeros, cómo emplear las distintas armas y cómo reaccionar cuando el combate cambia de dirección.
La Ilíada no es un tratado militar, pero sus batallas tampoco son una simple sucesión de duelos. En ellas encontramos guerreros que actúan individualmente y grupos que combaten juntos, decisiones de los jefes y movimientos colectivos, iniciativas que tienen éxito y otras que fracasan. Es ese conjunto de escenas, más que una formación o una táctica determinada, el que nos permite acercarnos a la guerra tal como la imaginaba el poeta.
